miércoles, 22 de mayo de 2019

XIII. LA PERSONALIDAD: 68. LAS RELACIONES SOCIALES


Un aspecto de la educación que no debe ser descuidado.
El pueblo de Dios no cultiva bastante la sociabilidad cristiana. Esta rama de la educación no debe descuidarse ni perderse de vista en nuestras escuelas.­ 2JT 438 (1900).

Las cualidades sociales son talentos.
Aquellos que poseen grandes cualidades afectivas tienen ante Dios la obligación de prodigarlas no solamente a sus amigos, sino a todos los que necesitan ayuda. Las cualidades sociales son talentos, y hay que usarlas para beneficio de todos los que están al alcance de nuestra influencia.­ PVGM 28,288 (ed. PP); 248, 249 (ed. ACES) (1900). 

No son átomos independientes.
Debe enseñarse a los alumnos que no son átomos independientes, sino que cada uno es una hebra del hilo que ha de unirse con otras para completar una tela. En ningún departamento puede darse esta instrucción con más eficacia que en el internado escolar. Es allí donde los estudiantes están rodeados diariamente de oportunidades, que si las aprovechan, les ayudarán en gran manera a desarrollar los rasgos sociales del carácter. 648
Pueden aprovechar de tal modo su tiempo y sus oportunidades que logren desarrollar un carácter que los hará felices y útiles.
Los que se encierran en sí mismos y no están dispuestos a prestarse para beneficiar a otros mediante amigable compañerismo, pierden muchas bendiciones, porque merced al trato mutuo el entendimiento se pule y refina; por el trato social se formalizan relaciones y amistades que acaban en una unidad de corazón y en una atmósfera de amor agradables a la vista del cielo.­ 2JT 438 (1900).

La importancia del trato social.
Por medio de las relaciones sociales el cristianismo se pone en contacto con el mundo. Todo hombre o mujer que haya probado el amor de Cristo y haya recibido en el corazón la iluminación divina, por pedido de Dios debe arrojar luz sobre la senda tenebrosa de los que no conocen un camino mejor. . . El poder de la sociabilidad, santificado por el Espíritu de Cristo, debe mejorar a fin de ganar almas para el Salvador.­ 
4T 555 (1881).

Las virtudes sociales deben ser cultivadas.
Sufrimos una pérdida cuando descuidamos la oportunidad de reunirnos para fortalecernos y animarnos mutuamente en el servicio de Dios. Las verdades de su Palabra pierden en nuestras mentes su vivacidad e importancia. Nuestros corazones dejan de ser alumbrados y vivificados por la influencia santificadora, y declinamos en espiritualidad. En nuestra asociación como cristianos perdemos mucho por falta de simpatía mutua. El que se encierra completamente dentro de sí mismo no está ocupando la posición que Dios le señaló. El cultivo apropiado de los elementos sociales de nuestra naturaleza nos hace simpatizar con otros y es para nosotros un medio de desarrollarnos y fortalecernos en el servicio de Dios.­ CC 101, 102 (1892).

Jesús era muy sociable.
Toda la vida del Salvador se caracterizó por la benevolencia desinteresada y la hermosura 649 de la santidad. El es nuestro modelo de bondad. Desde el comienzo de su ministerio, los hombres empezaron a comprender más claramente el carácter de Dios. Practicaba sus enseñanzas en su propia vida. Era consecuente sin obstinación, benevolente sin debilidad, y manifestaba ternura y simpatía sin sentimentalismo. Era altamente sociable, aunque poseía una reserva que inhibía cualquier familiaridad. Su temperancia nunca lo llevó al fanatismo o la austeridad. No se conformaba con el mundo, y sin embargo prestaba atención a las necesidades de los menores de entre los hombres.­ CM 249 (ed. PP); 201 (ed. ACES) (1913).

La bondad social y la dignidad humana.
A la mesa de los publicanos [Cristo] se sentaba como distinguido huésped, demostrando por su simpatía y la bondad de su trato social que reconocía la dignidad humana; y los hombres, en cuyos sedientos corazones caían sus palabras con poder bendito y vivificador, anhelaban hacerse dignos de su confianza. Despertábanse nuevos impulsos, y a estos parias de la sociedad se les abría la posibilidad de una vida nueva.­ MC 16, 17 (1905).

