martes, 13 de febrero de 2018

XII). LA TRANSFORMACIÓN DEL TEMPERAMENTO: 61. Función Vital De Las Leyes De Dios


1. EL DECÁLOGO
El conocimiento de la culpa.-
Dios no quería que nuestros primeros padres tuvieran conocimiento de la culpa. Cuando ellos aceptaron los asertos de Satanás, que eran falsos, entraron en nuestro mundo la desobediencia y la transgresión. Esta desobediencia a la orden expresa de Dios, el hecho de creer las mentiras de Satanás, abrió las compuertas del mal sobre el mundo.­ RH, 5 de abril de 1898.

La naturaleza se debilitó.-
La transgresión de la Ley de Dios dejó desgracia y muerte en su estela. Por la desobediencia se pervirtieron las facultades del hombre, y el egoísmo reemplazó al amor. Su naturaleza se debilitó de tal manera, que le resultó imposible resistir el poder del mal; el tentador vio que se cumplía su propósito de estorbar el plan divino de la creación del hombre y de llenar la tierra de miseria y desolación. Los hombres habían elegido a un gobernante que los encadenaba como cautivos a su carro.­ CM 33 (ed. PP); 30 (ed. ACES) (1913).

La Ley de Dios es fácil de comprender.-
No hay misterio 584 en la Ley de Dios. La inteligencia más débil puede captar estas reglas para regular la vida y formar el carácter de acuerdo con el Modelo divino. Si los hijos de los hombres se dispusieran a obedecer esta Ley en la mayor medida de su posibilidad, obtendrían fuerza intelectual y capacidad de discernimiento para comprender mejor los propósitos y planes de Dios. Y este progreso no sólo se produciría durante esta vida presente, sino que continuaría durante las edades eternas.­ RH, 14 de setiembre de 1886. 

Maravillosa en su sencillez.-
¡Cuán maravillosa es la Ley de Jehová en su sencillez, su amplitud y su perfección! En los propósitos y los fines de Dios hay misterios que la mente finita es incapaz de comprender. Y porque no podemos sondear los secretos de la sabiduría infinita y de su poder, nos llenamos de reverencia frente al Altísimo.­ RH, 14 de setiembre de 1886.

Perfecta armonía entre la Ley y el evangelio.-
Hay perfecta armonía entre la Ley de Dios y el evangelio de Jesucristo. "Yo y el Padre una cosa somos" dijo el gran Maestro. El evangelio de Cristo es la buena nueva de su gracia, por medio de la cual el hombre puede ser liberado de la condenación del pecado y capacitado para obedecer la Ley de Dios. El evangelio señala hacia el código moral como regla de vida. Esa Ley, mediante sus demandas de una obediencia sin desviaciones, le muestra continuamente al pecador el evangelio del perdón y la paz.
Dice el gran apóstol: "¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley" (Rom. 3: 31). Y de nuevo declara que "la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno" (Rom. 7: 12). Establecer amor supremo a Dios y un amor igual a nuestros semejantes es indispensable, a la vez, para la gloria de Dios y la felicidad de los humanos.­ RH, 27 de setiembre de 1881. 585

Una regla completa para la vida.-
Dios le ha dado al hombre en su Ley una regla completa para la vida. Si obedece, vivirá por ello, mediante los méritos de Cristo. Si la transgrede, ella tiene poder para condenar. La Ley orienta a los hombres a Cristo, y Cristo les señala la Ley.­ NEV 140 (1885).

Amplia en sus requerimientos.-
La Ley de Dios, tal como se presenta en las Escrituras, es amplia en sus requerimientos. Cada principio es santo, justo y bueno. Ella impone a los hombres obligaciones frente a Dios. Alcanza hasta los pensamientos y sentimientos, y producirá una convicción de pecado en quien esté persuadido de haber transgredido sus requerimientos. Si la Ley abarcara sólo la conducta externa, los hombres no serían culpables de sus pensamientos, deseos y designios erróneos. Pero ella requiere que el alma misma sea pura y la mente santa, que los pensamientos y sentimientos estén de acuerdo con la norma de amor y justicia.­ 1MS 248 (1898). 

