domingo, 9 de agosto de 2020

XV. FALSOS SISTEMAS DE CURACIÓN: 78. CONTROL DE UNA MENTE SOBRE OTRA

Instrumentos que cautivan la mente.

Para cautivar la mente, se introducirán formas de corrupción similares a las que existieron entre los antediluvianos. La exaltación de la naturaleza como un dios, la desenfrenada licencia de la voluntad humana, los consejos de los impíos, son instrumentos de Satanás para alcanzar estos fines. Se valdrá del poder de una mente sobre otra para ejecutar sus planes. Lo más triste de todo es que, colocados bajo esa influencia engañosa, los hombres tendrán una apariencia de piedad sin estar en verdadera comunión con Dios. Como Adán y Eva, que comieron del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, muchos se alimentan hoy de los frutos del error.­ 3JT 271, 272 (1904).


Una ciencia peligrosa.

He hablado claramente con respecto a la ciencia peligrosa que afirma que una persona puede poner su mente bajo el control de otra. Esta ciencia es diabólica.­ Carta 130 1/2, 1901. 733


La influencia mental en el tratamiento de los enfermos.

En el tratamiento de los enfermos no debe pasarse por alto el efecto de la influencia ejercida por la mente. Aprovechada debidamente, esta influencia resulta ser uno de los agentes más eficaces para combatir la enfermedad.

Sin embargo, se afirma que hay una forma de curación mental que es de las más eficaces para el mal. Por medio de esta supuesta ciencia, se sujeta una mente a la influencia directiva de otra, de tal manera que la individualidad de la más débil queda sometida a la más fuerte. Sostiénese que cuando una persona pone en acción la voluntad de otra, el curso de los pensamientos puede modificarse, y pueden transmitirse impulsos saludables que capacitan a los pacientes para resistir y vencer la enfermedad.  Este método de curación ha sido empleado por personas que desconocían su verdadera naturaleza y tendencia, y que lo creían útil para el enfermo. Pero esta ciencia espuria está fundada en principios falsos. Es ajena a la naturaleza y al espíritu de Cristo. No conduce hacia Aquel que es vida y salvación. Quien atrae las mentes hacia sí mismo las induce a separarse de la verdadera Fuente de su fuerza.

No es propósito de Dios que ser humano alguno someta su mente y su voluntad al gobierno de otro para llegar a ser instrumento pasivo en sus manos. Nadie debe sumergir su individualidad en la de otro. Nadie debe considerar a ser humano alguno como fuente de curación. Sólo debe depender de Dios. En su dignidad varonil, concedida por Dios, debe dejarse dirigir por Dios mismo y no por entidad humana alguna.

Dios quiere poner a los hombres en relación directa consigo mismo. En su trato con los seres humanos reconoce el principio de la responsabilidad personal. Procura fomentar en ellos el sentimiento de dependencia personal y hacerle sentir la necesidad de su dirección. Desea asociar lo humano con lo divino, para que los hombres se transformen a la imagen divina. Satanás procura frustrar este propósito, y se esfuerza en alentar a los hombres a depender 734 de otros hombres. Cuando las mentes se desvían de Dios, el tentador puede someterlas a su gobierno y dominar a la humanidad.­ 

MC 185, 186 (1905).


La mente que se somete a otra quedará dañada para siempre.

No debería permitírsele a nadie que controlara la mente de otra persona, con la idea de que eso le proporcionará un gran beneficio. La cura mental es uno de los más grandes engaños que pueden practicarse con alguien. Se puede sentir un alivio temporal, pero la mente de la persona dominada nunca más será tan fuerte ni tan digna de confianza. Podemos ser tan débiles como la mujer que tocó el borde del manto de Jesús; pero si aprovechamos la oportunidad que Dios nos ha dado de acudir a él con fe, responderá tan rápidamente como lo hizo cuando se produjo ese toque de fe.

No es la voluntad de Dios que un ser humano someta su mente a la de otro. Cristo resucitado, que está sentado ahora en el trono a la diestra del Padre, es el poderoso sanador. Miren a él para recibir poder curativo. Sólo por medio de él pueden los pecadores acudir a Dios así como están. Jamás podrán lograrlo por medio de la mente de otro hombre. El ser humano jamás debe interponerse entre los agentes celestiales y los que sufren.­ Ms 105, 1901; (MM 115, 116).