Jesús enseñó a los discípulos los verdaderos deberes sociales.
Cristo enseñó a sus discípulos a conducirse en compañía de otros. Les enseñó las obligaciones y reglas de la verdadera vida social, que son las mismas que aparecen en la ley del reino de Dios. Por medio de su ejemplo, enseñó a sus discípulos que cuando asistieran a cualquier reunión pública no tendrían necesidad de quedarse sin palabras. Su conversación en medio de una fiesta difería decididamente de la que se solía escuchar en los banquetes. Cada palabra que pronunciaba tenía sabor de vida para vida. Hablaba con claridad y sencillez. Sus palabras eran como manzanas de oro con figuras de plata.­ MeM 196 (1900).

No hay que renunciar a la comunión social.
El ejemplo de Cristo, al vincularse con los intereses de la humanidad, 650 debe ser seguido por todos los que predican su Palabra y por todos los que han recibido el evangelio de su gracia. No hemos de renunciar a la comunión social. No debemos apartarnos de los demás. A fin de alcanzar a todas las clases, debemos tratarlas donde se encuentran. Rara vez nos buscarán por su propia iniciativa. No sólo desde el púlpito han de ser los corazones humanos conmovidos por la verdad  divina. Hay otro campo de trabajo, más humilde tal vez, pero tan plenamente promisorio. Se halla en el hogar de los humildes y en la mansión de los encumbrados; junto a la mesa hospitalaria, y en las reuniones de inocente placer social.­ DTG 126 (1898).

La necesidad de compañerismo.
No es pequeña la privación que se experimenta cuando la gente se aleja de las reuniones del pueblo de Dios. Como hijos del Altísimo debemos estar presentes en toda reunión del Señor, donde se le pida a su pueblo que esté presente, para impartir la palabra de vida. Todos necesitan luz y toda la ayuda que puedan conseguir, a fin de que cuando hayan oído y recibido los preciosos mensajes del cielo, por medio de los instrumentos señalados por Dios, puedan estar preparados para impartir a otros la luz que se les dio.­ Carta 117, 1896.

La educación da forma a la estructura social.
La educación que se imparte a los jóvenes da forma a toda su estructura social. En todo el mundo la sociedad está en desorden, y se necesita una cabal transformación. Muchos suponen que mejores equipos educacionales, mayores talentos y métodos más modernos, arreglarán las cosas. Profesan creer en los oráculos divinos y recibirlos, y sin embargo le dan a la Palabra de Dios una ubicación subalterna en la gran estructura de la educación. Lo que debería ocupar el primer lugar se subordina a los inventos humanos.­ 
6T 150 (1900). 651

Influencia de la sociabilidad en el hogar.*
La misión del hogar se extiende más allá del círculo de sus miembros. El hogar cristiano ha de ser una lección objetiva, que ponga de relieve la excelencia de los verdaderos principios de la vida. Semejante ejemplo será una fuerza para el bien en el mundo. La influencia de un hogar verdadero en el corazón y la vida de los hombres es mucho más poderosa que cualquier sermón que se pueda predicar. Al salir de semejante hogar paterno los jóvenes enseñarán las lecciones que en él hayan aprendido. De este modo penetrarán en otros hogares principios de vida más nobles, y una influencia regeneradora obrará en la sociedad.­MC 271, 272 (1905).

La sociabilidad es un imán poderoso.
La bondad y sociabilidad cristianas son factores poderosos para ganar los afectos de la juventud.­ CM 200 (ed. PP); 161 (ed. ACES) (1902).

Se desmorona la estructura de la vida social.
La doctrina de que los hombres no están obligados a obedecer los mandamientos de Dios ha debilitado ya el sentimiento de la responsabilidad moral y ha abierto anchas compuertas para que la iniquidad anegue el mundo. La licencia, la disipación y la corrupción nos invaden como ola abrumadora. Satanás está trabajando en el seno de las familias. Su bandera flota hasta en los hogares de los que profesan ser cristianos. En ellos se ven la envidia, las sospechas, la hipocresía, la frialdad, la rivalidad, las disputas, las traiciones y el desenfreno de los apetitos. Todo el sistema de doctrinas y principios religiosos que deberían formar el fundamento y marco de la vida social, parece una mole tambaleante a punto de desmoronarse en ruinas. 
CS 642, 643 (1888).