Sólo el hombre es desobediente.-
El hombre por sí mismo es desobediente a las leyes de Jehová. Cuando el Señor ordena a la naturaleza que dé testimonio de las cosas que él ha hecho, ésta instantáneamente testifica de la gloria de Dios.­ 3CBA 1162 (1898).

Todos debemos conformarnos a la Ley de Dios.-
Cristo vino para dar un ejemplo de perfecta conformidad con la Ley de Dios, tal como se requiere de todos, desde Adán, el primer hombre, hasta el último hombre que viva en la tierra. Declaró que su misión no consistía en destruir la Ley sino en cumplirla mediante una perfecta y cabal obediencia. De esa manera la magnificó y engrandeció. Por medio de su vida manifestó su naturaleza espiritual. A la vista de los seres celestiales, de los mundos que no han caído y de un mundo desobediente, desagradecido e impío, él cumplió los abarcantes principios de la Ley. 586
Vino para demostrar el hecho de que la humanidad, aliada por la fe con la divinidad, puede guardar los Mandamientos de Dios. Vino para poner en claro el carácter inmutable de la Ley de Dios, para declarar que la desobediencia y la transgresión nunca serán premiadas con la vida eterna. Vi no como hombre a la humanidad, para que ésta pudiera tocar la humanidad, mientras la Divinidad se aferraba del trono del Altísimo.
Pero en ningún caso vino para disminuir la obligación del hombre de ser perfectamente obediente. No destruyó la validez de las Escrituras del Antiguo Testamento. Cumplió lo que había sido predicho por Dios mismo. Vino, no para liberar a los hombres de los requerimientos de la ley, sino para abrir un camino por medio del cual pudieran obedecer esa Ley y enseñar a otros a hacer lo mismo.­ RH, 15 de noviembre de 1898.

Dios no anula su Ley.-
El Señor no salva a los pecadores por medio de la abrogación de su Ley, fundamento de su gobierno en el cielo y en la tierra. Dios es juez y guardián de la justicia. La transgresión de su Ley en una sola instancia, en el más pequeño detalle, es pecado. El Altísimo no puede dejar a un lado su Ley ni descartar el más pequeño de los Mandamientos para perdonar el pecado. La justicia, la excelencia moral y la Ley deben ser sostenidas y vindicadas delante del universo celestial. Y esa santa Ley no podía ser avalada por un precio menor que la muerte del Hijo de Dios.­ RH, 15 de noviembre de 1898.
Las leyes de Dios no fueron anuladas por él.-
Dios no anula sus leyes. No obra contrariamente a ellas. No deshace la obra del pecado: la transforma. Por medio de su gracia, la maldición se convierte en bendición.­Ed 148 (1903).

2. LA LEY DE DIOS EN EL MUNDO FÍSICO
Leyes que surgen del amor.-
Las leyes de Dios se fundan 587 en una inmutable rectitud, y han sido conformadas para promover la felicidad de los que las obedecen.­ HHD 269 (1888).
Los principios que cada instrumento humano debe obedecer fluyen del corazón de amor infinito.­ 2MS 247 (1893).

La ley del servicio.-
Los seguidores de Cristo han sido redimidos para servir. Nuestro Señor enseña que el verdadero objeto de la vida es el ministerio. Cristo mismo fue obrero, y a todos sus seguidores les presenta la ley del servicio, el servicio a Dios y a sus semejantes. Aquí Cristo presenta al mundo un concepto más elevado acerca de la vida de lo que jamás ellos habían conocido. Mediante una vida de servicio en favor de otros, el hombre se pone en íntima relación con Cristo. La ley del servicio viene a ser el eslabón que nos une a Dios y a nuestros semejantes.­ PVGM 262 (ed. PP); 228 (ed. ACES) (1900).

