domingo, 10 de junio de 2018

XIII. LA PERSONALIDAD: 63. LA IMAGINACIÓN

Cristo empleó la imaginación.
Mediante la imaginación, [Cristo] llegaba al corazón. Sacaba sus ilustraciones de las cosas de la vida diaria, y aunque eran sencillas, tenían una admirable profundidad de significado. 
Las aves del aire, los lirios del campo, la semilla, el pastor y las ovejas, eran objetos con los cuales Cristo ilustraba la verdad inmortal; y desde entonces, siempre que sus oyentes veían estas cosas de la naturaleza, recordaban sus palabras. Las ilustraciones de Cristo repetían constantemente sus lecciones.
Cristo nunca adulaba a los hombres. Nunca dijo algo que pudiese exaltar su fantasía e imaginación, ni los alababa por sus hábiles invenciones; pero los pensadores profundos y sin prejuicios recibían su enseñanza, y hallaban que probaba su sabiduría. Se maravillaban por la verdad espiritual expresada en el lenguaje más sencillo.­ 
DTG 219 (1898).

Controlar la imaginación es un deber.
Pocos comprenden que es un deber ejercer dominio sobre los pensamientos y la imaginación. Es difícil mantener la mente indisciplinada fija en temas provechosos. Pero si no se emplean debidamente los pensamientos, la religión no puede florecer 610 en el alma. La mente debe preocuparse con cosas sagradas y eternas, o albergará pensamientos triviales y superficiales. Tanto las facultades intelectuales como las morales, deben ser disciplinadas, y por el ejercicio se fortalecerán y mejorarán.­ 
CM 529,530 (ed. PP); 420 (ed. ACES) (1913).


La imaginación a veces produce enfermedades.*
Algunas veces la imaginación produce enfermedad, y es frecuente que la agrave. Muchos hay que llevan vida de inválidos cuando podrían estar bien si pensaran que lo están. Muchos se imaginan que la menor exposición del cuerpo les causará alguna enfermedad, y efectivamente el mal sobreviene porque se lo espera. Muchos mueren de enfermedades cuya causa es puramente imaginaria.­ 
MC 185 (1905).

La imaginación pervertida.
Por lo que el Señor me ha mostrado, las mujeres de esta clase [las que tienen un concepto exagerado de sus cualidades] han pervertido su imaginación mediante la lectura de novelas, el soñar despiertas y la edificación de castillos en el aire; es decir, han vivido en un mundo imaginario. No ponen sus propias ideas a la altura de los deberes comunes y útiles de la vida. No asumen las cargas de la existencia, que se encuentran en su camino, ni tratan de tener para sus maridos un hogar alegre y feliz. Depositan todo su peso sobre ellos, y no llevan sus propias cargas. Esperan que los demás se anticipen a sus necesidades y las satisfagan, mientras ellas quedan libres para buscar faltas y criticar a gusto. Estas mujeres están imbuidas de un sentimentalismo enfermizo, y creen constantemente que no se las aprecia, que sus esposos no les brindan la atención que merecen. Se imaginan que son mártires.­ 
2T 463 (1870). 611

Consejo a un hombre poseído de una imaginación enfermiza.
Vi que el Señor le ha dado luz y experiencia para que Ud. pueda percibir la pecaminosidad de un espíritu apresurado, y controle sus pasiones. De manera que tan ciertamente como que Ud. falla en esto, perderá la vida eterna. Debe vencer esta enfermedad de la imaginación. Ud. es sumamente sensible, y si se dice una palabra que favorezca una conducta opuesta a la que ha estado siguiendo, se siente herido. Cree que se lo acusa y que debe defenderse y salvar su vida; y en el ferviente esfuerzo que hace para salvarla, la pierde. Tiene que hacer una obra para morir al yo y cultivar una actitud tolerante y paciente. Abandone la idea de que no se lo está usando correctamente, que se le está haciendo daño, que alguien quiere invadirlo y perjudicarlo. Está viendo todo a través de una visión falsa. Satanás lo induce a adoptar este concepto distorsionado de las cosas.­ 2T 424 (1870).

La razón controlada por la imaginación (consejo a un hermano de voluntad débil).
Ud. es capaz de controlar su imaginación y vencer esos ataques de nervios. Tiene fuerza de voluntad, y debería emplearla de tal modo que ella lo ayude. No lo ha hecho. En cambio ha permitido que su imaginación extremadamente activa controlara su razón. Al hacerlo, ha contristado al Espíritu de Dios. Si Ud. no pudiera controlar sus sentimientos, no habría pecado; pero no da buen resultado someterse de ese modo al enemigo. Su voluntad necesita ser santificada y subyugada en lugar de levantarse en oposición a la de Dios.­ 5T 310, 311 (1885).