Miremos a Dios, no a los hombres.

Podemos ocuparnos en algo mejor que en dominar la humanidad por la humanidad. El médico debe educar a la gente para que desvíe sus miradas de lo humano y las dirija hacia lo divino. En vez de enseñar a los enfermos a depender de seres humanos para la curación de alma y cuerpo, debe encaminarlos hacia Aquel que puede salvar eternamente a cuantos acuden a él. El que creó la mente del hombre sabe lo que esta mente necesita. Dios es el único que puede sanar. Aquellos cuyas mentes y cuerpos están enfermos han de ver en Cristo al restaurador. "Porque yo vivo ­dice­, vosotros también viviréis" (Juan 14: 19). 735

Esta es la vida que debemos ofrecer a los enfermos, diciéndoles que si creen en Cristo como el restaurador, si cooperan con él, obedeciendo las leyes de la salud y procurando perfeccionar la santidad en el temor de él, les impartirá su vida. Al presentarles así a Cristo, les comunicamos un poder, una fuerza valiosa procedente de lo alto. Esta es la verdadera ciencia de curar el cuerpo y el alma.­ 

MC 187 (1905).


Fuerza y determinación en contraposición con una mente dominada.

La disciplina de un ser humano que ha llegado a la edad del desarrollo de la inteligencia debería ser distinta de la que se aplica para domar a un animal. A éste sólo se le enseña sumisión a su amo. Para él el amo es mente, criterio y voluntad. Este método, empleado a veces en la educación de los niños, hace de ellos sólo autómatas. La mente, la voluntad y la conciencia están bajo el dominio de otro.

No es el propósito de Dios que se sojuzgue así ninguna mente. Los que debilitan o destruyen la individualidad de otras personas, emprenden una tarea que sólo puede dar malos resultados. Mientras están sujetos a la autoridad, los niños pueden parecer soldados bien disciplinados. Pero cuando cesa ese dominio exterior, se descubre que el carácter carece de fuerza y firmeza. No habiendo aprendido jamás a gobernarse, el joven no reconoce otra sujeción fuera de la impuesta por sus padres o su maestro. Desaparecida ésta, no sabe cómo usar su libertad, y a menudo se entrega a excesos que dan como resultado la ruina.­ Ed 288 (1903).


La conciencia y la individualidad no deben ser manipuladas.

En asuntos de conciencia, el alma debe ser dejada libre. Ninguno debe dominar otra mente, juzgar por otro, o prescribirle su deber. Dios da a cada alma libertad para pensar y seguir sus propias convicciones. "De manera que cada uno de nosotros dará a Dios razón de sí" (Rom. 14:12). 736

Ninguno tiene el derecho de fundir su propia individualidad en la de otro. En los asuntos donde hay principios en juego "cada uno esté asegurado en su ánimo" (Rom. 14: 5). En el reino de Cristo no hay opresión señoril ni imposición de costumbres. Los ángeles del cielo no vienen a la tierra para mandar y exigir homenaje, sino como mensajeros  de misericordia, para cooperar con los hombres en la elevación de la humanidad.­ DTG 505 (1898).

Las mentes de los hombres no deben ser manipuladas, ni enjaezadas, ni dirigidas por manos humanas Ms 43, 1895.


La individualidad debe ser ejercida.

Dios permite que cada persona ejercite su individualidad. Ninguna mente humana debe sumergirse en otra mente humana. . . Si nosotros imitáramos el ejemplo de cualquier hombre -aun el de una persona a quien, a juicio nuestro, consideráramos casi perfecta de carácter- estaríamos poniendo nuestra confianza en un ser humano imperfecto y defectuoso, que es incapaz de comunicar una jota o un tilde de perfección a otro ser humano.­ NEV 110 (1902).


Unidad sin desconocer la identidad.