La ley establece que nadie vive para sí mismo.-
Bajo la dirección de Dios, Adán debía quedar a la cabeza de la familia terrenal y mantener los principios de la familia celestial. Ello habría ocasionado paz y felicidad. Pero Satanás estaba resuelto a oponerse a la ley de que nadie "vive para sí" (Rom. 14: 7). El deseaba vivir para sí. Procuraba hacer de sí mismo un centro de influencia. Eso incitó la rebelión en el cielo, y la aceptación de este principio de parte del hombre trajo el pecado a la tierra. Cuando Adán pecó, el hombre quedó separado del centro ordenado por el cielo. El demonio vino a ser el poder central del mundo. Donde debía estar el trono de Dios, Satanás colocó el suyo. El mundo trajo su homenaje, como ofrenda voluntaria, a los pies del enemigo.­ CM 33 (ed. PP); 29, 30 (ed. ACES) (1913).

Enseñad a los niños a obedecer las leyes de la naturaleza y de la revelación.-
Vosotros que tenéis sobre vuestro corazón el bien de vuestros hijos y queréis verlos crecer con gustos y apetitos no pervertidos, debéis abriros paso con perseverancia y urgencia contra los sentimientos y las prácticas 588 populares. Si queréis prepararlos para ser útiles sobre la tierra y obtener la recompensa eterna en el reino de gloria, debéis enseñarles a obedecer las leyes de Dios, manifestadas tanto en la naturaleza como en la revelación, en vez de seguir las costumbres del mundo.­ Te 139 (1883).

Remedio para la delincuencia juvenil.-
Si los padres y las madres hubieran seguido las indicaciones dadas por Cristo, no leeríamos ni oiríamos ahora de pecados y crímenes cometidos no sólo por adultos, sino incluso por jóvenes y niños. Las malas condiciones de la sociedad existen porque los padres no han prestado atención a esta instrucción, y no adiestraron ni educaron a sus hijos para que respetaran y honraran los santos mandatos de Dios.
Hasta los maestros religiosos han dejado de presentar la elevada norma por medio de la cual se mide el carácter, porque se ha cesado de respetar los preceptos que Dios ha dado, que son santos, justos y buenos. Los hombres han asumido la responsabilidad de erigir una norma en armonía con sus propias ideas, y así se ha deshonrado la ley de Jehová. Por eso la iniquidad es tan grande, y se ha difundido tanto. Por eso nuestros días están asemejándose a los de Noé y Lot.­ RH, 2 de mayo de 1893.

Relación entre la ley moral y las leyes físicas.-
Hay una íntima relación entre la ley moral y las leyes que Dios ha establecido en el mundo físico. Si los hombres fueran obedientes a la Ley de Dios, y pusieran en práctica en sus vidas los principios de sus diez preceptos, las normas de justicia que enseñan serían una salvaguardia contra los malos hábitos. Pero como por la complacencia del apetito pervertido su virtud ha declinado, se han debilitado como consecuencia de sus propias costumbres inmorales y la violación de las leyes físicas.
El sufrimiento y la angustia que vemos por todas partes, la deformidad, la decrepitud, la enfermedad y la imbecilidad que inundan ahora el mundo, hacen de él un lazareto 589 en comparación con lo que podría haber sido, inclusive ahora, si se obedeciera la ley moral que Dios ha implantado en nuestro ser. Por su persistente violación de estas leyes, el hombre ha agravado muchísimo los males resultantes de la transgresión del Edén.­ RH, 11 de febrero de 1902. 

La ley de la administración divina.-
El cristiano debe ser de beneficio para los demás. De ese modo, él también recibe beneficio. "El que saciare, él también será saciado" (Prov. 11: 25). Esta ley es la ley de la administración divina, una ley por medio de la cual Dios determina que se mantengan las corrientes de la beneficencia, así como las aguas del gran abismo, en constante circulación, regresan perpetuamente a su fuente. En el cumplimiento de esta ley se encuentra el poder de las misiones cristianas.­ 7T 170 (1902).

Leyes que gobiernan la naturaleza física.-
En la providencia de Dios, las leyes que gobiernan nuestra naturaleza física, con las sanciones que resultan de su violación, se han expuesto con tanta claridad, que los seres inteligentes las pueden entender, y todos están bajo la más solemne obligación de estudiar este tema y vivir en armonía con la ley natural. Deben exponerse los principios de la salud, y la mente del público debe ser intensamente sacudida por esta investigación.- RH, 11 de febrero de 1902.

