viernes, 27 de mayo de 2011

02. “Cuando Los Hombres Lloran”


Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación (S. Mateo 5:4).

Llorar, ¿es cobardía? ¿Escape? ¿Un signo de debilidad? ¿Por qué lloramos? ¿Hay llanto que sirva para algo?
“¿Quién dijo que sea cobardía llorar cuando hay motivo sobrado para ello?” La pregunta del escritor Fermín Mugueta aludía al llanto de un hombre, un vietnamita fugitivo que, con la mochila a las espaldas y los hombres vencidos, procuraba marchar hacia adelante aunque sentía que caminaba para atrás. No, llorar no es cobardía. Al menos, no lo es siempre. Hay lágrimas cuyos motivos son legítimos, y las hay también de las otras. Por fuera todas se parecen, pero por dentro no. A menudo, en nuestro egoísmo y en nuestro afán de vernos buenos, adjudicamos a nuestras lágrimas los motivos mejores, y reservamos los otros para las lágrimas ajenas.

Jesús dijo: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación” (S. Mateo 5:4). Pero ¿incluye su promesa a todos lo que lloran? Según Carlos Allen –autor del libro La psiquiatría de Dios– Cristo, al decir esto, no tenía en mente “al pesimista que constantemente está esperando que suceda algo malo, ni al egoísta cuyas ambiciones se han frustrado, ni a la persona amargada y rebelde por haber perdido alguna cosa”. Él se refería a aquellos que lloran porque reconocen que han ofendido a Dios o a una persona, y sufren por el daño que han causado. Nosotros, a veces confundimos este llanto. Creemos estar arrepentidos de haber procedido mal, pero lo que nos duele en realidad no es eso, sino el temor a las consecuencias que nos acarreará nuestra conducta. Tal fue la clase de arrepentimiento que condujo a Judas al suicidio. Produjo angustia y miedo, pero no esperanza ni liberación.

El arrepentimiento verdadero fue el que movió a Pedro a llorar después de haber negado a Cristo, sin negarlo después de haber llorado. Fue el suyo un dolor constructivo, esperanzado. Pedro, en vez de ahorcarse, decidió reparar su daño, entregarse a Jesús de todo corazón, y vivir para él el resto de su vida. Este es el tipo de arrepentimiento que produce paz y alegría. Sus lágrimas –como dijera Elena White-- son “las gotas de lluvia que preceden al brillo del sol de la santidad. Esta tristeza es precursora de un gozo que será una fuente viva en el alma” (El Deseado de todas las gentes, pág. 268).

No por nada Cervantes creía que “un buen arrepentimiento es la mejor medicina que tienen las enfermedades del alma”.
 ¿Hemos probado esta “medicina”? 


La voz.org   MHP 

01. ¿Hay Lugar Para Mí?



¿Tenemos acaso parte o heredad en la casa de nuestro padre? (Génesis 31:14)

No hay dolor tan difícil de soportar como el que siente quien se ve desvinculado de todos, sin nadie a quien “pertenecer” en una entrega inquebrantable de amor y fidelidad. La libertad aparente de quien no tiene raíces en ninguna parte es un doloroso engaño.
Hubo dos muchachas cuyo padre era frío y distante, y las hacía sentirse huérfanas. Era muy buen proveedor para la familia: buena casa, dinero en abundancia, pero al igual que muchos casos de hoy, escasez de amor. Las hijas no se sentían vinculadas a su padre por lazos afectivos, y sufrieron severas privaciones emocionales, aún después de haberse casado.

Estas dos hermanas se llamaban Raquel y Lea, y el nombre del padre era Labán. Su triste historia está registrada en la Biblia, en el capítulo 31 de Génesis. El padre tenía el corazón tan duro que estaba dispuesto a dejarlas ir del hogar sin darles parte en la herencia, a pesar de ser lo que hoy llamaríamos un millonario. Las dos pensaban qué podrían hacer. La pregunta que se hacían era: “¿Tenemos ya parte o herencia en la casa de nuestro padre?”
Ellas pensaban en “la casa” de su propio padre. Pero nosotros nos referimos aquí a la casa de un Padre mucho mayor. En el Padrenuestro, la oración modelo, Jesús nos invita a todos a considerar a Dios como nuestro Padre que está en el cielo. La Palabra de Dios enseña que todos llevamos en nuestro corazón esa profunda convicción que nos ha sido impartida por el ministerio del Espíritu Santo. El diablo puede esforzarse por hacernos olvidar que tenemos un Padre rico en el cielo, y que allí está nuestra herencia; esta convicción permanecerá arraigada en nuestro corazón, a menos que resolvamos deliberadamente expulsarla de allí. Por lo tanto, si Dios es tu Padre –y ten por cierto que así es– entonces es un hecho que tienes lugar en su casa.

“En la casa de mi Padre hay muchas moradas”, dijo Jesús en S. Juan 14:2.

Sí, hay lugar para ti.


La voz.org    MHP

viernes, 20 de mayo de 2011

10. “El Hogar Imperecedero”


“Tenga un Hogar Feliz, su Familia lo merece”
Lección 10/10

Con esta lección llegamos al fin de nuestro curso.
En los temas ya tratados hemos expuesto los elementos básicos para la formación de un hogar feliz. Nuestra intención fue brindar un material práctico y provechoso para toda la familia –tanto padres como hijos  incluyendo a quienes aún no han formado su propio hogar.

Hemos señalado la posesión de un hogar feliz como la meta máxima que puedan alcanzar los miembros de una familia. Sin embargo, ¿puede una persona alcanzar felicidad plena, por más que posea un hogar bien establecido? ¿No existe acaso en el hombre normal un ansia de una dicha mayor y perdurable? Sí, todos la tenemos. Continuamente soñamos con un mundo mejor, con una vida más grata, sin dolor, ni chascos, ni maldad. Si alguna vez se produjera tal clase de vida, entonces sí todos los hogares gozarían de una alegría sin límite.

1. ANSIAS DEL HOGAR

En cumplimiento de sus deberes profesionales, un joven padre debió realizar su primer viaje al extranjero, donde permaneció por espacio de un mes. Al cabo de ese tiempo el deseo de regresar al hogar era irresistible. Sonaba con el momento dichoso de volver a ver a su esposa y a sus hijos, especialmente a la hijita nacida en los días de su ausencia. Por fin llegó el día. Unas pocas horas de vuelo, y en el aeropuerto se encontraría con su querida familia. Las formalidades de rigor parecían interminables: certificado de vacuna, policía, aduana. ¿Cómo estarían sus amados? Sobre todo, ¿cómo sería la nena? Por fin llegó el anhelado momento de la reunión. ¡Abrazos, besos, emociones! ¡Qué sensación más dichosa: estar todos nuevamente en casa, mientras el papá sostenía en sus brazos a su hermosa hijita recién nacida!

Como este buen padre ansiaba llegar a su hogar, existe en el corazón humano el íntimo anhelo de llegar a un destino feliz, a lo que podríamos llamar el hogar imperecedero, o el reino eterno que Dios ha prometido a sus hijos, Y tan arraigado está este sentimiento universal, que de millones de corazones brota cada día la expresión del Padrenuestro: “Venga tu reino”. Es decir, el cristiano no sólo cree en el futuro establecimiento de un hogar perfecto e inmarcesible sino que también ruega al Altísimo que lo establezca en breve.

Cada vez que observamos la maldad de nuestro tiempo; cada vez que el vicio, la corrupción y el egoísmo hacen naufragar la felicidad humana, vuelve a agitarse en el alma ese noble anhelo de vivir una vida mejor en un mundo mejor.

2. UNA CASA EN REBELION

En las páginas bíblicas del Génesis leemos que en un principio Dios creó perfecto al hombre. Lo hizo a su divina imagen y semejanza. No había en él nada de objetable. junto a Eva, Adán disfrutaba de dicha plena en el hogar que el Creador les había dado. Allí todo era armonía y perfección. Y mientras ambos siguieran las instrucciones del Hacedor, retendrían su condición de pureza y felicidad. Pero el hombre, que había sido creado con libre albedrío, con capacidad para elegir y decidir por si mismo, desgraciadamente escogió el mal camino. Desobedeció las indicaciones precisas de soportar las inexorables consecuencias de su caída.  Y hasta hoy, tantos siglos más tarde, el hombre continúa incurriendo en rebelión contra el Creador. Todos, por las tendencias heredadas y la influencia del ambiente circundante, seguimos repitiendo –en mayor o menor grado – la desobediencia de la primera pareja humana.

Adán y Eva estaban llamados a vivir eternamente, sin dolor ni enfermedad. Tal era el propósito de Dios para ellos. Pero debido a su caída, pronto debieron soportar el debilitamiento moral y físico, que a la postre los llevó a la muerte. Y esta misma es la suerte actual de todos los vivientes. Nuestro mundo se ha convertido en una extraña combinación de hospital, lazareto, cárcel, campo de batalla y cementerio. La belleza y perfección originales de nuestro planeta han dado paso a tanta bajeza y perversión, que hoy no sabemos cómo remediar este cáncer moral que nos aflige. Y a todo este cuadro descorazonador se suma la indeleble rúbrica de la muerte, como el fin ineludible del hombre. Ante esta realidad, aun los mejores hogares ven empanada su felicidad si no poseen la esperanza de que finalmente el mal desaparecerá y el bien nuevamente reinará en la tierra.

3. LA SUPREMA ESPERANZA

No hay razón para desmayar. La maldad humana y sus consecuencias están llamadas a desaparecer.  Una dorada esperanza se cierne sobre la tierra. El propio Creador, dolorido con el actual orden de cosas, nos promete “cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2 S. Pedro 3:13). Un hogar perfecto, de dicha suprema: tal es la gloriosa perspectiva que nos presenta Dios. Sí, a pesar de todo, nuestro destino no es morir, sino VIVIR. ¡Y vivir eternamente en un hogar! Y para aseguramos tan luminoso destino, Dios vino al mundo en la persona de Jesucristo.