Debemos unirnos ahora. . . Pero recordemos que la unidad cristiana no significa que la identidad de una persona debe quedar ocultada en la de otra, ni que la mente de alguien debe controlar la de otro. Dios no le ha dado a nadie el  poder que algunos, mediante palabras y actos, pretenden reclamar. 

El Señor quiere que cada hombre sea libre y siga las indicaciones de su palabra.­ 8T 212 (1904).


La lealtad a Dios en contraposición con la lealtad a los hombres.*

Ud. pertenece a Dios en alma, cuerpo y espíritu. Su mente pertenece al Señor, y sus talentos también. Nadie 737 tiene derecho de controlar la mente de otra persona, ni prescribirle cuál es su deber. Hay ciertos derechos que le corresponden a todo individuo que sirve al Altísimo. Nadie tiene más derecho de arrebatarnos esos privilegios que de quitarnos la vida. Dios nos ha dado libertad para pensar, y es nuestra oportunidad seguir nuestras impresiones acerca del deber. Somos sólo seres humanos, y un ser humano no tiene jurisdicción sobre la conciencia de otro... Cada uno de nosotros tiene una individualidad y una identidad que no pueden ser sometidas a la de ningún otro ser humano. 

Como individuos somos obra de Dios.­ Carta 92, 1895.


Los ministros deben conducir a sus feligreses a Dios.

Sólo Dios debe ser el guía de la conciencia del hombre. La verdad ha de ser predicada doquiera se abra una puerta de oportunidad. Hay que explicar la Palabra de Dios a los que no conocen la verdad. Esta es la obra de los ministros de Dios. No deben enseñar a los hombres a que los miren a ellos, ni tratar de controlar las conciencias de los demás. "Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. 

El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos" (Sant. 1: 5-8).­ Carta 26, 1907.


No hagamos de la carne nuestro brazo.

Propendemos a buscar simpatía y aliento en nuestro prójimo, en vez de mirar a Jesús. En su misericordia y fidelidad, Dios permite muchas veces que aquellos en quienes ponemos nuestra confianza nos chasqueen, para que aprendamos cuán vano es confiar en el hombre y hacer de la carne nuestro brazo. Confiemos completa, humilde y abnegadamente en Dios.­ MC 387 (1905). 738


Satanás controla la mente del que controla la de otros.

Abogar por la ciencia de la cura mental es abrir una puerta por la cual Satanás entrará para posesionarse de la mente y el corazón. Satanás controla tanto la mente que se somete para ser controlada por otra, como la mente que ejerce ese control. Quiera Dios ayudarnos a comprender la verdadera ciencia de la edificación en Cristo, nuestro Salvador y Redentor.­ NEV 111 (1901).


Satanás no puede dañar la mente de quienes no se entregan a él.

Los intereses más vitales para vosotros, individualmente, están bajo vuestro propio cuidado. Nadie puede dañarlos sin vuestro consentimiento. Todas las legiones satánicas no pueden haceros daño, a menos que abráis vuestra alma a las artes y dardos de Satanás. Nunca sobrevendrá vuestra ruina a menos que vosotros consintáis. Si no hay contaminación de vuestra mente, toda la contaminación que os rodea no puede mancharos.­ NEV 96 (1885).

Satanás no puede disponer de la mente o el intelecto, a menos que se lo entreguemos.­ 

6CBA 1105 (1893).


No es la fe de Jesús.

La aceptación de la verdad de origen celestial pone la mente en sujeción a Cristo. Entonces la salud del alma, que proviene de recibir y seguir los principios puros, se revela en palabras y acciones de justicia. La fe que conduce a esto no es la fe que cree en el control de una mente sobre otra, hasta el punto de que alguien haga la voluntad de otra persona. Los miembros de iglesia que confían en esta ciencia pueden ser considerados sanos en la fe, pero esa fe no es la de Jesucristo. La fe de ellos es una fe en las obras que Satanás está haciendo. Está presentando gigantescos errores, y engaña a muchos mediante los milagros que hace. El hará cada vez más esta obra. Una iglesia sana está compuesta por miembros sanos, por hombres y mujeres que tienen una experiencia personal en la verdadera piedad.­ Carta 130, 1901. 739

Mente Carácter Y Personalidad 2 (EGW).


martes, 4 de agosto de 2020

XV. FALSOS SISTEMAS DE CURACIÓN: 77. LA PSEUDOCIENCIA.

La Obra De Dios Y La Ciencia.