Los hábitos físicos correctos promueven la superioridad mental. La potencia intelectual, el vigor físico y la duración de la vida dependen de leyes inmutables. El Dios de la naturaleza no se interpondrá para preservar a los hombres de las consecuencias de la violación de los requerimientos de la naturaleza. El que lucha por el señorío debe ser temperante en todas las cosas. La claridad mental y la firmeza de propósito de Daniel, su poder para adquirir conocimientos y resistir la tentación, se debían en extenso grado a la sencillez de su régimen alimentario, en relación con su vida de oración.­ MJ 240 (1903). 590

La siembra y la cosecha.-
En las leyes por las cuales Dios rige la naturaleza, el efecto sigue a la causa con certeza infalible. La siega testificará de lo que fue la siembra.- El obrero perezoso será condenado por su obra. La cosecha testifica contra él. Así también en las cosas espirituales: se mide la fidelidad de cada obrero por los resultados de su obra. El carácter de su obra, sea él diligente o perezoso, se revela por la cosecha. Así se decide su destino para la eternidad.­ PVGM 62 (ed. PP); 56 (ed. ACES) (1900).

Hay quienes creen solamente en lo que entienden.-
Hay hombres que declaran orgullosamente que sólo creen en lo que entienden. Pero la insensatez de su pretendida sabiduría resulta evidente para toda mente capaz de pensar. Hay misterios en la vida humana y en las manifestaciones del poder de Dios sobre las obras de la naturaleza, que ni la filosofía más profunda ni la investigación más amplia podrán explicar jamás.­ RH, 14 de setiembre de 1886.

3. OTRAS LEYES
Ley de la acción obediente.-
La actividad acrecienta la fuerza. En el universo de Dios reina perfecta armonía. Todos los seres celestiales están en constante actividad; y el Señor Jesús nos dio a todos un ejemplo de la obra de su vida. Anduvo "haciendo bienes". Dios ha establecido la ley de la acción obediente. Todas las cosas creadas ejecutan callada pero incesantemente la obra que les fue señalada. El océano está en continuo movimiento. La naciente hierba que hoy es y mañana es arrojada en el horno, cumple su encargo vistiendo de hermosura los campos. Las hojas se mueven sin que mano alguna las toque. El sol, la luna y las estrellas cumplen útil y gloriosamente su misión.­ NB 95, 96 (1915).

Dominio universal de la ley
Toda la naturaleza se ilumina 591 para aquel que aprende así a interpretar sus enseñanzas; el mundo es un libro de texto; la vida, una escuela. La unidad del hombre con la naturaleza y con Dios, el dominio universal de la ley, los resultados de la transgresión, no pueden dejar de hacer impresión en la mente y modelar el carácter.­ Ed 100 (1903).

Transgredir las leyes de la naturaleza es transgredir las leyes de Dios.-
Una transgresión constante de las leyes de la naturaleza es una transgresión constante de la ley de Dios. Si los hombres hubieran sido siempre obedientes a los Diez Mandamientos, y hubieran puesto en práctica en sus vidas los principios de esos preceptos, no existiría la corriente de enfermedad que ahora inunda el mundo.­ CTBH 8, 1890; (CH 20).

La transgresión produce sufrimiento mental y físico.-
La naturaleza levanta su protesta contra toda transgresión de las leyes de la vida. Soporta el abuso tanto como puede pero finalmente llega la retribución, y entonces sufren las facultades mentales y físicas. Y el castigo no recae sólo sobre el transgresor; los efectos de la complacencia se echan de ver en su descendencia, y de este modo el mal pasa de una generación a la otra.
Muchos se quejan de la Providencia cuando sus amigos sufren o son llevados por la muerte; pero no es el plan de Dios que los hombres y las mujeres soporten vidas de sufrimiento y mueran prematuramente con su tarea inconclusa. Dios quiere que vivamos la plena medida de nuestros días, con cada órgano en condición de salud, cada cual llevando a cabo su tarea asignada. Es injusto acusar al Señor de resultados que en muchos casos son consecuencia de la propia transgresión, por parte del individuo, de la ley natural.­ RH, 11 de febrero de 1902.