“De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo o unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (S. luan 3:16). La presencia de Jesús entre los hombres fue y sigue siendo la mayor garantía de que Dios cumplirá su promesa de damos un hogar imperecedero. El nacimiento milagroso del niño de Belén fue la clara manifestación de que Dios acudía en auxilio del hombre desvalido, con el propósito de redimirlo para darle un nuevo Edén. Y con su vida immaculada, durante 33 años el Hijo de Dios señaló el camino” de retorno a la perfección original. Pero si su vida nos asombra, su muerte nos conmueve sobremanera. Y es en esa hora culminante de su crucifixión cuando revela su infinita medida de amor y de sacrificio en nuestro favor. La muerte que nosotros merecíamos –a causa de nuestras maldades    –la sufrió voluntariamente él. Sólo su amor divino hacia nosotros puede explicar tal demostración de renunciamiento. Por eso todavía la cruz permanece como símbolo indiscutido del amor insondable de Dios.

4. VISLUMBRES DEL HOGAR PERENNE

Poco antes de que Jesús ascendiera de regreso a su trono celestial, declaró: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mí Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os aparejare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde o estoy, vosotros también estéis” (S. Juan 14:1-3). Con estas palabras, unidas a las muchas otras expresadas por él mismo, Jesús revela su firme propósito de preparamos “moradas” y un “lugar” en su reino. Y añade que regresará a la tierra para llevarnos con él (si somos fieles y justos), a fin de que podamos habitar en sus mansiones de gloria. Entonces realizaremos el viaje espacial más espectacular de la historia, y “así –como dice San Pablo –estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:17).

Frente a semejante perspectiva, surge naturalmente la pregunta: ¿Cuándo ocurrirá esto y cuándo regresará Jesús? Esta es exactamente la pregunta que una vez le formularon los discípulos al Maestro. Y su respuesta la encontramos registrada en el capítulo 24 de San Mateo y en otros pasajes de los Evangelios. Allí Jesús habla de las “señales” anunciadoras de su segunda venida a la tierra, “con poder y gran gloria”. Es decir, de los hechos que ocurrirían inmediatamente antes de su retorno. Y lo asombroso es que dichas “señales” se están cumpliendo en nuestros propios días, delante de nuestros ojos. Exactamente como el Maestro lo había predicho.

Esto nos indica:
1) que la promesa del regreso es verdadera, y
2) que estamos apenas a un paso del día feliz cuando la promesa se cumplirá. Echemos una mirada al mundo en sus aspectos moral, social, político, religioso y económico. Y la crisis que observemos nos dirá en lenguaje elocuente que “un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará” (Hebreos 10:37).

SI, estamos cerca del hogar imperecedero. Lo creamos o lo dudemos, el Señor volverá. Y cuando entremos en ese hogar, descubriremos que allí todo es perfecto. Las bellezas serán tantas y tan sublimes que pensando en ellas una vez San Pablo declaró: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Corintios 2:9). Allí no sólo desaparecerán la angustia, la enfermedad y la muerte, sino que los redimidos volverán a reunirse con sus seres amados separados por la muerte, para vivir unidos por siempre jamás. Padres, madres, hermanos, hermanas, hijos, volverán a estar juntos en medio de una felicidad inextinguible.

Comprobaremos que ese hogar es real, material, tangible. No es la nube flotante ocupada por ángeles tocando el arpa, con que la imaginación humana a menudo representa la patria de los salvados. No, el hogar imperecedero tendrá suelo firme: calles de oro y fundamentos de piedras preciosas. Sus moradores “edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas y comerán el fruto de ellas” (Isaías 65:21). Y en las dilatadas praderas de la tierra nueva no habrá desierto, ni animales feroces, ni plagas, ni espinas, ni hojas secas que hablen de muerte.  Un jardín eternamente florido y una mansión de gloria nos esperan en breve.

¿Quién podrá despreciar un obsequio de tal magnitud?

5. ¿ESTAMOS PREPARADOS?

Nuestro hogar aquí en la tierra no es más que el aula donde aprendemos a preparamos para el otro hogar: el imperecedero, el celestial. La vida, la muerte, la resurrección y la pronta venida del Salvador nos aseguran la herencia de dicho hogar, si confiamos en Dios y le obedecemos. De ahí que San Pedro nos aconseje: “Oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz” (2 S. Pedro 3:14).

6. ¿HACIA DONDE VA MI HOGAR?

1. ¿Existe entre los miembros de mi familia el deseo de morar en el hogar imperecedero?

2. ¿Valoro lo que Dios hizo y sigue haciendo para asegurarnos dicho hogar?

3. ¿Inculco en mis hijos el amor y la obediencia a Dios, como la mejor manera de prepararse para el hogar celestial?

4. ¿Reconozco que Jesús volverá pronto a la tierra? ¿Se prepara mi familia para la llegada de ese día?

5. ¿Vivo “sin mancha e irreprensible” delante de Dios y de los hombres? ¿Qué puedo esperar de este mundo si no me preparo para el mundo mejor que Dios prometió?

Cuando llegue la hora final de la historia humana y se abran las puertas del hogar perenne, se cumplirán estas palabras: “El gran conflicto ha terminado. Ya no hay más pecado ni pecadores. Todo el universo está purificado. La misma pulsación de armonía y de gozo late en toda la creación. De Aquel que todo lo creó manan vida, luz y contentamiento por toda la extensión del espacio infinito. Desde el átomo más imperceptible hasta el mundo más vasto, todas las cosas animadas e inanimadas, declaran en su belleza sin mácula y en júbilo perfecto, que Dios es amor” (E. G. White, El Conflicto de los Siglos, pág. 737).


La voz.org   MHP

09 “El Factor Supremo de la Dicha Familiar”


“Tenga un Hogar Feliz, su Familia lo merece”
Lección 09/10

Hace algún tiempo una revista de la ciudad de Nueva York publicó el estudio hecho acerca de dos familias norteamericanas.

 Por un lado estaba el hogar de Maximiliano Jukes, hombre incrédulo casado con una joven tan irreligiosa como él.
 Hasta la fecha en que se completó el citado estudio, se observó que sus descendientes fueron 1.026, de los cuales 300 murieron muy pronto; 100 fueron encarcelados por diversos delitos; 109 se entregaron al vicio y a la inmoralidad; 102 se dieron a la bebida, Toda esta familia costó al estado de Nueva York 1.100.000 dólares.

Por el otro lado se examinó la familia de Jonatán Edwards, hombre cristiano que se unió en matrimonio con una mujer igualmente creyente.

Sus descendientes fueron 729, de los cuales 300 fueron predicadores; 65 profesores; 13 rectores de universidades; 6 autores de buenos libros; 3 diputados, y 1 vicepresidente de la nación.

Esta familia no costó ni un solo dólar al estado. La diferencia abismal entre ambas familias no obedece a la simple casualidad. Mientras la primera de ellas cosechó los resultados de despreciar el valor de la fe, la segunda disfrutó de prosperidad y benefició a la sociedad como fruto o de una fe debidamente inculcada y practicada. El marcado contraste entre las referidas familias ilustra el poder innegable de la fe en Dios, como una fuerza espiritual que eleva y ennoblece los hogares donde se la cultiva sabiamente.

Una de las causas del descalabro mundial que tanto nos aflige –y que comienza por los hogares mal establecidos– es precisamente la ausencia de fe en el corazón del hombre y en el corazón de la sociedad: el hogar. Y como consecuencia de tal materialismo, descreimiento, insensibilidad espiritual e incredulidad, el mal prolifera por doquier y se desarrolla sin control. Es decir, la decadencia típica de nuestra civilización obedece a un abandono general de los valores permanentes que derivan de Dios y la fe en él.

Si la fe cristiana se cultivara en todos los hogares, no existiría rebeldía filial, ni delincuencia juvenil, ni afición a las drogas, ni prostitución, ni ninguno de los males característicos de nuestros días.

1. LAS MARAVILLAS  DE LA LAFE

En casi todos los casos el matrimonio se inicia ante el altar, cuando los contrayentes solicitan la bendición divina sobre su nueva vida. Pero es muy común advertir que poco después de esa hora sobreviene un olvido de Dios, y en el hogar recién formado se descuidan los valores espirituales y la fe en Dios comienza a agonizar. No es de extrañar entonces que con el transcurso del tiempo ese hogar vaya cargándose de problemas, y que ni los padres ni los hijos vivan felices en él. La planta de la felicidad no puede alcanzar su máximo desarrollo en un hogar donde no exista el terreno propicio de la fe. Pero, ¿qué es la fe? Olvidemos definiciones teológicas, y digamos que la fe en Dios es confianza en él y la seguridad de que para todos los problemas de la vida podemos acudir a él y encontrar oportuno socorro.

De ahí que en los hogares donde se cultiva esta clase de fe no existen el temor, la ansiedad o la desesperación. Siempre reinan la paz, la alegría y la convicción de que el mismo Dios que se buscó ante el altar sigue bendiciendo a toda la familia. Y cuando la adversidad azota el hogar por causa de una enfermedad incurable, la pérdida del trabajo o la desaparición de un ser querido, una vez más la fe humilde en Dios obrará maravillas, dando fortaleza y resignación a todos los miembros de la familia. Ante las mismas circunstancias, mientras el incrédulo se hunde en la desesperación, el creyente afrontará las mayores adversidades con total entereza, en la absoluta confianza de que su buen Padre celestial no permitirá que le ocurra nada que en última instancia no sea para su propio bien y el de los suyos.

 Ha puesto su mano en la del Altísimo, y está dispusto a recorrer –sin quejas ni amarguras– el sendero que le trace la Mano Guiadora, ya sea que transcurra por asoleadas llanuras o por valles umbríos. Todo lo aceptará con fe y por fe. Probablemente esta fe alcance su máxima manifestación cuando el alma está por sumirse “en valle de sombra de muerte” (Salmo 23:4).

Los que han cultivado la vida espiritual, tanto en el hogar como en privado, no le temen a la muerte. Saben que es sólo un sueño del cual despertarán. ¿De qué, pues, van a temer? La fe genuina, entonces, es mucho más que una actitud mental por la que se aceptan principios y doctrinas. Es un poder que vitaliza el corazón, ennoblece el carácter de padres e hijos, y llena de felicidad a toda la familia. No de balde Jesús exhortó: “Tened fe en Dios” (S. Marcos 11:22).