Los conocimientos humanos, tanto en lo que se refiere a las cosas materiales como a las espirituales, son limitados e imperfectos; de aquí que muchos sean incapaces de hacer armonizar sus nociones científicas con las declaraciones de las Sagradas Escrituras. Son muchos los que dan por hechos científicos lo que no pasa de ser meras teorías y elucubraciones, y piensan que la Palabra de Dios debe ser probada por las enseñanzas de "la falsamente llamada ciencia" (1 Tim. 6: 20). El Creador y sus obras les resultan incomprensibles; y como no pueden explicarlos por las leyes naturales, consideran la historia bíblica como si no mereciese fe. Los que dudan de la verdad de las narraciones del Antiguo y del Nuevo Testamento, dan a menudo un paso más: dudan de la existencia de Dios y atribuyen poder infinito a la naturaleza. Habiendo perdido su ancla son arrastrados hacia las rocas de la incredulidad.­ CS 576, 577 (1888).


Se necesita más que ciencia mundana.

Acudamos a la Palabra 726 de Dios en busca de dirección. Busquemos un "así dice Jehová". Ya hemos tenido bastantes métodos humanos. Una mente educada únicamente en la ciencia mundana no podrá comprender las cosas de Dios; pero la misma mente, convertida y santificada, verá el poder divino de la Palabra.  Únicamente la mente y el corazón que hayan sido purificados por la santificación del Espíritu pueden discernir las cosas celestiales.­ OE 325 (1915).


Satanás usa la psicología.

Se me mostró que tenemos que estar en guardia por todos lados y resistir con perseverancia las insinuaciones y los trucos de Satanás. Este se ha transformado en ángel de luz y está engañando a muchos y llevándolos cautivos. El provecho que saca de la ciencia de la mente humana es tremendo. En este caos, se arrastra como una serpiente, en forma imperceptible, para corromper la obra de Dios. Trata que los milagros y las obras de Cristo aparezcan como el resultado de la habilidad y el poder humanos.

Si Satanás atacara al cristianismo en forma abierta y osada, los cristianos vendrían afligidos y en agonía a los pies del Redentor, y su poderoso y fuerte Libertador pondría en fuga al audaz adversario. Por eso se transforma en ángel de luz y obra en la mente para apartarla de la única senda segura y correcta. Algunas ciencias como la frenología, la psicología y el mesmerismo son canales por los cuales se acerca más directamente a esta generación, y obra con ese poder que caracterizará sus esfuerzos hacia el fin del tiempo de prueba.­ 1T 290 (1862).


Satanás conoce muy bien la mente humana.

Durante miles de años Satanás ha estado estudiando cómo funciona la mente humana, y ha aprendido a conocerla bien. Mediante las sutiles actividades que despliega en estos últimos días, está vinculando la mente humana con la suya, llenándola de sus pensamientos. Está haciendo su obra en forma tan engañosa que los que aceptan su conducción no saben que 727 están siendo guiados por él conforme a su voluntad. El gran engañador espera confundir de tal manera las mentes de los hombres, que sólo se oiga su voz.­ 

Carta 244, 1907; (MM 111).


Nuevas teorías: interesantes pero diabólicas.

La luz de la verdad que Dios quiere que llegue a la gente de este mundo en este momento, no es la que los eruditos del mundo quieren impartir, porque estos hombres a menudo llegan a conclusiones erróneas en sus investigaciones, y como consecuencia del estudio de las obras de muchos autores, se entusiasman con teorías de origen diabólico. Satanás, revestido con el ropaje de un ángel de luz, presenta al estudio de la mente humana diversos temas que parecen muy interesantes y llenos de misterio científico. En la investigación de estos temas, se induce a los hombres a aceptar conclusiones erróneas y a unirse con espíritus seductores en la obra de proponer nuevas teorías que apartan de la verdad.­ 9T 67, 68 (1909).


Todo lo que contradice la Palabra de Dios 

es mera suposición.