Respuesta Al Deísmo.-
Muchos enseñan que la materia posee poderes vitales; que se le impartieron ciertas propiedades 592 y luego se la dejó actuar mediante su propia energía inherente; que las operaciones de la naturaleza se llevan a cabo en conformidad con leyes fijas, en las cuales Dios mismo no puede intervenir. Esta es una ciencia falsa, y no está respaldada por la Palabra de Dios. La naturaleza es la sierva de su Creador. Dios no anula sus leyes, ni tampoco obra contrariándolas: las usa continuamente como sus instrumentos. La naturaleza atestigua que hay una inteligencia, una presencia y una energía activa, que obran dentro de sus leyes y mediante ellas. Existe en la naturaleza la acción del Padre y del Hijo. Cristo dice "Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro" (Juan 5: 17).­ PP 106, 107 (1890).

La obediencia trae felicidad.-
Al mismo tiempo que aprenden [los estudiantes] a estudiar lecciones que enseñan todas las cosas creadas y todas las circunstancias de la vida, muéstreseles que las mismas leyes que rigen las cosas de la naturaleza y los sucesos de la vida deben regirnos a nosotros; que son promulgadas para nuestro bien; y que únicamente obedeciéndolas podemos hallar felicidad y éxito verdaderos.­ Ed 103 (1903).

Los abarcantes principios de la Ley.-
En sus enseñanzas, Cristo mostró cuán abarcantes son los principios de la Ley pronunciados desde el Sinaí. Hizo una aplicación viviente de aquella Ley cuyos principios permanecen para siempre como la gran norma de justicia: la norma por la cual serán juzgados todos en aquel gran día, cuando el juez se siente y se abran los libros. El vino para cumplir toda justicia y, como cabeza de la humanidad, para mostrarle al hombre que puede hacer la misma obra, haciendo frente a cada especificación de los requerimientos de Dios. Mediante la medida de su gracia proporcionada al ser humano, nadie debe perder el cielo. Todo el que se esfuerza, puede alcanzar la perfección del carácter. Esto se convierte en el fundamento mismo del nuevo pacto del evangelio. La Ley de Jehová 593 es el árbol. El evangelio está constituido por las fragantes flores y los frutos que lleva.­ 1MS 248, 249 (1898).

La más elevada sensación de libertad.-
En la obra de la redención no hay compulsión. No se emplea ninguna fuerza exterior. Bajo la influencia del Espíritu de Dios, el hombre está libre para elegir a quien ha de servir. En el cambio que se produce cuando el alma se entrega a Cristo, hay la más completa sensación de libertad. La expulsión del pecado es la obra del alma misma. Por cierto, no tenemos poder para librarnos a nosotros mismos del dominio de Satanás; pero cuando deseamos ser libertados del pecado, y en nuestra gran necesidad clamamos por un poder exterior y superior a nosotros, las facultades del alma quedan dotadas de la fuerza divina del Espíritu Santo y obedecen los dictados de la voluntad, en cumplimiento de la voluntad de Dios.­ DTG 431, 432 (1898). 594   2MCP EGW

jueves, 19 de octubre de 2017

XII. LA TRANSFORMACIÓN DEL TEMPERAMENTO: 60. “Conflicto Y Conformidad”

 

Los conflictos correctamente enfrentados desarrollan firmeza.
La vida espiritual se fortalece con el conflicto. Las pruebas, cuando se las sobrelleva bien, desarrollan la firmeza de carácter y las preciosas gracias espirituales. El fruto perfecto de la fe, la mansedumbre y el amor, a menudo maduran mejor entre las nubes tormentosas y la oscuridad.­ PVGM 41 (ed. PP); 37 (ed. ACES) (1900). 