La alimentación afecta la imaginación.
La intemperancia comienza en nuestras mesas con el consumo de alimentos malsanos. Después de un tiempo, por la complacencia continua del apetito, los órganos digestivos se debilitan y el alimento ingerido no satisface. Se establecen condiciones malsanas y se anhela ingerir alimentos más estimulantes. El té, el café y la carne producen un efecto inmediato. Bajo la influencia de estos venenos, el sistema nervioso se 612 excita y, en algunos casos, el intelecto parece vigorizado momentáneamente y la imaginación resulta más vívida.­ 
1JT 417, 418 (1875).


Los efectos del té, el café y otras bebidas populares.
El té estimula y hasta cierto punto embriaga. Parecida resulta también la acción del café y de muchas otras bebidas populares. El primer efecto es agradable. Se excitan los nervios del estómago, y esta excitación se transmite al cerebro, que, a su vez acelera la actividad del corazón y da al organismo entero cierta energía pasajera. No se hace caso del cansancio. La fuerza parece haber aumentado, la inteligencia se despierta y la imaginación se aviva.­ 
MC 250, 251(1905).


Los reavivamientos populares y la imaginación.
Los reavivamientos populares son provocados demasiado a menudo por llamamientos a la imaginación, que excitan las emociones y satisfacen la inclinación por lo nuevo y extraordinario. Los conversos ganados de este modo manifiestan poco deseo de escuchar la verdad bíblica, y poco interés en el testimonio de los profetas y apóstoles. El servicio religioso que no revista un carácter un tanto sensacional no tiene atractivo para ellos. Un mensaje que apele a la fría razón no despierta eco alguno en ellos. No tienen en cuenta las claras amonestaciones de la Palabra de Dios que se refieren directamente a sus intereses eternos.­ 
CS 516 (1888).


El Teatro Deprava La Imaginación.
El teatro se encuentra entre los placeres más peligrosos. En lugar de ser una escuela de moralidad y virtud, como a menudo se pretende, es el mismo semillero de la inmoralidad. Los hábitos viciosos y las inclinaciones pecaminosas se fortalecen y confirman por medio de este entretenimiento. Las canciones de bajo nivel, los gestos, expresiones y actitudes lascivos depravan la imaginación y rebajan la moral. Todo joven que habitualmente asista a esos espectáculos, corromperá sus principios. 613
No hay influencia más poderosa para envenenar la imaginación, destruir las impresiones religiosas y embotar el gusto por los placeres tranquilos y las sobrias realidades de la vida, que los entretenimientos teatrales. El amor por estas escenas aumenta cada vez que se las ve, así como se fortalece el deseo por las bebidas embriagantes cada vez que se las usa. La conducta más segura al respecto consiste en descartar el teatro, el circo y todo otro lugar dudoso de entretenimiento.­ 4T 652, 653 (1881).

La ficción crea un mundo imaginario.
Algunos se han dedicado tanto a la lectura de novelas y cuentos que viven en un mundo imaginario. La influencia de una lectura tal perjudica tanto a la mente como al cuerpo; debilita el intelecto e impone una terrible carga sobre la fuerza física. A veces apenas podría considerarse que su mente está sana, porque la imaginación se ha sobreexcitado y ha enfermado por causa de la lectura de historias ficticias. 

La mente debe disciplinarse de tal manera que todas sus facultades se desarrollen simétricamente. . .
Si constantemente se alimenta con exceso la imaginación, y se la estimula mediante las ficciones, no tarda en volverse tiránica, en dominar todas las otras facultades de la mente, tornar caprichoso el gusto y pervertir las tendencias.­ 
1JT 570, 571 (1881).


La lectura afecta el cerebro.
Conozco personalmente a algunos que han perdido el tono saludable de la mente como consecuencia de los malos hábitos de lectura. Pasan por la vida con una imaginación enfermiza, magnificando la más pequeña ofensa. Cosas que una mente sana y sensata no tomaría en cuenta, se convierten para ellos en pruebas insoportables e insuperables obstáculos. Sus vidas transcurren bajo una sombra constante.­ 
CTBH 124, 1890; (FE 162, 163).