Los estatutos divinos impiden la injusticia social.
Dios 652 quería poner freno al amor excesivo a los bienes terrenales y al poder. La acumulación continua de riquezas en manos de una clase, y la pobreza y degradación de otra clase, eran cosas que producían grandes males. El poder desenfrenado de los ricos resultaría en monopolio, y los pobres, aunque en todo sentido tuvieran tanto valor como aquéllos a los ojos de Dios, serían considerados y tratados como inferiores a sus hermanos más afortunados.
Al sentir la clase pobre esta opresión, se despertarían en ella las pasiones. Habría un sentimiento de desesperación que tendería a desmoralizar la sociedad y a abrir la puerta a crímenes de toda índole. Los reglamentos que Dios estableció tenían por objeto fomentar la igualdad social. Las medidas del año sabático y del año de jubileo habían de corregir mayormente lo que en el intervalo se hubiera desquiciado en la economía social y política de la nación.­ 
PP 575 (1890).

Las clases sociales son una prueba para el desarrollo del carácter.
Nunca fue el propósito de Dios que no hubiera pobres en el mundo. Las clases sociales nunca llegarían a igualarse, porque la diversidad de condición que caracteriza nuestra raza es uno de los medios designados por Dios para probar y desarrollar el carácter.
Muchos han insistido con gran entusiasmo en que todos los hombres deberían participar en forma igualitaria de las bendiciones temporales de Dios, pero ése no era el propósito del Creador. Cristo dijo que a los pobres siempre los tendríamos con nosotros. Los pobres, igual que los ricos, han sido adquiridos por medio de su sangre; y entre sus profesos seguidores, en la mayoría de los casos, los primeros lo sirven con dedicación, mientras los últimos están constantemente poniendo sus afectos en los tesoros terrenales, y se olvidan de Cristo. Los cuidados de esta vida y la codicia de las riquezas eclipsan la gloria del mundo eterno. La mayor desgracia que le podría sobrevenir a la humanidad sería que todos fueran puestos en pie de igualdad en cuanto a las posesiones terrenales.­ 4T 551, 552 (1881). 653

Las clases sociales están fuera de la ley a la vista de Dios.
La religión de Cristo eleva al que la recibe a un nivel superior de pensamiento y acción, al mismo tiempo que presenta a toda la especie humana como igual objeto del amor de Dios habiendo sido comprada por el sacrificio de su Hijo. A los pies de Jesús, los ricos y los pobres, los sabios y los ignorantes, se encuentran sin diferencia de casta o de preeminencia mundanal. Todas las distinciones terrenas son olvidadas cuando consideramos a Aquel que traspasaron nuestros pecados.
La abnegación, la condescendencia, la compasión infinita de Aquel que está muy ensalzado en el cielo, avergüenzan el orgullo de los hombres, su estima propia y sus castas sociales. La religión pura y sin mácula manifiesta sus principios celestiales al unir a todos los que son santificados por la verdad. Todos se reúnen como almas compradas por sangre, igualmente dependientes de Aquel que las redimió para Dios.­ OE 345 (1915).

Remedio para los males sociales.
Josafat debió gran parte de su prosperidad como gobernante a estas sabias medidas tomadas para suplir las necesidades espirituales de sus súbditos [la designación de sacerdotes para enseñar]. Hay mucho beneficio en la obediencia a la ley de Dios. En la conformidad con los requerimientos divinos hay un poder transformador que imparte paz y buena voluntad entre los hombres. Si las enseñanzas de la Palabra de Dios ejercieran una influencia dominadora en la vida de cada hombre y mujer, y los corazones y las mentes fuesen sometidos a su poder refrenador, los males que ahora existen en la vida nacional y social no hallarían cabida. De todo hogar emanaría una influencia que haría a los hombres y mujeres fuertes en percepción espiritual y en poder moral, y así naciones e individuos serían colocados en un terreno ventajoso.­ 
PR 143 (1917).

El cultivo apropiado de las relaciones sociales produce felicidad.
A los que vivían lejos del tabernáculo la asistencia 654 a las fiestas anuales les requería más de un mes de cada año. Este ejemplo de devoción a Dios debe recalcar la importancia de los servicios religiosos y la necesidad de subordinar nuestros intereses egoístas y mundanos a los que son espirituales y eternos.  
Sufrimos una pérdida si hacemos caso omiso del privilegio de reunirnos para fortalecernos y alentarnos unos a otros en el servicio de Dios.
 Las verdades de su palabra pierden entonces para nuestra mente su vigor e importancia. Nuestro corazón deja de sentirse iluminado e inspirado por la influencia santificadora, y decae nuestra espiritualidad. En nuestro trato mutuo como cristianos perdemos mucho por carecer de simpatía unos hacia otros. El que se encierra en sí mismo no desempeña bien la misión que Dios le ha encargado. Somos todos hijos de un solo Padre y dependemos unos de otros para ser felices. Somos objeto de los requerimientos de Dios y la humanidad. Al cultivar debidamente los elementos sociales de nuestra naturaleza simpatizamos con nuestros hermanos y los esfuerzos que hacemos por beneficiar a nuestros semejantes, nos proporcionan felicidad.­ 
PP 582, 583 (1890).