Estamos librando una guerra.
 No nos hallamos empeñados en combates ficticios. Libramos un combate del que de penden resultados eternos. Tenemos que habérnoslas con enemigos invisibles. Ángeles malignos luchan por dominar a todo ser humano.­ MC 90 (1905). 

Los conflictos no son creados por Cristo.
 Estamos viviendo en un tiempo solemne. Se debe hacer una obra importante en favor de nuestras almas y de las demás; en caso contrario haremos frente a una pérdida infinita. Debemos ser transformados por la gracia de Dios, o perderemos el cielo, y por nuestra influencia otros lo perderán junto con nosotros. 576 Permítanme asegurarles que las luchas y los conflictos que tenemos que soportar al tratar de cumplir nuestro deber, la abnegación y los sacrificios que debemos manifestar si somos fieles a Cristo, no son obra suya. No son impuestos como resultado de una orden arbitraria o innecesaria; no provienen de la austeridad de la vida que él requiere que practiquemos en su servicio. Habría pruebas mayores y más difíciles si rehusáramos obedecer a Cristo y nos convirtiéramos en siervos de Satanás y esclavos del pecado.­ 4T 557, 558 (1881). 

La vida es un conflicto. 
La vida es un conflicto, y tenemos un enemigo que nunca duerme. El está vigilando constantemente para destruir nuestras mentes y desviarnos de nuestro precioso Salvador, quien dio su vida por nosotros.­ NB 321 (1915). 

Preparación del alma para la paz.
El Señor permite los conflictos a fin de preparar el alma para la paz.­ CS 691 (1888). La experiencia religiosa se obtiene sólo por medio de conflictos.- Con energía y fidelidad los jóvenes deben arrostrar las exigencias que se les hacen; y eso será una garantía de éxito. Los jóvenes que nunca hayan triunfado en los deberes temporales de la vida estarán igualmente sin preparación para dedicarse a los deberes superiores. La experiencia religiosa se obtiene solamente por el conflicto, por los chascos, por severa disciplina propia y por la oración ferviente. Los pasos que llevan hacia el cielo deben darse uno a la vez; y cada paso nos da fuerza para el siguiente. ­ CM 96, 97 (ed. PP); 79 (ed. ACES) (1913). 

Felicidad ahora mismo.
Yo no espero recibir toda mi felicidad en el más allá. Experimento felicidad ya a lo largo de mi camino. Sin embargo tengo pruebas y aflicciones; pero fijo la mirada en Jesús. Es en los lugares estrechos y difíciles 577 les donde él está precisamente a nuestro lado. Podemos comulgar con él y colocar nuestras cargas sobre Aquel que las lleva todas y decir: "Oh Señor, no puedo llevar por más tiempo estas cargas". Entonces él nos dice: "Mi yugo es fácil, y ligera mi carga" (Mat. 11: 30). ¿Lo creéis? Yo lo he probado. Yo lo amo; lo amo. Veo en él un encanto inigualable. Y deseo alabarlo en el reino de Dios.­ NB 321 (1915). 

Dos principios antagónicos.
 El reino de Dios viene sin manifestación exterior. El evangelio de la gracia de Dios, con su espíritu de abnegación, no puede nunca estar en armonía con el espíritu del mundo. Los dos principios son antagónicos. "Mas el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura; y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente" (1 Cor. 2: 14).­ DTG 470 (1898).

 No nos conformemos a los principios y costumbres del mundo.  
Como Israel, los cristianos ceden a menudo a la influencia del mundo, y se amoldan a sus principios y costumbres para ganar la amistad de los impíos; pero al fin se verá que estos supuestos amigos son sus enemigos más peligrosos. La Biblia enseña clara y expresamente que no puede haber armonía entre el pueblo de Dios y el mundo. "Hermanos míos, no os maravilléis si el mundo os aborrece" (1 Juan 3:13). Nuestro Salvador dice: "Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me aborreció antes que a vosotros" (Juan 15: 18). Satanás obra por medio de los impíos, bajo el disfraz de una presunta amistad, para seducir a los hijos de Dios y hacerlos pecar, a fin de separarlos de él, y una vez eliminada la defensa de ellos, inducirá a sus agentes a volverse contra ellos y procurar su destrucción.­ PP 602 (1890). 