2. EL DIALOGO DE LA FE

Varios turistas extranjeros habían llegado al pie de los Alpes, con el deseo de conseguir unos ejemplares raros de flores que sólo crecían en la cumbre de dichos montes. Los forasteros estaban dispuestos a pagar una buena suma de dinero a quien pudiera recoger esas flores. Después de buscar intensamente, encontraron en una aldea vecina a un muchacho que se ofreció para escalar la montaña, Al día siguiente, el tierno muchacho regresaba de la cumbre con un gran manojo de aquellas flores tan codiciadas. Los turistas no pudieron menos que preguntarle cómo se había animado a subir tan alto, a correr ese riesgo. “¿No has tenido miedo?” volvieron a preguntarle. Y el muchacho con aire de valor y confianza, contestó: “No, miedo no, en casa somos pobres, y yo necesitaba ganar este dinero. Además, yo sabía que mi mamá estaría orando por mí”. En la casa de este valiente joven la oración formaba parte de los hábitos cotidianos de toda la familia. La madre oraba por sus hijos, y éstos por su madre. Y así la familia mantenía contacto con Dios y recibía su ayuda divina.

Orar es simplemente dialogar con Dios, o como lo dijera una preclara autora, “es el acto de abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo”. Es la expresión espontánea de nuestras necesidades ante el omnipotente Ayudador, quien siempre está dispuesto a darnos lo que sea para nuestro bien. “Pedid, y se os dará”, declara Jesucristo, y añade: “¿Qué hombre hay de vosotros, que sí su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” ¿Podríamos pedir una promesa mejor que ésta?

 ¿Quiere usted tener un hogar feliz, unido y bendecido continuamente por Dios? Entonces incluya la oración como un hábito cotidiano, del cual participe toda la familia, padres e hijos por igual. Unos rogando por los otros, dando gracias a Dios por sus cuidados permanentes y pidiéndole que haga grata y próspera la vida de toda la familia. Si oramos con fe y humildad, dispuestos a hacer lo mejor de nuestra parte, nuestras plegarias tendrán respuesta. Una familia que eleva una breve oración por la mañana y por la noche, jamás fracasará. Los esposos serán más unidos y felices entre sí; los hijos serán más amantes y obedientes para con sus padres. ¿No deberíamos pedirle a Dios lo que una vez le pidieron los discípulos a su Maestro: “Señor, enséñanos a orar”?

3. EL LIBRO DE TODOS LOS HOGARES

La fe y la oración confieren belleza a la vida del hogar. Invitan a Dios a ser una realidad presente en el seno de la familia. Tal como lo decimos en el título de esta lección, constituyen “el factor supremo de la dicha familiar”. Pero para que estos dos pilares de la vida espiritual tengan real validez, deben apoyarse en el fundamento inamovible de la verdad divina, en la Revelación escrita del Creador, es decir, las Sagradas Escrituras.

Es en sus páginas donde se encuentra el alimento que nutre y mantiene lozana la fe. Y es también en ese libro excepcional, la Biblia, donde el hombre se descubre a sí mismo, porque a manera de espejo le va mostrando cómo es –con sus errores y defectos– a la vez que le da vigor para transformar su corazón. La Biblia y sus enseñanzas no podrían faltar en ningún hogar de éxito, y cuando dichas enseñanzas se toman en cuenta, se producen las más hermosas transformaciones, como lo ilustramos a continuación:

Un chico de once años de edad repentinamente es interrumpido por dos hombres incrédulos en plena vía pública. Le preguntan: “Dinos, ¿sabes tú donde está el cielo?” Y luego de un corto silencio, el niño contestó: “Sí. ¿Ven aquel gran edificio de departamentos? Allí, en el tercer piso y en el departamento 2, allí está el cielo”. Confundidos los hombres ante la insólita respuesta, le pidieron al niño que se explicara, que no entendían lo que acababa de decir. El pequeño entonces les narró que tiempo atrás su papá había sido un borracho empedernido.

Cuando llegaba a su casa, él y sus dos hermanitos huían de aquella siniestra figura de padre. En la casa no había comida; los niños no tenían ropa ni calzado. La esposa y madre vivía atormentada, y a menudo era castigada. “Y en su dolor –continuó diciendo el niño– mi mamá muchas veces decía desesperada: ‘¡Esta casa es un infierno–, esta casa es un infierno!’ Pero cierto día, señores, mi papá comenzó a creer en Dios y a leer la Biblia. Se hizo cristiano y dejó de beber. Desde entonces en casa tenemos comida, ropa y zapatos.

Y ahora somos tan felices, que mamá no se cansa de exclamar: ‘¡Esta casa es un cielo, esta casa es un cielo!’ Por eso les digo, señores –terminó narrando el niño– que allí en el tercer piso y en el departamento 2, donde vivimos nosotros, ¡allí está el cielo!”

La Biblia que transformó a ese hombre y a ese hogar, puede igualmente transformar la vida de todo aquel que se someta dócilmente a sus enseñanzas de amor y verdad. Entre dos esposos desavenidos puede proporcionar amor y armonía; entre los hijos siembra fortaleza moral y amor hacia sus padres.

Con razón dijo Gabriela Mistral: “La Biblia es para mí el LIBRO. No comprendo cómo alguien puede vivir sin ella, sin que empobrezca, ni cómo uno puede ser fuerte sin esa sustancia, ni dulce sin esa miel”.

Dichosos los hogares donde la Biblia –la Palabra de Dios– se lee con frecuencia y donde se practican sus enseñanzas. ¿No le parece? Jesús aconseja: “Escudriñad las Escrituras, porque ellas dan testimonio de mí”.

4. UN HOGAR MODELO

El cultivo de la vida espiritual es el mejor don que podamos ofrecer a nuestros hijos. Un hogar donde se conviva amistosamente con Dios redundará en feliz convivencia familiar. En un hogar tal los padres serán amigos de sus hijos y reinará un clima de permanente comprensión.

De los hogares sinceramente religiosos salen los hijos dispuestos a servir a la comunidad. Salen el obrero responsable y cumplidor, el profesional concienzudo y comprensivo, el empresario justo con su personal, el comerciante honrado y veraz, el empleado exacto y cumplidor. En otras palabras, un hogar cristiano forja de tal manera el alma y el carácter de los hijos que éstos llegan a ser una bendición donde les toca actuar.

En sus vidas encarnan las nobles enseñanzas del Maestro, quien señaló la necesidad de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos y a Dios por encima de todo. Tales hijos han bebido ese espíritu de amor y de servicio durante su niñez y juventud dentro de su propio hogar, porque sus padres supieron inculcarlo y revelarlo en su propia conducta.

Son hijos que hoy, ya crecidos, saben honrar a Dios mediante una vida de bien y de obediencia a él.

La voz.org  MHP

jueves, 19 de mayo de 2011

08 “Salud y Alegría en el Hogar”


“Tenga un Hogar Feliz, su Familia lo merece”
Lección 08/10

De todos los tesoros que poseemos los mortales, ninguno tiene mayor valor que la vida misma y la salud que de ella se deriva. Por eso cuando los padres y los hijos gozan de buena salud, pueden considerarse dichosos y poseedores de una gran fortuna. Pero cuando la enfermedad llama a la puerta del hogar, y desgasta las energías y agota las economías de la familia, entonces la felicidad también se enferma.

1. ENEMIGOS DE LA SALUD 

ENEMIGO NO. 1
La hermosa muchacha acababa de ser elegida reina del colegio secundario al cual asistía, Tan feliz estaba que a la noche siguiente fue a celebrar el triunfo con su novio. Poco después de la medianoche el teléfono suena en la casa del padre de la joven, y se le comunica que se presente en cierto lugar donde había ocurrido un accidente. A los pocos minutos, en plena ruta, debajo de un automóvil, el padre encontró sin vida los cuerpos de su hija y de su novio. Sobre el pavimento había una botella vacía, cuyo olor no dejaba duda de que había contenido el licor causante del accidente. Y entre sollozos el padre comentó: “¡Si yo pudiera encontrar al criminal que les vendió esa botella, lo mataría!” Al regresar a su casa el pobre hombre se encontraba tan deshecho, que pensó que necesitaba un poco de bebida fuerte para reanimarse. Abrió la refrigeradora, y en el lugar donde solía tener su botella preferida encontró una notita de su hija, que decía: “Papá, vamos a celebrar mi coronación, nos llevamos tu botella de licor. Espero que no te molestarás por eso, ¡Gracias!”

 Con su botella predilecta, el padre había provocado la muerte de su propia hija y de su novio. ¡Cuántas botellas semejantes a ésa, conservadas inocentemente en la casa, están siendo causa de ruina para incontable número de hogares! El alcohol está ensangrentando nuestras carreteras, llevando miseria a familias enteras, provocando problemas sociales y estropeando la salud y la felicidad de sus consumidores. Aun utilizadas en “dosis moderadas”, las bebidas embriagantes constituyen una amenaza permanente contra el bienestar del individuo y de los hogares.

ENEMIGO NO. 2
Otro enemigo de la salud es el tabaco. ¿Sabía Ud. que las dos principales causas de muerte en nuestros países son las enfermedades cardiovasculares y el cáncer? Y además, ¿sabía que estos dos males guardan una estrecha relación con el consumo de tabaco? Esto significa que quien se abstiene de fumar conserva mejor su salud y prolonga su vida. En efecto, según la información estadística sobre la materia, una persona que fuma durante tres décadas de 30 a 35 cigarrillos por día acorta su vida en un promedio de 11 años,

La nicotina contenida en el tabaco es un veneno casi tan fuerte como el cianuro, tanto que si se destilara la que hay en sólo tres cigarrillos, se obtendría una dosis letal para el organismo humano. Además, la nicotina es el alcaloide responsable del enviciamiento del fumador, del cual es tan difícil liberarse. Por otro lado, por el efecto vasoconstrictor que tiene, la nicotina enferma el sistema cardiovascular, recarga el trabajo del corazón y favorece el paro cardíaco. Pero el tabaco no sólo contiene nicotina. También contiene el alquitrán que congestiona los pulmones del fumador, y que tantas veces produce el temible cáncer pulmonar. Y como si no bastaran la nicotina y el alquitrán, el tabaco trae consigo el monstruoso séquito de treinta venenos más.