Las relaciones mutuas deben ser regidas por el amor divino.
Estoy constantemente presentando la necesidad que tiene cada hombre de hacer lo mejor que pueda como cristiano, de prepararse para alcanzar el grado de crecimiento, expansión de la mente y nobleza del carácter que cada uno pueda tener. En todo lo que hagamos, debemos sostener una relación cristiana unos con otros. Debemos emplear toda la fuerza espiritual para la ejecución de planes sabios en una acción fervorosa. Los dones de Dios han de ser usados para la salvación de las almas. Nuestras relaciones mutuas no han de ser gobernadas por normas humanas; sino por el amor divino, el amor expresado en el don de Dios a nuestro mundo.­ 
CM 243 (ed. PP); 196 (ed. ACES) (1913).

Las relaciones sociales ayudan a ganar almas.
Especialmente 655 aquellos que han gustado el amor de Cristo debieran desarrollar sus facultades sociales; pues de esta manera pueden ganar almas para el Salvador. Cristo no debiera ser ocultado en sus corazones, encerrado como tesoro codiciado, sagrado y dulce, que sólo ha se ser gozado por ellos; ni tampoco debieran ellos manifestar el amor de Cristo sólo hacia aquellos que les son más simpáticos.
Se debe enseñar a los alumnos la manera de demostrar, como Cristo, un amable interés y una disposición sociable para con los que se hallan en la mayor necesidad, aun cuando los tales no sean sus compañeros preferidos. En todo momento y en todas partes, manifestó Jesús amante interés en la familia humana y esparció en derredor suyo la luz de una piedad alegre. Debe enseñarse a los estudiantes a seguir sus pisadas. Se les ha de enseñar a manifestar interés cristiano, simpatía y amor hacia sus compañeros jóvenes y a empeñarse en atraerlos a Jesús; Cristo debiera ser en sus corazones como un manantial de agua que brote para vida eterna, que refresque a todos aquellos con quienes tratan.­ 2JT 438, 439 (1900).

Todos debemos llegar a ser testigos de Jesús. 
El poder social, santificado por la gracia de Cristo, debe ser aprovechado para ganar almas para el Salvador. Vea el mundo que no estamos egoístamente absortos en nuestros propios intereses, sino que deseamos que otros participen de nuestras bendiciones y privilegios. Dejémoslo ver que nuestra religión no nos hace faltos de simpatía ni exigentes. Sirvan como Cristo sirvió, para beneficio de los hombres, todos aquellos que profesan haberle hallado.­ 
DTG 127 (1898). MCP2 EGW

miércoles, 29 de agosto de 2018

XIII. LA PERSONALIDAD: 67. LA DISPOSICIÓN


Diversidad de disposiciones.
No todos tienen los mismos talentos ni la misma disposición. Los obreros difieren en sus planes e ideas. Se necesitan diversos dones combinados para el éxito de la obra. Recordemos que algunos pueden desempeñar ciertas posiciones con más éxito que otros. El obrero que ha recibido tacto y habilidad que lo capacitan para desempeñarse en un aspecto especial de la obra, no debería culpar a los demás por no ser capaces de hacer lo que él tal vez puede hacer fácilmente. ¿Acaso no hay otras cosas que sus compañeros de trabajo pueden hacer con mucho más éxito que él?­ Ev 80 (1903).