Fuego común y fuego sagrado.
 La verdad de Dios no ha sido magnificada en su pueblo creyente, porque no la han incorporado a su experiencia personal. Se conforman al 578 mundo y dependen de él para ejercer influencia. Permiten que el mundo los convierta, e introducen el fuego común para que tome el lugar del fuego sagrado con el fin de poder alcanzar la norma del mundo en su obra. No habría que hacer esos esfuerzos para imitar las costumbres del mundo. Ese es fuego común; no sagrado. El pan vivo no sólo debe ser admirado: también hay que comerlo. Ese pan que desciende del cielo da vida al alma. Es la levadura que absorbe todos los elementos del carácter para unirlos con el carácter de Cristo, y le da forma a todas las discutibles tendencias heredadas y cultivadas para que adquieran la semejanza divina.­ Ms 96, 1898. 

Cristo y la conformidad.
 ¡Qué maravillosa es la obra de la gracia en el corazón humano! Da sabiduría al ser humano para que use los talentos, que son los medios, no para la complacencia propia sino para la abnegación, a fin de impulsar la obra misionera. Cristo, el Hijo de Dios, fue un misionero enviado a nuestro mundo. El dice: "Si alguien quiere seguirme, deje todo atrás". Uds. no pueden amarlo si copian las modas del mundo y disfrutan de la compañía de los mundanos.­ Carta 238, 1907. 

La conformidad con el mundo rebaja las normas.
 Al conformarse la iglesia a las costumbres del mundo, se vuelve mundana; pero esa conformidad no convierte jamás al mundo a Cristo. A medida que uno se familiariza con el pecado, éste aparece inevitablemente menos repulsivo. El que prefiere asociarse con los siervos de Satanás dejará pronto de temer al señor de ellos. Cuando somos probados en el camino del deber, cual lo fue Daniel en la corte del rey, podemos estar seguros de la protección de Dios; pero si nos colocamos a merced de la tentación, caeremos tarde o temprano.­ 
CS 563 (1888). 

La conformidad con el mundo pervierte gradualmente los principios correctos.
 La conformidad con el mundo le está 579 haciendo perder su identidad a nuestro pueblo. La perversión de los principios rectos no se ha producido repentinamente. El ángel del Señor me presentó este asunto por medio de símbolos. Me parecía como si un ladrón se estuviera acercando sigilosamente cada vez más, en forma gradual pero segura, para robar la identidad de la obra de Dios al inducir a nuestros hermanos a conformarse con las costumbres del mundo. La mente del hombre ha ocupado el lugar que por derecho le pertenece a Dios. No importa qué cargo desempeñe un hombre, no importa cuán exaltada sea su posición, debería obrar como Cristo lo haría si estuviera en su lugar. En cada aspecto de la obra que él lleve a cabo, en sus palabras y en su carácter, debería ser semejante a Cristo.­ Ms 96, 1902. 

Unidad sí, pero no a costa de la conformidad con el mundo.  
Algunos que profesan ser leales a la ley de Dios se han apartado de la fe y han humillado a su pueblo hasta el polvo, presentándolo como si fuera uno de los mundanos. Dios ha visto esto, y ha tomado nota de ello. Ha llegado el tiempo cuando, no importa cuánto cueste, debemos ocupar el puesto que Dios nos ha asignado. Los adventistas del séptimo día debemos estar de pie ahora, separados y diferentes, un pueblo al cual el Señor llama suyo. Mientras no lo hagan, Dios no será glorificado por ellos. La verdad y el error no pueden permanecer en sociedad. Ubiquémonos donde el Señor nos ha dicho que debemos estar... Debemos luchar por la unidad pero no descender al nivel inferior de la conformidad con los procedimientos del mundo y la unión con las iglesias populares.­ Carta 113, 1903. 