Quien tenga el conocimiento de Dios y su Palabra, tendrá una fe fundamentada en la divinidad de las Sagradas Escrituras. La Biblia no debe ser sometida a la prueba de las ideas y la ciencia del hombre. Lo correcto es someter las ideas humanas a la prueba de la norma infalible. Quien actúe así sabrá que la Palabra de Dios es verdad, y que la verdad nunca se contradice; todo lo que aparezca en las enseñanzas de la así llamada ciencia, que contradiga las verdades de la revelación de Dios, será mera suposición humana.­ 

8T 325 (1904).


Una falsificación de la verdad.

Hay solamente dos bandos. Satanás obra con su poder avieso y engañoso, y valiéndose de poderosos engaños entrampa a todos los que no permanecen en la verdad, que han apartado sus oídos de ella y se han vuelto a las fábulas. Satanás mismo no permaneció 728 en la verdad; él es el misterio de iniquidad. Por medio de su sutileza da a sus errores destructores del alma la apariencia de verdad. En eso consiste el poder de sus errores: engañar. Debido a que son falsificaciones de la verdad, el espiritismo, la teosofía y otros engaños similares obtienen gran poder sobre la mente de los hombres. Esta es la obra maestra de Satanás. Pretende ser el salvador del hombre,  el benefactor de la raza humana, y así seduce más rápidamente a sus víctimas llevándolas a la destrucción.­ TM 365 (1897).


El poder embrujador de Satanás.

Los magos de los tiempos paganos equivalen a los médiums espiritistas, clarividentes y adivinos de hoy. Las místicas voces que hablaban en Endor y en Éfeso están extraviando todavía a los hijos de los hombres con palabras mentirosas. Si se descorriera el velo ante nuestros ojos, podríamos ver a los ángeles malignos empleando todas sus artes para engañar y destruir. Donde se ejerza influencia para inducir a los hombres a olvidar a Dios, allí está Satanás ejerciendo su poder hechicero. Cuando los hombres se entregan a su influencia, antes que puedan darse cuenta, su mente se ha confundido y su alma se ha contaminado. El pueblo de Dios de la actualidad debería prestar atención a la amonestación del apóstol a la iglesia de Efeso: "No participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino antes bien reprendedlas" (Efe. 5: 11).­ HAp 238, 239 (1911).


No nos aventuremos en el terreno de Satanás.

Tenemos que mantenernos cerca de la Palabra de Dios. Necesitamos sus amonestaciones y el ánimo que nos da, además de sus amenazas y promesas. Necesitamos el ejemplo perfecto ofrecido sólo en la vida y el carácter de nuestro Salvador. Los ángeles de Dios cuidarán a su pueblo mientras avanza por la senda del deber; pero no hay seguridad de esa protección para los que se aventuran en el terreno de Satanás.

El instrumento del gran engañador dirá y hará lo que sea 729 necesario para alcanzar su objetivo. Importa poco si se dice espiritista, "médico eléctrico" o "sanador magnético". Mediante pretensiones engañosas captará la confianza de los incautos. Pretenderá leer la historia de la vida y entender todas las dificultades y aflicciones de los que acuden a él.

Disfrazado de ángel de luz, mientras lleva en su corazón la negrura del abismo, manifestará gran interés por las mujeres que buscan consejo. Les dirá que todas sus dificultades se deben a un matrimonio infeliz. Esto puede ser muy cierto, pero su consejo no mejorará la situación. Les dirá que necesitan amor y simpatía. Bajo la pretensión de un gran interés por su bienestar, lanzará sus encantamientos sobre sus víctimas indefensas, embrujándolas como la serpiente al tembloroso pajarillo. Pronto estarán totalmente en sus manos, y la terrible secuela será el pecado, la desgracia y la ruina.­ CTBH 116, 1890.


"Fuerzas latentes" de la mente.

Los apóstoles de casi todas las formas de espiritismo aseveran tener el poder de curar. Atribuyen este poder a la electricidad, al magnetismo, a los remedios que obran ­dicen­ por "simpatía", o por "fuerzas latentes" en la mente humana. Y no son pocos, aun en esta era cristiana, los que se dirigen a tales curanderos en vez de confiar en el poder del Dios viviente y en la capacidad de médicos bien preparados.