Diferentes disposiciones, diferentes enfoques.
Toda asociación en la vida requiere el ejercicio del dominio propio, hábitos y educación, que nuestra manera de ver las cosas varía mucho. Juzgamos de modos distintos. Nuestra comprensión de la verdad, nuestras ideas acerca del comportamiento en la vida, no son idénticas en todos los aspectos. No hay dos personas cuyas experiencias sean iguales en todo detalle. Las pruebas de uno no son las de otro. Los deberes que a uno le parecen fáciles, son para otro en extremo difíciles y lo dejan perplejo.­ MC 384 (1905).  642

Diversidad de disposiciones en la familia.
Con frecuencia existen en la misma familia notables diferencias de temperamento y carácter, pues está dentro de los planes de Dios que se relacionen personas de temperamentos variados. Cuando esto sucede, cada miembro del hogar debiera considerar como sagrados los sentimientos y los derechos de los otros y debiera respetarlos. De esta manera se cultivarán la consideración mutua y la tolerancia, se suavizarán los prejuicios y se alisarán las asperezas del carácter. Si puede lograrse la armonía y la combinación de los diversos temperamentos será para beneficio mutuo.­ CN 190 (1886).

Los padres transmiten su disposición.
Tanto los padres como las madres están comprendidos en esta responsabilidad. Ambos padres transmiten a sus hijos sus propias características, mentales y físicas, su temperamento y sus apetitos.­
PP 604 (1890).

Disposiciones heredadas.
Dios quiere que nos ayudemos mutuamente mediante la manifestación de simpatía y amor abnegado. Hay quienes han heredado caracteres y disposiciones peculiares. Son difíciles de tratar, pero, ¿somos perfectos nosotros? No se los debe desanimar. No debemos hacer de sus errores una propiedad común. Cristo se compadece y ayuda a los que comenten errores de juicio. Sufrió la muerte por cada hombre, y por eso mismo tiene un interés personal y profundo por todo ser humano.­ 
9T 222 (1909).

Hagamos que nuestra disposición sea dulce.
"Velad y orad", es una orden a menudo repetida en las Escrituras. En la vida de los que obedezcan esta orden, habrá una subcorriente de felicidad, que beneficiará a todos aquellos con quienes traten. Los que tienen una disposición agria e irritable, se volverán buenos y amables; los orgullosos se volverán mansos y humildes.­ 
CM 279 (ed. PP); 224 (ed. ACES) (1913). 643

La regularidad y el orden mejoran la disposición.
Si los jóvenes forman hábitos de regularidad y orden, mejorarán en salud, en energía, en memoria y en carácter.­ CN 104 (1897).

La disposición puede ser modificada.
Dada su misericordia, el Señor revela a los hombres sus defectos ocultos. Él quiere que los seres humanos examinen con espíritu crítico las complejas emociones y móviles de su propio corazón, y disciernan lo que está mal, modifiquen su manera de ser y refinen sus modales. Dios anhela que sus siervos conozcan su propio corazón. Para que éstos puedan darse cuenta a ciencia cierta de su situación, el Señor permite que se vean sometidos al fuego de la aflicción, y así se purifiquen.­ 
MeM 94 (1894).

La disposición lúgubre socava la eficiencia del maestro.
Más que nadie, el encargado de educar a los jóvenes debe precaverse contra el ceder a una disposición sombría o lóbrega; porque ella le impedirá simpatizar con sus alumnos, y sin simpatía no puede beneficiarlos. No debemos oscurecer nuestra propia senda o la ajena con la sombra de nuestras pruebas. Tenemos un Salvador a quien recurrir, en cuyo oído compasivo podemos volcar toda queja. Podemos confiarle todos nuestros cuidados y preocupaciones, y entonces nuestra labor no parecerá difícil ni severas nuestras pruebas.­ 
CM 221, 222 (ed. PP); 178 (ed. ACES) (1913).

Combinemos la simpatía con la integridad.
La religión de Jesús ablanda cuanto haya de duro y brusco en el genio, y suaviza los modales toscos y violentos. Hace amables las palabras y atrayente el porte. Aprendemos de Cristo a combinar la pureza y la integridad con una disposición alegre. Un cristiano bondadoso y cortés es el argumento más poderoso que se pueda presentar en favor del cristianismo.­ OE 128 (1915). 644

La alimentación inadecuada malogra la disposición.
Muchos echan a perder su ánimo o disposición comiendo en forma impropia. Debemos ser tan cuidadosos para aprender las lecciones de la reforma pro salud como lo somos para tener nuestros estudios perfectamente preparados; porque los hábitos que adoptamos en este sentido ayudan a formar nuestro carácter para la vida futura. Es posible que uno eche a perder su experiencia espiritual por un mal uso del estómago.­ CRA 150 (1908).