Una línea de demarcación.
La Iglesia Adventista del Séptimo Día necesita una obra de reforma profunda y cabal. No se debe permitir que el mundo corrompa los principios del pueblo que guarda los Mandamientos de Dios. Los 580 creyentes deben ejercer una influencia que dé testimonio del poder de los principios celestiales. Quienes se unen con la iglesia deben dar evidencia de un cambio de principios. A menos que esto se haga, a menos que se preserve cuidadosamente la línea de demarcación entre la iglesia y el mundo, el resultado será la asimilación de éste. Nuestro mensaje para la iglesia y nuestras instituciones es: "arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado" (Mat. 3: 2). Hay que atesorar los atributos del carácter de Cristo, y éstos deben ser un poder en las vidas del pueblo de Dios.­ Ms 78, 1905. 

La costumbre está en guerra con la naturaleza.
 Nuestra civilización artificial fomenta males que anulan los sanos principios. Las costumbres y modas están en pugna con la naturaleza. Las prácticas que imponen, y los apetitos que alientan, aminoran la fuerza física y mental y echan sobre la humanidad una carga insoportable. Por doquiera se ven intemperancia y crímenes, enfermedad y miseria.­ MC 87 (1905). 

Una costumbre puede ser adoptada cuando no viola los principios. 
Cuando las costumbres de la gente no entran en conflicto con la Ley de Dios, ustedes pueden conformarse a ellas. Si los obreros no actúan así, no solamente estorbarán su propio trabajo, sino que pondrán obstáculos en el camino de aquellos por quienes trabajan, y les impedirán que acepten la verdad.­ RH, 6 de abril de 1911.

 Ruego a nuestros hermanos que se conduzcan cuidadosa y circunspectamente delante de Dios. Sigan las costumbres en el vestido mientras estén de acuerdo con los principios de salud. Nuestras hermanas vístanse sencillamente, como muchas lo hacen; que el vestido sea de material bueno y durable, apropiado para su edad; y que la cuestión del vestido no llene sus mentes. Nuestras hermanas debieran vestirse con sencillez, con ropa modesta, con 581 pudor y sobriedad. Dad al mundo una ilustración viviente del adorno interno de la gracia de Dios.­ CN 388 (1897). 

Separados de las costumbres del mundo.
 Así como Dios dio a conocer su voluntad a los cautivos hebreos, que se habían apartado de las costumbres y prácticas de un mundo que yacía en maldad, comunicará el Señor la luz del cielo a todos los que aprecien un "Así dice Jehová". A ellos les comunicará su mensaje. A los que estén menos ligados a las ideas del mundo y más separados de la ostentación, la vanidad, el orgullo y el deseo de ocupar cargos elevados, a los que se ponen de pie para ser su pueblo peculiar, celoso de buenas obras; a éstos les revelará el significado de su palabra.­ Carta 60, 1898; (CW 101, 102). 

Las razones de la inconformidad (un mensaje a los creyentes).
 ¿Por qué, como profesos cristianos, estamos mezclados con el mundo hasta el punto de perder de vista la eternidad, a Jesucristo y al Padre? ¿Por qué ­pregunto­ hay tantas familias desprovistas del Espíritu de Dios? ¿Por qué hay tantas familias que tienen tan poco de la vida, el amor y la semejanza de Jesucristo? Se debe a que no conocen a Dios. Si conocieran al Señor, si lo contemplaran por fe por medio de Jesucristo, que vino a este mundo a morir por el hombre, verían tan inmaculados encantos en el Hijo, que al contemplarlo se transformarían a su misma imagen. Ahora pueden ver el error de conformarse con el mundo.­ Ms 12, 1894. 

Los principios de la verdad deben circular por la corriente vital.  
Podemos impedir la conformidad con el mundo aferrándonos a la verdad, alimentándonos de la Palabra de Dios, de modo que sus principios circulen por toda la corriente vital e impriman esta Palabra en el carácter. Cristo nos exhorta por medio del apóstol Juan: "No améis el mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al 582 mundo, el amor del Padre no está en él" (1 Juan 2: 15). Este es un lenguaje claro, pero es la medida de Dios para el carácter de cada ser humano.­ Ms 37, 1896. 583  EGW. Mente Carácter y Personalidad 2