Quien desee gozar de buena salud y quiera ahuyentar la enfermedad de su hogar, hará bien en abstenerse –él con los suyos –del consumo de tabaco en cualquiera de sus formas. Los padres deben comenzar dando el ejemplo. Y no importa cuán aceptable y moderna parezca la costumbre de fumar, tanto el hombre como la mujer que fuman están atentando contra su salud y su felicidad, contra el bienestar de su hogar y contra su economía familiar.

Feliz de aquel que no fuma, o de aquel que ejerciendo su fuerza de voluntad, abandona su hábito tabáquico por el bien propio y el de sus seres amados.

ENEMIGO NO. 3
Otro enemigo que no podemos pasar por alto, son las drogas. La drogadicción constituye un dramático azote para muchos países. Está destruyendo hogares enteros, especialmente la vida de jóvenes que se inutilizan a sí mismos, cuando podrían disfrutar de buena salud física, moral y mental. Cuánto deberían cuidar los padres las amistades de sus hijos y el modo en que usan su tiempo libre, porque es entre las malas compañías y en los momentos de ocio cuando el adolescente puede verse arrastrado hacia el vicio y la corrupción de las buenas
costumbres.

Quien valore y respete la maravilla de su propio organismo, jamás podría aceptar en él la presencia de alguno de los tres enemigos mencionados. Es que el cuerpo humano no ha sido hecho para alojar toxinas y venenos.
El Creador desea que nos mantengamos sanos, y que para ello nos alimentemos sabiamente, descartando lo nocivo y aun siendo moderados en el consumo de lo bueno. La divina Palabra nos recuerda: “¿0 ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 Corintios 6:19). “El templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” (Id., 3:17). Sí, nuestro cuerpo es morada del Espíritu divino; es santo; es propiedad de Dios. No podemos maltratarlo sin apenar al Creador. Cada vez que nuestro organismo recibe en su seno sustancias tóxicas, queda afectada nuestra relación con Dios, a la vez que enferma nuestra salud física y espiritual.

2. HABITOS DEL BUEN VIVIR

Nuestra felicidad está condicionada a los hábitos de vida que cultivemos. Si en un hogar reina el orden, y no sólo hay un lugar para cada cosa, sino también un tiempo para cada tarea, la marcha general del hogar será exitosa y armoniosa. De ahí que, por ejemplo, sea de gran importancia tener:

a). Una hora más o menos fija para las comidas del día. Comer a cualquier hora, o estar masticando “alguna cosita” durante todo el día, es una costumbre perniciosa para la salud.

b). Un tiempo adecuado destinado al descanso. Acostarse tarde por la noche, para levantarse temprano a la mañana siguiente, es minar las energías físicas y nerviosas del organismo. La falta del descanso necesario a menudo es causa de irritabilidad y roces entre los miembros de la familia. El cuerpo cansado no rinde en el trabajo, ni brinda felicidad en el hogar.

En todo hogar se deben inculcar y cultivar buenos hábitos de vida: de orden, de alimentación, de trabajo, de estudio, de descanso, de higiene, de responsabilidad, de ahorro, de recreación y de buenos modales. Sin estos hábitos el hogar se convierte en un caos, Con ellos el hogar goza de salud y de contentamiento.

CONTROL SOBRE LA MENTE
Entre los hábitos del buen vivir, el modo de pensar es de capital importancia. En realidad, somos lo que pensamos. Si deseamos tener un hogar feliz, padres e hijos debemos tener pensamientos de esa naturaleza: optimistas, alegres, positivos. Es imposible labrar un hogar dichoso mientras abriguemos pensamientos lúgubres y negativos. Por otra parte, conviene recordar que la mente influye sobre el cuerpo. El espíritu alegre favorece la salud. En cambio, el espíritu amargado y el corazón angustiado alteran el buen funcionamiento del organismo.

3. LA SALUD ESPIRITUAL

QUE VEMOS, LEEMOS Y OIMOS
Si la salud física es importante, no lo es menos la salud espiritual. Y así como en buena medida la salud del cuerpo depende de la alimentación, también la salud del espíritu depende de cómo la alimentamos. Inadvertidamente pueden entrar en el hogar elementos que, en lugar de nutrir, enferman el espíritu. Tal es el caso de ciertos libros, revistas y programas televisivos, inconvenientes o decididamente perjudiciales, y cuyo contenido daña el corazón sensible del niño y enciende la violencia y la sensualidad en el adolescente. Una triste pérdida de valores y de tiempo para toda la familia.

QUE AMISTADES TENEMOS
Y lo dicho acerca de libros, revistas y espectáculos indebidos, se aplica también a las compañías malsanas de las cuales se hacen los hijos, e incluso los padres. Muchos hijos dan su primer paso descendente por causa de un mal amigo. Y muchos esposos caen en infidelidad matrimonial porque no han sabido mantener su lugar con matrimonios amigos o con allegados del sexo opuesto. Que las amistades sean puras, edificantes y respetuosas. De lo contrario, mejor no tenerlas. Tal el principio más seguro en el cultivo de las amistades que tengan los hijos y los padres.

CUIDADO DEL ALMA
“¡Mamá, dime algo, que me muero!” le decía a su madre una muchacha agonizante recién accidentada. Y le seguía diciendo casi con su último aliento: “Mamá, me has enseñado muchas cosas: cómo vestir y cómo fumar, cómo tomar el vaso de whisky y cómo cuidarme al salir con los muchachos. Pero no me has enseñado cómo morir. ¡Mamá, dime algo, que me muero!” Una madre que había formado a su hija para la sociedad”, pero sin una sola orientación espiritual que le diera fortaleza y esperanza en su hora postrera, Una muchacha sin la más mínima noción de Dios y de la trascendencia de la vida, porque sus padres no habían sabido inculcarle ninguna medida de fe. Y ahora, al borde de la muerte, se sentía vacía y perdida. ¿No es parte de la responsabilidad paterna velar por la salud espiritual de la familia? Porque, ¿de cuánto vale un cuerpo sano o un alma enferma? Ya lo dijo Jesús:
“¿cuánto le aprovecha al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? " La salud y la alegría del hogar sólo se consiguen cuando padres e hijos buscan por igual la dirección del Altísimo. Entonces sí hay sanidad integral, de cuerpo y de espíritu, y el gozo y la felicidad inundan el hogar.

4. ANALISIS PERSONAL

En esta lección acabamos de ver cuán importantes son los buenos hábitos de vida y el atender las necesidades del alma. Todo esto para que nosotros y nuestros hijos podamos gozar de salud y alegría. Y ahora ha llegado el momento de autoanalizarnos, para determinar si nuestra manera de vivir está contribuyendo realmente al bienestar integral de nuestro hogar.

He aquí unas preguntas para el análisis personal:

1. ¿Cuido de mi salud, a fin de preservar mi felicidad y la de mis amados?

2. ¿Pienso que el fumar me hace más hombre, o más moderna como mujer?

3. Si deseo buena salud para mis hijos, ¿les doy el ejemplo en el cuidado de mi salud?

4. ¿Se consumen bebidas alcohólicas en mi hogar? ¿Por qué? ¿Pueden ellas ayudamos en la conservación de nuestra salud?

5. ¿Qué puedo hacer para evitar que mis hijos caigan alguna vez en la drogadicción?

6. ¿Recuerdo siempre que mí cuerpo es templo del Espíritu de Dios, y que el verdadero dueño de mí vida es el Creador?


La voz.org   MHP

miércoles, 18 de mayo de 2011

07. El Equilibrio del Hogar


“Tenga un Hogar Feliz, su Familia lo merece”
Lección 07/10

La lección anterior nos mostró al hogar como un aula bulliciosa, como un taller de aprendizaje, como una fragua que forja los espíritus, como un faro que orienta y encauza por buenos rumbos las energías de los hijos. En la presente haremos resaltar en forma más destacada el sublime papel de los empresarios del hogar: los padres, ese hombre y esa mujer.

1. LOS EMPRESARIOS DEL HOGAR

Los padres, al ser los empresarios del hogar, lo son también de la comunidad. Si ellos fracasan en su empresa, la vida de la comunidad se hará insegura, pues crecerá el vicio, la delincuencia y la inmoralidad.
El éxito de los padres no consiste tanto en honores y riquezas logrados a lo largo de la vida, sino en formar a sus hijos como hombres y mujeres de bien. Esta es la gran empresa de los padres.

2. LA ADMINISTRACIÓN DOMÉSTICA

Un problema básico que deben resolver los empresarios del hogar es la administración doméstica. Analizaremos sólo dos aspectos de la misma: las finanzas y el tiempo. Si se los atiende adecuadamente, el hogar navegará por aguas tranquilas. Por el contrario, si se descuida la importancia que tienen, pueden llevar al hogar por aguas borrascosas de tensión y desdicha.

LAS FINANZAS
El éxito de cualquier empresa está ligado estrechamente a las finanzas. El desorden administrativo produce inseguridad, cesación de pagos y finalmente los inevitables conflictos humanos, porque se trata de localizar al culpable. ¿Es el gerente, son los administradores, o los obreros? Lo mismo ocurre en la empresa del hogar. Cuando se acumulan las cuentas y el dinero no alcanza, aumentan las tensiones y comienzan las recriminaciones mutuas. El esposo enrostra a su esposa que no sabe administrar; ésta a su vez le señala al marido su incapacidad de ganar más dinero, de tener un mejor empleo, etc. Las relaciones mutuas se enfrían y una atmósfera opresiva envuelve a toda la familia.

Quizá en el fondo ninguno de los esposos sea culpable. Probablemente él contrajo compromisos financieros por su cuenta, sin el conocimiento de su esposa, y otro tanto hizo ella. ¡Cuán importante es la administración adecuada del dinero! Es necesario que ambos esposos planeen los gastos y se pregunten: ¿ Cuánto podemos gastar en alimentación, ropa, alquiler, viajes, salud, etc.? A medida que las cifras se van colocando en cada rubro, una sensación de realidad y responsabilidad se apodera de ambos. Se ha puesto orden en el caos.
El torrente amenazador ha sido controlado y canalizado para estimular la gozosa cooperación de ambos cónyuges. Nuestro Señor se refirió a esta buena práctica de planear los gastos con estas palabras: “¿Quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?”
(S. Lucas 14:28).