El consumo de carne produce una disposición irritable.
Dios no sustrajo la carne de la alimentación de los hebreos en el desierto simplemente para mostrar su autoridad, sino para su bien, para que pudieran preservar su fortaleza física y moral. Él sabía que el uso del alimento animal fortalece las pasiones animales y debilita el intelecto. Sabía que la satisfacción del apetito de los hebreos mediante la carne debilitaría sus facultades morales, y los pondría en una disposición irritable tal que la vasta multitud llegaría a ser insubordinada, perdería el alto sentido de sus obligaciones morales y rehusaría ser legislada por las sabias leyes de Jehová.­ Te 141, 142 (1876).

El azúcar y la disposición.
El azúcar no es bueno para el estómago. Causa fermentación, y esto anubla la mente y trae mal humor.­ CRA 389 (1901).

Cómo suavizar una disposición perversa.
El progreso en la experiencia cristiana se caracteriza por el incremento de la humildad, como resultado del aumento del conocimiento. Quienes estén unidos con Cristo se apartarán de la iniquidad.
Les digo, en el temor de Dios, que se me ha mostrado que muchos de ustedes perderán la vida eterna porque están edificando sus esperanzas celestiales sobre un falso fundamento. Dios los está dejando librados a ustedes mismos, "para humillarlos y probarlos, a fin de saber. . . qué hay en  645 sus corazones". Han descuidado las Escrituras. Desprecian y rechazan los Testimonios porque éstos reprenden sus pecados acariciados y perturban su complacencia propia. 
Cuando se alberga a Cristo en el corazón, su imagen se manifiesta en la vida. La humildad reinará donde antes predominaba el orgullo. La sumisión, la mansedumbre y la paciencia suavizarán los rasgos ásperos de una disposición naturalmente perversa e impetuosa. El amor a Jesús se manifestará en el amor a su pueblo. No será vacilante ni espasmódico, sino tranquilo, profundo y fuerte.
La vida del cristiano estará desprovista de toda pretensión, libre de toda afectación, artificio y falsedad. Será ferviente, verdadera, sublime. Cristo aparecerá en cada palabra. Se lo verá en cada acto. La vida resplandecerá con la luz del Salvador que mora interiormente. En comunión con Dios y en la feliz contemplación de las cosas celestiales, el alma se preparará para el cielo y trabajará para atraer a otras almas al redil de Cristo. Nuestro Salvador es capaz y está dispuesto a hacer por nosotros más de lo que podemos pedir y aun pensar.­ 5T 49, 50 (1882).

Dios puede modelar la disposición.
No importa cómo sea su disposición, Dios es capaz de modelarla para que sea dulce y semejante a la de Cristo. Al vivir por la fe, usted puede separarse de todo lo que no esté de acuerdo con la voluntad de Dios, para así introducir el cielo en su vida aquí abajo. ¿Lo hará? Si lo hace, habrá luz en cada paso que dé.­ Ms 91, 1901.

Una bendición para los enfermos.
Dios usará la disposición agradable y el carácter hermoso para bendecir a los enfermos. Las verdades de la Palabra de Dios poseen un poder santificador y transformador. Si se las recibe en el corazón y se las pone en práctica en la vida, serán un sabor de vida para vida. Que los que están empleados en nuestras instituciones sean de tal naturaleza que la luz de la verdad resplandezca en las palabras que pronuncian cada día y en 646 sus acciones. Sólo a los tales puede aceptar Cristo como sus obreros.­ Ms 69, 1909; (MM 173).

Armonía entre las distintas disposiciones.
La armonía y la unión existentes entre hombres de diversas tendencias es el testimonio más poderoso que pueda darse de que Dios envió a su Hijo al mundo para salvar a los pecadores. A  nosotros nos toca dar este testimonio; pero para hacerlo, debemos colocarnos bajo las órdenes de Cristo; nuestro carácter debe armonizar con el suyo, nuestra voluntad debe rendirse a la suya. Entonces trabajaremos juntos sin contrariarnos.­ 3JT 246 (1904).

Una disposición imbuida de gratitud y paz.
De todas las cosas buscadas, apreciadas o cultivadas, no hay nada tan valioso a la vista de Dios como un corazón puro, una disposición rebosante de agradecimiento y paz.­ 1JT 579 (1881).

La resurrección no cambiará la disposición.
Si queréis ser santos en el cielo, debéis ser santos primero en la tierra. Los rasgos de carácter que cultivéis en la vida no serán cambiados por la muerte ni por la resurrección. Saldréis de la tumba con la misma disposición que manifestasteis en vuestro hogar y en la sociedad.­ 
HAd 12 (1891). 647