La madre que vela al lado de la cama de su niño enfermo exclama: "Ya nada puedo hacer. ¿No hay médico que tenga poder para sanar a mi hijo?" Se le habla de las curaciones admirables realizadas por algún clarividente o sanador magnético, y le confía a su amado, colocándolo tan ciertamente en las manos de Satanás como si éste estuviese a su lado. En muchos casos la vida futura del niño queda dominada por un poder satánico que parece imposible quebrantar.­ PR 157 (1917).


Las corrientes eléctricas de Satanás.

Estos instrumentos satánicos pretenden curar la enfermedad. Atribuyen su poder 730 a la electricidad, al magnetismo o a los así llamados "remedios simpáticos", cuando en realidad no son más que canales de las corrientes eléctricas de Satanás. Por este medio él arroja su ensalmo sobre los cuerpos y las almas de los hombres.­ Ev 442 (1887).


Voluntad de Dios versus ganancias temporales.

Los que se entregan al sortilegio de Satanás, pueden jactarse de haber recibido gran beneficio por ello, pero ¿prueba esto que su conducta es prudente o segura? ¿Qué importa que la vida haya sido prolongada, o que se hayan obtenido o no ganancias temporales? ¿Valdrá la pena haber despreciado la voluntad de Dios? Todas estas ganancias aparentes resultarán al fin una pérdida irreparable. No podemos quebrantar con impunidad una sola barrera de las que Dios erigió para proteger a su pueblo del poder de Satanás.­ 

2JT 58 (1882).


La curiosidad atrae.

A la par que se predica el evangelio, hay agentes que trabajan y que sólo son intermediarios de los espíritus mentirosos. Muchos tratan con ellos por simple curiosidad, pero al ver pruebas de que obra un poder más que humano, quedan cada vez más seducidos hasta que llegan a estar dominados por una voluntad más fuerte que la suya. No pueden escapar de este poder misterioso.  Las defensas de su alma quedan derribadas. No tienen vallas contra el pecado. Nadie sabe hasta qué abismos de degradación puede llegar a hundirse una vez que rechazó las restricciones de la Palabra de Dios y de su Espíritu.­ DTG 223 (1898).



Ciencia Y Revelación.

Para muchos, las investigaciones científicas se han vuelto una maldición. Al permitir todo género de descubrimientos en las ciencias y en las artes, Dios ha derramado sobre el mundo raudales de luz; pero aun los espíritus más poderosos, si no son guiados en sus investigaciones por la Palabra de Dios, se extravían en sus 731 esfuerzos por encontrar las relaciones existentes entre la ciencia y la revelación.­ CS 576 (1888).


Cristo podría haber abierto las puertas de la ciencia.

Un ministro dijo cierta vez que a él le habría gustado que Cristo hubiera sabido algo acerca de las ciencias. ¿De qué estaba hablando ese ministro? ¡De las ciencias! Cristo podría haber abierto una tras otra las puertas de la ciencia. Podría haber revelado a los hombres tesoros científicos que les habrían servido de festín hasta el día de hoy. Pero como sabía que ese conocimiento habría sido empleado con propósitos impíos, no abrió esas puertas.­ 

Ms 105, 1901; (MM 116).


La educación del discipulado incluye

 negras horas de prueba.

Esa noche, en aquel barco, los discípulos asistieron a una escuela, donde recibieron su educación para la gran obra que debían hacer después. Cada cual tendrá que enfrentar oscuras horas de prueba como parte de su educación para una obra superior, para un esfuerzo más devoto y consagrado. La tormenta no fue enviada a los discípulos para hacerlos naufragar, sino como una prueba individual...

Pronto habrá terminado el tiempo destinado a nuestra educación. No tenemos tiempo que perder caminando a través de las nubes de la duda y de la incertidumbre... Debemos permanecer junto a Jesús. Que nadie... eluda una lección dura, o pierda la bendición de una disciplina severa. NEV 58 (1892). 732 2MCP/EGW