EL TIEMPO
Al hablar de administración casi siempre se piensa en dinero, sin tener en cuenta que el tiempo es también un precioso capital que debe utilizarse con sabiduría y método. Alguien ha dicho que no debemos desperdiciarlo porque es la trama de la vida. Y tenía mucha razón.

En la administración del tiempo en el hogar se cometen a menudo dos errores. El primero de ellos es la falta de control. Los hijos gastan el tiempo como quieren, ya sea durmiendo, jugando, o paseando con amigos, etc. Nada está mal. No hay horarios para las comidas, el baño, o para ir a la cama. El otro no menos pernicioso es el excesivo control. Una orden sigue a la otra; una tarea agrega a la otra su carga de rutina. Pareciera como si un rato de esparcimiento estuviera fuera de lugar. En esto también los esposos debieran detenerse y planear con equilibrio las actividades de la familia. Un programa equilibrado incluirá estudio, trabajo, esparcimiento, cultivo espiritual, horas para comer y dormir, etc. También es necesario planear cuidadosamente las vacaciones.

Un estudio muestra que un hijo hasta los 18 años, descontando un poco más de 8 horas por día de sueño, vive unas 105.000 horas posibles de ser llenadas con actividades.
Si calculamos las horas que pasa en escuelas y colegios entre los 6 y 18 años, nos dará unas 13.000 horas aproximadamente.
 Además dedicará 13.000 horas para comer y 6.000 horas a la higiene personal.
Finalmente, se considera que en 18 años puede pasar unas 1.000 horas en la iglesia o en ejercicios espirituales. Sin detenerse a analizar demasiado, muchos padres piensan que sus hijos pasan la mayor parte del tiempo en la escuela, pero los números nos muestran lo contrario.
 De 105.000 horas, sólo 33.000 pasa el hijo en las actividades mencionadas, y nada menos que las ¡72.000! horas restantes para ser sabiamente administradas. Si no lo ha hecho todavía,
¿ no le parece que debería planear la administración de esas horas?

3. EL PAPEL DE LA MADRE

A la madre podemos describirla pero es muy difícil definirla. Algunas de las páginas más hermosas de la literatura universal lo han intentado. Y siempre pareciera que falta mucho por decir: Quedan tantos sentimientos de gratitud, de amor, de admiración que no alcanzan a expresar las palabras. El más alto honor concedido por Dios a la mujer es el privilegio de ser madre. Pobre o rica, ilustrada o ignorante, es capaz de heroísmos increíbles y hasta de dar su vida por los hijos. Domingo Faustino Sarmiento dijo que el corazón del hombre se adhiere al de su madre como las raíces al suelo. El gran educador hablaba por experiencia, pues su madre había sido un dechado de amor, abnegación y virtud. Cuando la madre cumple con su sagrado cometido, llega a formar con su hijo una unidad sellada no sólo por los lazos de la sangre sino también por el afecto.

Con mucha razón apuntaba Pablo Geraldy:
“Los hombres cambian de mujer, la mujer cambia de marido, pero el hijo nunca cambia de madre”. Siendo así, una de las metas más importantes de toda madre será la de ser digna del respeto y la admiración de sus hijos. Estimada madre, ¿se ha detenido a pensar en esta gran verdad? Dichosa la familia cuya madre descubre en la formación de sus hijos la vocación de su vida. El niño es un ser hambriento de amor, dirección y seguridad, y cuando la madre se da entera a su hijo en esta triple dimensión, le hace la mejor y más grande contribución. Una madre tal gozará de las más estimulantes satisfacciones a medida que avance por la existencia en compañía de sus hijos.

4. EL PAPEL DEL PADRE

Al igual que a la madre, muchas veces no se valora al padre hasta que se lo pierde. Lleno de abnegación y fortaleza, se constituye por propia gravitación en el eje y motor de la familia. Lo da todo sin reclamar reconocimiento, porque considera que no podría hacer menos por los suyos. Una filosofía popular apunta lo siguiente en cuanto a cómo considera a veces el hijo a su padre:

Entre los 4 y 6 años: “Papá es un sabio ¡Sabe todo lo que le pregunto!”
Entre los 7 y 10 años: “Papá lo puede todo. ¡Qué fuerza tiene!”
Entre los 10 y 14 años: " ¡Hum! Me parece que papá se equivoca en algunas cosas”.
Entre los 14 y 18 años: “¿Papá?” ¡Es un hombre chapado a la antigua!”
Entre los 18 y 25 años: “¡Pobre viejo! Está completamente pasado de moda”.
A los 30 años, cuando las preocupaciones han dejado ya algunas arrugas en su frente, el hijo dice: “¡Qué problema! ¡Tal vez debiera consultar con papá!”
A los 40 años, el padre ya ha muerto. Las canas comienzan a platear la cabellera del hijo. Este exclama lleno de nostalgia y admiración: “¡Mi padre fue un sabio, lástima que no supe apreciarlo!”

¿Por qué ha de ser así? ¿Por qué no aprender a valorar las virtudes del padre y escuchar sus consejos respaldados por su larga experiencia?

La autoridad del padre no emana tanto de sus prerrogativas, sino de la fuerza que le otorga el ascendiente de una conducta ejemplar.
Así podrá infundir seguridad y confianza en los suyos. Será un piloto en la tormenta, un amigo y compañero en la bonanza.

En la familia del célebre compositor ruso Nicolás R. Korsakov se tenía este lema para un padre:

“El padre debe ser un soberano para el hijo hasta los 10 años;
“Un padre hasta los 20; un amigo hasta la muerte”.
La principal tarea del padre no es mandar, sino conducir, guiar y orientar a su familia. Si el niño ama y respeta a su padre, éste también desarrollará en el hijo el amor a la justicia y el respeto por la autoridad constituida.

De esta manera, cumplirá su deber para con la sociedad y recibirá la bendición divina. Y cuando un padre revela su afecto abnegado hacia su hijo, no hace más que ilustrar el amor infinito del Padre Celestial.

“Dichosos los padres cuya ternura, justicia y longanimidad interpretan al niño el amor, la justicia y la longanimidad de Dios” (El Hogar y la Salud, pág. 29).

Amigos padres: ustedes desean ser padres de éxito. Para ello les sugerimos pedir la bendición del Cielo. Dios estará junto a ustedes en el papel más importante que se les haya confiado en la vida. Como empresarios del hogar, actuando en estrecha colaboración mutua –tanto en la hora de la alegría como del dolor–, les asiste la divina promesa que dice: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Isaías 41:10)

5. HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE

Digamos también dos palabras sobre los hijos. A ellos fue dado el único mandamiento que contiene una promesa: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da” (Éxodo 20:12).

Honrar a aquellos que nos trajeron a la existencia es el privilegio de todo hijo. Y, ¿qué es el honrar, sino amar, , respetar, y demostrar el espíritu de gratitud?

Estimado alumno: Como hijos debemos honrar a nuestros padres y dignificarlos. Y si usted ya no tiene el gozo de su presencia, todavía puede honrarlos viviendo una vida honesta, como ellos desearían si viviesen. Así honrará su memoria.


La voz.org   MHP

lunes, 16 de mayo de 2011

06. La Escuela del Hogar


“Tenga un Hogar Feliz, su Familia lo merece”
Lección 06/10

¿Por qué ladra el perro? ¿Cómo es la casita del grillo cantor? ¿Quién estiró el pescuezo de la jirafa? Tales son algunas de las preguntas infantiles que al darles repuesta transforman a todo hogar en una escuela. Y no pocas veces los improvisados maestros, los padres, se ven en apuros para contestar otras preguntas, como las siguientes: “¿Qué hace el viento cuando no corre?” “¿Por qué una rosa es blanca y la otra roja?” A medida que los hijos crecen, las preguntas se hacen más complejas, y el hogar se transforma en una escuela formativa donde los padres actúan como maestros y consejeros, tal como lo veremos en la presente lección.

1. EL PAPEL EDUCATIVO Y FORMATIVO DEL HOGAR

El hogar no suplanta a la escuela, así como tampoco ésta puede reemplazar al hogar. Ambos deben colaborar estrechamente para una educación integral. En las aulas de las escuelas y los colegios se le impartirán al niño mayormente conocimientos en forma sistemática, En el hogar recibirá de sus padres un modelo para aplicar esos conocimientos en la vida. La escuela instruye; el hogar forma y educa desarrollando hábitos correctos. ¿De qué valdrá, por ejemplo, que la escuela le enseña a Pedrito que debe ser honrado, si luego nota en su hogar que su padre hurta materiales de la fábrica donde trabaja? Dichosos los hijos cuyos padres se dan cuenta cabal de que ellos son los maestros de la primera y más fundamental de todas las escuelas: el hogar.
La Biblia ya señalaba esta función paterna con las siguientes palabras: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6).

CUANDO COMENZAR
Cierta vez una joven madre concurrió con su hijito a consultar a un pedagogo.
–Deseo saber–dijo la señora –cuándo debo iniciar la educación de Carlitos.
–¿Qué edad tiene su chico, Sra. Gutiérrez?
–preguntó el profesional.
–Cinco años –repuso la madre.
El pedagogo hizo una pequeña cuenta y repuso:
–Calculo que la educación de Carlitos debió haber empezado hace 20 años.
–¿Cómo? No entiendo –dijo extrañada la madre.
–Sí señora, la educación de su hijo debió haber empezado muchos años atrás con la preparación suya, para ser la primera maestra de Carlitos.
¡Cuánta verdad contiene esta declaración del pedagogo! Desde las primeras horas de vida el niño empieza a adquirir hábitos y costumbres que afectarán toda su vida en forma negativa o positiva. Y para ese momento transcendente ya la madre y el padre deben estar preparados para enseñar en esa escuela sin igual.

QUÉ ENSEÑAR
El hogar es la escuela donde se enseña el arte de vivir, que abarca toda la vida. Y por tratarse de un arte tan esencial, nos referiremos a él, aunque tocando sólo algunos aspectos prácticos. En la próxima lección trataremos algo más acerca del tema.