Lo que vemos puede corromper la imaginación.
Esta es una época cuando la corrupción se encuentra en todas partes. 614 Lo que se contempla y se lee fomenta la concupiscencia de los ojos y las pasiones corrompidas. El corazón se deprava por medio de la imaginación. La mente se complace en contemplar escenas que despiertan las más bajas pasiones. Esas viles imágenes, vistas a través de una imaginación contaminada, corrompen la moral y preparan a esos seres engañados e infatuados para que den rienda suelta a su concupiscencia. A ello siguen pecados y crímenes que rebajan a seres formados a imagen de Dios hasta ponerlos al nivel de las bestias, hundiéndolos finalmente en la perdición.
Eviten la lectura y la contemplación de cosas que sugieran pensamientos impuros. Cultiven las facultades morales e intelectuales. No permitan que esas facultades se debiliten y se perviertan por el exceso de lectura incluso de libros de historias. Sé de mentes poderosas que se han desequilibrado y se han anublado parcialmente, o se han paralizado, por la intemperancia en la lectura.­ 2T 410 (1870).

La Masturbación y La Imaginación.
Cuando las personas se han vuelto adictas al hábito del abuso de sí mismas [masturbación], es imposible despertar sus sensibilidades morales para que aprecien las cosas eternas o disfruten de los ejercicios espirituales. Los pensamientos impuros se apoderan de la imaginación y la controlan fascinando la mente, a lo que sigue un deseo casi incontrolable de llevar a cabo actos impuros. Si se educara la mente para que contemplara temas elevadores, si se adiestrara la imaginación para que reflexionara acerca de cosas puras y santas, se fortalecería contra esta complacencia terrible, depravadora, y destructora del alma y el cuerpo. Por medio del adiestramiento se acostumbraría a meditar en lo elevado, lo celestial, lo puro y lo sagrado, y no sería atraída por esta complacencia depravada, corrompida y vil.­ 2T 470 (1870).

Las ensoñaciones de la mente 
conducen a la exaltación propia.
Si los pensamientos, los sueños de la mente, se 615 refieren a grandes propósitos en los cuales figura el yo, la exaltación propia se manifestará en palabras y actos y se tenderá a una elevación del yo. Esos pensamientos son de una naturaleza tal que no inducen a caminar más cerca de Dios. Los que avanzan en este sentido sin una cuidadosa consideración, lo hacen imprudentemente. Hacen esfuerzos intermitentes, dan golpes por aquí y por allá, empiezan esto y lo otro, pero todo eso de nada vale. Se parecen a la vid; sus sarmientos no adiestrados y abandonados a su suerte se aferrarán de cualquier basura que encuentren a su paso; pero antes que la vid pueda servir para algo, esos sarmientos deben ser separados de las cosas a las que se aferraron, y deben ser adiestrados para adherirse a las cosas que les darán gracia y buena formación.­ Carta 33, 1886.

El control de la imaginación (consejo a una mujer de imaginación enferma).
Si Ud. hubiera adiestrado su mente para que meditara en temas elevados y asuntos celestiales, podría haber hecho mucho bien. Habría ejercido una influencia sobre la mente de los demás para apartarlos de sus pensamientos egoístas y su actitud amante del mundo, e introducirlos en los canales de la espiritualidad. Si sus afectos y pensamientos hubieran sido sometidos a la voluntad de Cristo, Ud. habría sido capaz de hacer mucho bien. Su imaginación está enferma porque Ud. le ha permitido recorrer un canal prohibido, para convertirla en soñolienta. El soñar despierta, y la romántica edificación de castillos en el aire, la han incapacitado para ser útil. Ha vivido en un mundo imaginario; ha sido una mártir imaginaria y una cristiana imaginaria.­ 
2T 251 (1869).

Apártense del terreno encantado de Satanás (consejo a una familia concentrada en sí misma).
Deberían apartarse del terreno encantado de Satanás, y no permitir que sus mentes se alejen de la lealtad a Dios. Por medio de Cristo Uds. pueden ser felices y deberían serlo; deberían adquirir hábitos de dominio propio. Hasta sus pensamientos deberían ser 616 puestos en sujeción a la voluntad de Dios, y sus sentimientos deberían estar bajo el control de la razón y la religión. No se les dio la imaginación para permitir que ésta se desbocara y anduviera por sus propios caminos sin ningún esfuerzo de restricción ni disciplina. Si los pensamientos son equivocados, los sentimientos también lo serán. Los pensamientos combinados con los sentimientos constituyen el carácter moral. Cuando Uds. llegan a la conclusión de que, como cristianos, no se les requiere que controlen sus pensamientos y sentimientos, caen bajo la influencia de los ángeles malos e invitan su presencia y su dominio. Si ceden a sus impresiones y permiten que sus pensamientos transcurran por los canales de la sospecha, la duda y los lamentos, se encontrarán entre los más infelices de los mortales, y sus vidas serán un fracaso.­ 5T 310 (1885).