He aquí algunas lecciones que los padres deben grabar en el carácter de sus hijos:
El orden, que abarcará desde cómo guardar sus juguetes, libros, etc., hasta la forma de usar su ropa y peinar su cabello.Higiene y limpieza, acerca de lo cual huelga todo comentario.
Sentimientos humanitarios, ya sea cultivando una planta o cuidando un animalito doméstico, o compartiendo los juguetes o la merienda con el compañero.
Manejo del dinero. Con la finalidad de desarrollar en los hijos el sentido de responsabilidad y administración, es bueno que ellos reciban una compensación monetaria por algún trabajito bien realizado. De esa manera comprenderán que el dinero se obtiene mediante un esfuerzo definido, en el que se debe dar lo mejor de sí. Luego, debe animárselos a formular un plan de gastos y ahorro. Esto les permitirá llevar sus cuentas, les dará nociones de cómo orientar las compras, etc.

Arte culinario: La madre que enseña a sus hijas el valor de los alimentos y la forma de presentar un menú sabroso y equilibrado, les hará un gran legado a ellas y a los hogares que puedan formar. Para los varones, el cultivo de un hobby o la enseñanza de un oficio les proporcionará un pasatiempo provechoso y los alejará de las influencias perniciosas de la calle.

La fe también es una de las grandes lecciones que deben impartirse en el hogar, pues enriquece la vida con el optimismo y la confianza. En medio de una dinámica tal, la escuela del hogar irá desarrollando en los hijos otros rasgos nobles de carácter, tales como el valor, el honor, el amor al trabajo, la cortesía, etc. Estas metas constituyen el anhelo más acariciado de los maestros del hogar, y para lograrlas nunca se recalcará lo suficiente la importancia que tiene el ejemplo de los padres. “La actitud de los padres no tarda en ser la actitud de los hijos. Si el padre y la madre son siempre corteses entre sí, los niños propenderán a serlo también. Las cosas que nunca se hacen en el hogar, rara vez llegan a ser hábitos de los niños. No es lo que se les dice que hagan o que no hagan, sino lo que oyen y ven, lo que afecta el desarrollo de la personalidad. No hay nada que los niños se deleiten más en hacer, que aquello que hace su padre y su madre. Y el poder del ejemplo supera de tal manera al del precepto que si podemos valemos de sólo uno de ellos, habremos de elegir forzosamente el primero: el ejemplo” (¿Basta el Amor?, pág. 27).

Por lo tanto, la lección más importante y objetiva de todas las que deben impartir los padres es el ejemplo de sus propias vidas.

2. AMOR Y DISCIPLINA

El amor y la disciplina son ingredientes indispensables de la fórmula ideal para regir la escuela del hogar. “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina”, dice la Biblia en Efesios 6:4.
Los padres deben apoyarse mutuamente para llevar a cabo “su plan” de educación en el hogar. Nunca deben presentar un frente dividido ante los hijos, pues éstos pronto tomarán partido con aquel que abandona la norma establecida. Así se introduce la desorientación, y los hijos pensarán que lo que se desea enseñar no es tan importante. Los hijos deben saber y sentir que se los ama. De este modo entenderán que toda exigencia es para su bien y para el bien del hogar. El padre que no corrige los malos hábitos de su hijo por no verlo sufrir, está practicando un amor mal entendido, y permitiendo que se desarrollen males que lo harán sufrir de veras en el futuro.

Queridos padres, si desean labrar un futuro feliz para su hijo, practiquen con él una disciplina amante, bondadosa, pero firme. He aquí algunos consejos útiles: No permitan que el hijo piense que es el centro del hogar y que todo debe girar en derredor de él.

Enséñenle a soportar valientemente las pequeñas desilusiones y pruebas, a fin de fortalecer su dominio propio. No le permitan hacer uso de todo lo que hay en la casa como si fuese exclusivamente suyo.
Nunca dejen pasar sin corrección la terquedad en su hijo. Desarraiguen todas estas tendencias antes de que se transformen en hábito.
Logren que practique la abnegación, el respeto y la consideración por la felicidad ajena. Enséñenle a subyugar el temperamento impulsivo, a retener la palabra apasionada, a manifestar invariablemente bondad, cortesía y dominio propio. Pero al cumplir esta delicada misión, no olviden que el hijo es una persona y que debe ser tratado como tal. Un niño no es un objeto, y su trato debe merecer toda consideración.

Muchas veces “los niños oyen hablar a los mayores abiertamente de ellos, ventilar sus defectos, divertirse de su sinceridad o manifestar sorpresa por ella. Sienten que a veces se ríen de ellos, y otras veces los pasan por alto. Los regañan cuando no tienen la menor noción de haber hecho algo malo, y los instan a que actúen delante de otras personas, sin ningún motivo que ellos puedan comprender. Con un programa tal, creen vivir en un mundo aparte del de los mayores, y su sentimiento subconsciente es que los adultos son seres diferentes de ellos, de los que conviene aprovecharse y mantenerse en guardia”
(¿Basta el Amor?, pág. 31).

Felices los padres que siendo adultos pueden “hacerse niños”, para entender a sus hijos, descubrir sus puntos de vista y animarlos a expresar sus sentimientos. En tal caso podrán ser excelentes maestros del arte de vivir y contarán con la aprobación de Dios. Con todo, muchas veces sentirán la necesidad de la ayuda divina y de la sabiduría que viene de lo Alto. Para recibirlas sólo les bastará pedirlas. Así lo asegura la Sagrada Escritura:
“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídale a Dios, el cual da a todos abundantemente ... y le será dada” (Santiago 1:5).

3. EL HOGAR DE JOSÉ Y MARÍA

Del hogar de José y la bienaventurada Virgen María podemos obtener una lección objetiva. Los padres de Jesús eran pobres y dependían de su trabajo diario para su sostén. Esto hizo que Jesús conociera la pobreza, la abnegación y las privaciones, lo cual redundó en salvaguardia para él. En su vida laboriosa no había momentos ociosos que invitasen a la disipación. No había horas vacías que prepararan el camino para compañías corruptas. En esta generación encontramos que los padres han descuidado peligrosamente educar a sus hijos en lo que es útil. A menudo la abundancia económica unida a la ociosidad, es la causa que lleva al vicio y a la delincuencia a un gran sector de la juventud moderna.

Esto mismo motivó la ruina de la tristemente célebre ciudad de Sodoma, cuyo nombre ha servido para caracterizar una lamentable desviación humana. De ella dice la Biblia: “He aquí que esta fue la maldad de Sodoma ... soberbia, hartura de pan, y abundancia de ociosidad...” (Ezequiel 16:49). El hábito del trabajo útil, cuyo ejemplo nos dejó Jesús, es un aliado poderoso de los padres para librar a sus hijos de los malos pasos.

4. LOS PADRES COMO CONSEJEROS

Una de las mayores satisfacciones de los padres es la de ser amigos y consejeros de sus hijos. Para ellos, todo padre y madre debe ganar la confianza de sus hijos.
Una buena forma de lograrlo es contestando sus preguntas por embarazosas que sean, y mostrando sumo interés por ellas. Si no se procede así, los hijos perderán la confianza y buscarán consejos y orientación en la calle, donde a menudo los recibirán distorsionados y bajo los aspectos más negativos. Es muy vasta la gama de situaciones en la que los padres deben ser hábiles consejeros. Aquí trataremos sólo dos.

LA VOCACIÓN
Al conversar amigablemente con sus hijos, los padres deben intercambiar ideas y planes con ellos acerca del futuro. “¿Qué seré yo en la vida?”, tal la pregunta clave. En estas charlas se debe lograr que los hijos se pongan un ideal tan alto como sea posible. La vocación o carrera de la vida debe elegirse entre aquellas actividades por las cuales el joven o la señorita sienten una inclinación natural. Es pernicioso que los padres elijan la carrera del hijo. Debido a este proceder abundan los profesionales, obreros y empleados fracasados. Despertar un ideal y planear junto con el hijo la manera de alcanzarlo, es una experiencia emocionante para todo padre.

EL NOVIAZGO
Una vez elegida la manera en que servirá a la sociedad, ya sea en carreras profesionales, técnicas, u oficios manuales, la siguiente pregunta del hijo será:
“¿Con quién me casaré?” Siendo que a veces es difícil razonar con un enamorado, esta situación pone a prueba toda la capacidad de diálogo de un padre o de una madre. Pero si se ha ganado la confianza del hijo desde sus tiernos años, la tarea se verá facilitada.

¡Dichosos los hijos que ante tan difícil elección pueden escuchar buenos consejos de padres comprensivos y respetuosos! ¡Felices también los padres que pueden ayudar a sus hijos en este paso tan importante de la vida!

La voz.org   MHP

domingo, 15 de mayo de 2011

05. “La Belleza de Vivir en Familia”


“Tenga un Hogar Feliz, su Familia lo merece”
Lección 05/10

El hogar de los esposos Martínez estaba enfermo de tristeza. En contados meses habían fallecido los dos hijos menores, preciosos niños de pocos años de edad.
El padre estaba deshecho por el dolor. Había perdido el apetito, y durante semanas no podía conciliar el sueño, su salud estaba completamente quebrantada.  Pero cierto día el hijito de cuatro años que aún les quedaba, le dijo a su papá: “Papito, ¿por qué no juegas conmigo? Ayúdame a hacer un barquito”. Y durante dos horas el padre se entretuvo con su pequeño haciéndole un hermoso barquito. Esas fueron las primeras horas de paz mental que conoció el padre, después de meses de angustioso dolor. Esa noche pudo dormir. Al día siguiente mejoró su apetito.
De allí en adelante, cada día dedicó un momento para convivir alegremente con su hijito. Su dolor se fue desvaneciendo y la felicidad retornó al hogar.
Este caso verídico ilustra cuán importante y hermoso es el compañerismo familiar. Precisamente, tal será el tema de esta lección. Pero antes de abordarlo de lleno, digamos algo acerca de la paternidad y la presencia de los hijos en el hogar. El propósito supremo del matrimonio es la formación de la familia, con hijos que alegren el corazón de sus padres. La conocida frase de que “un hogar sin hijos es como un jardín sin flores”, afirma que la felicidad conyugal sólo puede ser completa con la presencia de hijos debidamente formados. Esto, sin embargo, no significa que cuando un matrimonio carece de armonía, la solución consiste en traer hijos al mundo. “Cuando los cónyuges no congenian y tienen dificultades en fusionar su personalidad, es mejor que resuelvan sus diferencias antes de traer deliberadamente otras vidas al hogar para compartir sus desgracias. No es justo que a un niño se lo traiga a un hogar donde reina la discordia” (H. Shryock, El Secreto de la Dicha Conyugal, pág. 217).

1. LA EXPERIENCIA DE LA PATERNIDAD
La experiencia de ser padres produce un gozo desbordante. La llegada de cada hijo es como si se tratara de un valioso obsequio, de una pieza única, que brinda contentamiento a sus poseedores. Efectivamente, los hijos son un regalo de Dios a los padres. Pero la paternidad, además de ser un gozo, es un privilegio que proporciona madurez y bendición a los padres. El hombre y la mujer se vuelven más tiernos, comprensivos y joviales cuando se entregan de corazón a la tarea de criar a un hijo. Y como los niños deben aprender de los mayores, también éstos pueden aprender grandes lecciones de sus hijos acerca de la vida, mientras se ocupan en educarlos.
Además de un privilegio, la paternidad entraña también una sagrada responsabilidad que incluye mucho más que el brindar instrucción, ropa o comida a los hijos. Implica sobre todo formarlos para la vida, ayudarles a desarrollar un buen carácter y encender en ellos la chispa de un noble ideal. Y esta obra trascendente no sólo demanda el sano consejo, sino también el buen ejemplo de los padres. Esta es una tarea en la cual han de participar por igual tanto el padre como la madre, recordando que tendrán que dar cuenta a Dios de la manera en que cumplan tan sagrado cometido. GOZO, PRIVILEGIO, RESPONSABILIDAD: tal la experiencia de la paternidad.

2. EL HIJO QUE NO LLEGÓ
Es frecuente encontrar familias compuestas por los padres y un solo hijo. Hubo intentos reiterados por aumentar la prole, pero por diversos motivos los otros hijos nunca llegaron. En tal caso, cuánta sabiduría deben ejercer los padres, a fin de no echar a perder al hijo único con una sobrecarga afectiva que se concentre en su persona. En otros casos, los esposos simplemente no han podido tener hijo alguno.
Se han sometido pacientemente a tratamientos médicos, pero la concepción no se ha producido. El resultado es un lamentable sentimiento de frustración. Para los esposos que se encuentran en tal condición, qué solución tan sencilla y efectiva puede ser la adopción de una o varias criaturas. Procediendo con prudencia, acatando la ley civil vigente, y tomando en cuenta los factores de la edad (tanto de la criatura como de los padres adoptivos), la adopción de un hijo, fuera de ser una obra altamente humana y cristiana, puede llenar de felicidad la vida de los padres. Estos hijos, debidamente integrados en el círculo familiar, podrán responder con la misma medida de afecto que se les brinde y podrán ser una gran bendición en la sociedad.
Los cambios saludables que se producen en todo buen hogar cuando llegan los hijos hacen aconsejable su adopción cuando no se los puede procrear.

3. COMPAÑEROS DE LOS HIJOS
La comunicación afectuosa entre padres e hijos crea el verdadero clima de una familia feliz. No puede existir amistad, unidad o armonía familiar si no existe una sana comunicación entre los miembros del hogar. Y eso que parece tan obvio y elemental, se descuida sin embargo con suma frecuencia, especialmente en las grandes urbes, donde la agitada vida ciudadana produce cansancio y fatiga emocional entre la gente, indisponiéndola para la apacible tertulia familiar. Y así, por ejemplo, es fácil encontrar al esposo, que al regresar a la casa por la noche, quizá se concentre en la lectura del diario o mirando televisión, sumido en silencio y desconectado del resto de los suyos. Comunicado con el mundo exterior mediante las noticias, pero incomunicado con el propio mundo de su hogar.

4. BENEFICIOS DEL COMPAÑERISMO FAMILIAR
Señalemos concretamente algunos de los beneficios del compañerismo entre padres e hijos:
1. Los padres aprenden a conocer a sus hijos, a interpretar sus reacciones, anhelos e ideales. Los padres pasan a ser los mejores amigos de sus hijos y éstos de sus padres.
2. Se crea en el hogar un clima social que disipa la tristeza y fomenta la alegría. Todos se gozan viviendo en familia; ninguno se siente solo.
3. Facilita la tarea de disciplinar a los hijos. Los padres que son amigos de sus hijos reducen sensiblemente los problemas de conducta filial.
4, Los padres mantienen un espíritu juvenil, mientras que los hijos maduran más rápidamente, cuando existe entre ellos una sana comunicación.
5. Se crean vínculos de afecto y amistad también entre los hermanos, evitándose así los celos y las discordias entre ellos.
6. Se desarrolla la confianza mutua entre padres e hijos, y éstos acuden a sus padres con la seguridad de ser comprendidos y bien aconsejados. Y cuando llega la edad de las grandes preguntas, los hijos no buscarán explicaciones afuera sino la que sus padres sepan darles.
7. El hogar se convierte en el sitio más placentero de la tierra, con lo cual los esposos aseguran su fidelidad conyugal y los hijos rechazan los “atractivos” de la calle.

5. QUÉ DECIR, QUÉ HACER
A veces los padres vacilan antes de ponerse a charlar con sus hijos. “¿Qué tema conviene abordar? Y si los chicos preguntan algo sobre el sexo, ¿qué les diremos?” Tales algunas de las preguntas que suelen formularse los padres. Y sin embargo, no deberían ser motivo de preocupación, porque con los hijos se debe proceder con lealtad, franqueza, confianza y amistad, atendiendo sus inquietudes sin crear tabúes innecesariamente. Los hijos quieren saber y aprender. Y si los padres están capacitados para ser sus maestros, ¿por qué soslayar tan importante función? Y si no poseen esta capacidad, ¿no deberían esforzarse e ilustrarse para poseerla?
Tanto el niño como el adolescente necesitan encontrar respuestas satisfactorias– acordes con su edad– a sus interrogantes y a su sed de conocer.
Todo lo positivo eleva. Pero cuando las conversaciones incluyen chismes, críticas, envidia, odio o impureza, entonces la atmósfera familiar se torna  sombría y queda enferma con malos sentimientos. Y ya que estamos en el tema, digamos que el tono con que se habla también reviste importancia, El tono sereno y confiado, tierno y afectuoso, predispone el ánimo de la familia para cultivar el sano compañerismo. Pero cuando se utiliza el tono nervioso y autoritario el clima de la amistad se resiente.
La vida social del hogar no debiera cultivarse exclusivamente dentro de la casa. La recreación al aire libre, los paseos y las comidas en contacto con la naturaleza son elementos que tonifican el cuerpo y el espíritu, a la vez que enriquecen la unidad de la familia.

6. CÓMO ES MI HOGAR
Después de haber considerado el tema de esta lección, usted como padre, o madre, comprenderá que el compañerismo con los hijos es indispensable para la felicidad familiar. El “vivir en familia” es una de las mayores delicias que puede experimentar un ser humano. Pero este clima de belleza hogareña no se produce por simple casualidad. Hay que crearlo y cultivarlo cada día, con espíritu de amor, de amistad, de comprensión y de perdón. Y dicho espíritu debe existir primeramente en el corazón de los padres.
Los esposos deben dispensarse mutuamente amor, amistad y comprensión. Y cuando exista entre ellos esta dulce comunicación conyugal, entonces sí será fácil lograr que los hijos participen de la misma modalidad.

Padre o Madre, pregúntese usted:
1. ¿Soy realmente amigo de mi cónyuge? ¿Se dan cuenta de ello mis hijos?
2. ¿Qué hago yo para mantener en mi hogar un clima saludable de amistad con mis hijos?
3. ¿Soy amigo de mis hijos? ¿Dedico algún tiempo para conversar, jugar, pasear y trabajar con ellos?
4. ¿Se gozan en mi compañía mis hijos, o la rehúyen prefiriendo otras compañías ajenas al hogar?
5. ¿Mis hijos son confidentes conmigo? ¿Soy comprensivo con ellos, y estoy capacitado para aconsejarlos en todos sus problemas?
6. Si tenemos dificultad para criar a nuestros hijos, ¿no será porque hemos dejado de ser sus amigos?
7. ¿Soy justo en el trato con mis hijos, o tengo mis preferidos?
8. Como padre, ¿me cultivo lo suficiente, para saber alternar con mis hijos aunque ellos tengan una mayor instrucción?

Usted hijo, pregúntese:
1. ¿Acepto la amistad de mis padres? ¿Soy confidente con ellos?
2. ¿Soy amigable y compañero con mis hermanos?
3. ¿Gozo estando en casa, o prefiero estar con mis amigos, lejos de mis padres?
4. ¿Soy cariñoso y respetuoso con mis padres, al punto de que ellos se sienten gozosos a mi lado?
5. Cuando ellos planean salir de vacaciones, ¿los acompaño gustosamente?

Mientras usted medita en las preguntas precedentes y toma las mejores resoluciones en relación con ellas, le invitamos a continuar estudiando las cinco lecciones restantes de nuestro curso.

La voz.org   MHP

sábado, 14 de mayo de 2011

04. “Hacia Una Dicha Sin Sombras”

“Tenga un Hogar Feliz, su Familia lo merece”
Lección 04/10

Con frecuencia cada vez mayor se habla de “incompatibilidad de caracteres”, de “crueldad mental” y de “amores clandestinos” que producen verdaderas rupturas en los lazos afectivos de la pareja. Y en ciertos países, debido a estas causas, uno de cada dos, y hasta dos de cada tres matrimonios, terminan en la separación, como resultado de lo cual familias enteras arruinan todos sus esfuerzos y desvelos por lograr la felicidad. Esposos fracasados lloran su desgracia, e hijos solos y traumatizados soportan su cuota de dolor y desencanto. En verdad, los hogares deshechos constituyen uno de los problemas más graves de nuestra sociedad, ya que, según serios estudios hechos sobre el particular, cada ruptura matrimonial implica la desdicha –directa o indirecta–de por lo menos cuarenta personas, contando los familiares, allegados y amigos afectados. ¡Qué carga de dolor para tanta gente, que bien puede evitarse cultivando sabiamente la planta de la felicidad!

1. CAUSAS POSIBLES DE NAUFRAGIO
Hacía cinco años que se habían casado. Ambos eran felices. Pero un día el esposo perdió su trabajo. Durante varias semanas estuvo buscando un empleo, sin encontrarlo. Llegó el momento cuando su angustia alcanzó tal proporción, que el buen esposo entró desmoralizado en un bar. Allí bebió un poco “para olvidar”. Y después de ese día sintió más y más la necesidad de “olvidar”. Así fue como comenzó a frecuentar otros bares. En cada ocasión bebía una mayor medida de alcohol. El resultado final fue que el pobre hombre jamás encontró trabajo, porque cayó en las garras del alcoholismo. Y finalmente, tras muchos intentos fallidos, su matrimonio se deshizo. Todo por causa del alcohol, el que a su vez dio paso a otros vicios que el corazón de su esposa no pudo tolerar. Pero el alcoholismo está lejos de ser la única o la principal causa de ruina matrimonial.

He aquí otros factores que también puedan provocar fisuras en la unidad conyugal:
1. El genio violento y duro de parte de uno de los esposos.
2. El espíritu egoísta, el corazón frío y las palabras ásperas.
3. Los celos, la desconfianza y el rencor entre los cónyuges.
4. Los intereses divididos, propios de los esposos que, absortos en ocupaciones e ideales diferentes, descuidan la vida matrimonial y familiar.
5. El desengaño y la desilusión por parte de uno de los esposos, al descubrir defectos y vicios en la conducta del cónyuge.
6. La rutina conyugal producida por esposos insípidos, incapaces de convivir alegremente y de expresar el amor. Consecuencia: apatía, monotonía, convivencia sin atractivo.
7. La abundancia material. La riqueza mal usada a menudo descompone el amor. Las estadísticas revelan que en cualquier país las disoluciones matrimoniales aumentan notablemente en las épocas de prosperidad, mientras que disminuyen cuando hay necesidad económica.
8. La infidelidad y la falta de amor. Sin duda, ésta es la causa más común de rupturas conyugales.

2. EL CLAMOR DE UN HIJO
No importa cuál sea la causa que produzca el rompimiento del vínculo conyugal –sea una de las ya señaladas o no –toda la familia enferma cuando los padres demuestran que no han aprendido a convivir armoniosamente bajo el mismo techo. Sin embargo, quienes mías sufren frente al drama del naufragio familiar son inevitablemente los hijos, sean niños o adolescentes. Así lo indica el clamor de aquel niño de diez años, que un día le habló a su padre de esta manera: “Papá, ¿por qué dices que te vas a ir de casa? ¿Acaso no me quieres? Y si te vas, ¿adónde irás? ¿Qué va a pasar conmigo? Yo sé que quieres irte porque siempre te peleas con mamá... ¡Ay! ... ¡ah! ¡qué dolor tengo aquí en el pecho! ¿Por qué será? Tal vez porque voy a quedar solo. Yo te quiero, papito. No te vayas; no me dejes. Cuando de noche estoy solito en la pieza lloro y lloro pensando que al levantarme ya no estarás en casa. ¡Qué lindo es estar a tu lado con mamá, cuando vamos a pasear o cuando hago los deberes de la escuela! Papito, no te vayas.
Me portaré bien. No te pelees con mamá. Es tan, tan lindo estar juntitos en casa... (y la voz del niño, ahogada por las lágrimas, quedó detenida, mientras abrazaba fuertemente a su papá)”. ¡Qué hermoso! El clamor del niño fue escuchado, y su hogar se salvó. Las palabras tan sentidas de este niño dolorido, ¿no encierran un mensaje de reflexión para todo padre o madre que está pensando en una separación, sin haber agotado quizá todos los recursos por evitarla? Quien cree que no puede continuar con su matrimonio y decide romperlo, debería tomar en cuenta no sólo sus intereses personales, sino también los de toda la familia, el futuro de sus hijos, y aun los nuevos problemas que surgirán después de rota la vida conyugal. Cuántas veces son el ofuscamiento y el amor propio los que provocan decisiones precipitadas, al dividir matrimonios que con un poco de calma y tolerancia podían retomar la senda de la felicidad.

3. LA BASE FUNDAMENTAL
El factor primordial del matrimonio, y el único que realmente lo justifica, es el amor. Y cuando éste falta no es de extrañar que toda la estructura del hogar se desplome. De ahí la necesidad de subrayar la importancia y el papel insustituible del amor. No de balde la divina Palabra aconseja: “Maridos, amad a vuestras mujeres” (Efesios 5:25). Y de la mujer se espera otro tanto con respecto a su esposo. Pero, ¿cuál es la clase de amor que deben dispensarse? ¿Pasajero y superficial, o estable y profundo? San Pablo define el amor verdadero, cuando dice que los hechos humanos, por más grandes que sean, carecen de valor si no van acompañados de amor. Y a continuación declara: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser”(1 Corintios 13:4-8).

Magnífica definición de amor, cuyos términos aluden a un sentimiento puro, tierno y bondadoso, que se entreteje con las virtudes más preciadas del espíritu humano; sin egoísmo ni orgullo, paciente y constante. Cuando esta clase de amor vibra en el corazón, no hay peligro de naufragios conyugales. Porque junto con el verdadero amor vienen la ternura, la comprensión, el respeto, la consideración, la madurez emocional, la disposición de compartir la carga familiar, la tolerancia hacia los defectos del cónyuge y la fidelidad al ser amado.
 Pregúntese todo esposo: ¿Amo tiernamente a la mujer con la cual he unido mi vida? ¿La quiero tanto como el día cuando me casé con ella? ¿Suelo decirle como cuando éramos novios: “Te quiero, soy feliz contigo”? Por cierto, es aconsejable que la esposa también se haga estas mismas preguntas referidas a su esposo. Y si las respuestas son positivas, la felicidad está asegurada. Pero si para cada pregunta brota un “No”, es como si se encendiera una luz roja de peligro que debe llamar a reflexión y a un cambio saludable en los sentimientos y en la conducta.

4. EL AMOR Y LA LENGUA
La manera como se habla tiene una vital importancia en la vida matrimonial. Las peores tormentas y reyertas entre los esposos a menudo surgen porque alguno de ellos hirió al otro con su lengua. Una sola palabra ofensiva, de burla, de desprecio o de mentira puede dar origen a graves consecuencias. Pero felizmente, también unas pocas palabras de afecto y dulzura pueden llevar aliento y alegría al corazón del cónyuge. A un joven recién casado su suegro le regaló un hermoso reloj, sobre cuya esfera se leían estas palabras: “Dile a Sara algo amable”. Sara era el nombre de su flamante esposa.

 El regalo tenía por objeto recordar al joven que cada vez que mirara el reloj supiera que ése era un momento oportuno para expresarle algo amable a su esposa. Sí, siempre es grato al corazón recibir palabras de afecto íntimo. Son un alivio para las cargas de la esposa y un estímulo para la lucha diaria del marido.
Pero no siempre es fácil dominar la lengua y hacerle decir lo mejor. Por eso, aun sin desearlo, a veces pueden salir de los labios de los esposos expresiones ásperas o desalentadoras. Y en tal caso, ¡cuán hermoso y necesario es saber restañar la herida pidiendo perdón! Quizá las palabras más difíciles de pronunciar en la vida sean estas tres: “Me equivoqué, perdóname”. Pero en el ámbito del hogar hay que saber usarlas con valor y con amor. Son palabras que, pronunciadas a tiempo, evitan problemas y mantienen unida a la pareja. ¡Cuántos esposos podrían haberse salvado de la ruina si hubiesen sabido pronunciar tales palabras!

5. LA FIDELIDAD DEL AMOR
Volviendo a la parte de esta lección titulada “Causas Posibles de Naufragio”, comprenderemos que si los esposos pueden convivir sin dar origen a estas causas, su felicidad será plena y duradera. Por lo tanto, cuán en guardia hay que vivir para no dar cabida en el alma a estos destructores de la dicha conyugal. En esa misma parte de nuestra lección mencionamos la infidelidad como “la causa más común de rupturas conyugales”. Siendo así, deseamos dedicar algunas líneas a este problema que, cual cáncer moral
y social, atenta contra el mismo fundamento del matrimonio. Las relaciones extramaritales son un síntoma de que los esposos no armonizan plenamente, sea en la vida sexual, cultural o emotiva.
Esa falta de armonía crea insatisfacción, e induce a una de las partes (a veces a ambos) a buscar y a volcar el afecto en otro ser, produciéndose así el triángulo fatal del matrimonio.

En otros casos esa misma falta de armonía no se convierte en infidelidad, pero sí crea un triste abismo de separación afectiva, del cual resultan matrimonios desavenidos y desdichados.
De lo antedicho se desprende cuán importante es lograr la armonía matrimonial, ya que sobre ella descansa la misma felicidad familiar. Y si por alguna razón comenzara a resquebrajarse esa dulce armonía entre los esposos, el camino a seguir no es el distanciamiento o el buscar otros afectos, sino el conversar íntima y lealmente sobre la raíz del problema si es necesario, con algún profesional competente hasta restablecer por completo la normalidad afectiva. Procediendo de este modo cada vez que surja alguna
sombra en el corazón de los esposos, difícilmente podría producirse el adulterio.

6. REFLEXIÓN PERSONAL
¿Estoy realmente enamorado de mi esposa (o de mi esposo)?
Desde el día en que nos casamos, ¿ha crecido nuestro amor?
¿Observan nuestros hijos un trato tierno entre nosotros, o les toca ver modales y oír palabras carentes de afecto?
¿Cómo se desarrollan nuestras relaciones íntimas?
 ¿Soy realmente confidente con mi esposa (marido), como para hacer de nuestra vida una unión sagrada e íntima, sin que terceros interfieran nuestra felicidad?

La voz.org   MHP