Veamos la vida tal como es.
A menos que veamos la vida tal como es, a menos que dejemos a un lado las brillantes fantasías de la imaginación, y descendamos hasta las sobrias lecciones de la experiencia, cuando despertemos será demasiado tarde. Entonces nos daremos cuenta de la terrible equivocación que hemos cometido.­ 3T 43 (1872).


La abundancia de dinero crea necesidades imaginarias.
El caso del Hno. I es lamentable. El mundo es su dios; adora el dinero. . . No necesita la censura de nadie, sino la lástima de todos. Su vida ha sido una terrible equivocación. Ha sufrido de necesidades económicas imaginarias mientras su mente vivía rodeada por la abundancia. Satanás tomó posesión de su mente, y al estimular su inclinación al enriquecimiento lo volvió loco en cuanto a esto. Las facultades nobles y elevadas de su ser han sido en gran medida sometidas a esta inclinación estrecha y egoísta.
Su única esperanza consiste en quebrantar las ligaduras de Satanás, y dominar este mal en su carácter. Ha tratado de hacer algo en este sentido cuando su conciencia lo ha molestado, pero eso no ha sido suficiente. El fruto de la 617 verdadera religión no es limitarse a hacer un poderoso esfuerzo para apartar una pequeña porción de su amor a las riquezas, constantemente convencido de que al hacerlo se está apartando de su alma.
Debe adiestrar su mente para las buenas obras. Debe luchar contra su propensión a la adquisición de medios económicos. Debe entretejer las buenas obras en todo aspecto de su vida. Debe cultivar el amor por las buenas obras y ponerse por encima de esa actitud tacaña que ha desarrollo.­ 2T 237, 238 (1869).


La superstición proviene de la imaginación (consejo a una hermana supersticiosa).
Se me mostró que su imaginación no era digna de confianza porque se opone a la ley natural. Está en conflicto con los principios inmutables de la naturaleza. La superstición, mi querida hermana, que proviene de una imaginación enfermiza, la pone a Ud. en contraposición con la ciencia y los principios. ¿Cuál de todas debe ser abandonada? Sus firmes prejuicios y sus ideas bien establecidas respecto de la mejor conducta a seguir en relación con Ud. misma, la han apartado por mucho tiempo del bien. Por años yo he conocido su caso pero me he sentido incompetente para presentar el asunto de manera clara, para que Ud. pudiera verlo, comprenderlo y darle una solución práctica a la luz que se le da.­ 
3T 69 (1872).

Las madres y la imaginación.
Se me han mostrado madres dominadas por una imaginación enfermiza, cuya influencia se ha hecho sentir sobre sus maridos e hijos. Hay que mantener cerrada la ventana, porque la madre es sensible al aire frío. Si siente frío y se cambia de ropa, cree que hay que tratar a sus hijos de la misma manera. De ese modo toda la familia pierde fortaleza física. Todos reciben los efectos de su mente, y daño físico y mental como consecuencia de la imaginación enfermiza de una mujer que se considera criterio para gobernar a toda la familia. . .
Hay quienes atraen la enfermedad sobre sí mismos 618 como consecuencia de sus malos hábitos; sin embargo, aun frente a la luz y al conocimiento seguirán adheridos a su propia conducta. Razonan de esta manera: "¿Acaso no hemos probado esto? ¿No lo sabemos por experiencia propia?" Pero la experiencia de alguien cuya imaginación es defectuosa, no debería tener mucho peso para nadie.­ 2T 524 (1870).


Cómo dominar la mente.
Los seres humanos son entes con libertad moral, y como tales deberían obligar sus pensamientos para que transcurran por los canales apropiados. Aquí hay un amplio campo en el cual la mente se puede explayar con seguridad. Si Satanás trata de desviarla hacia cosas subalternas y sensuales, deberían traerla de vuelta y concentrarla en las cosas eternas; y cuando el Señor vea que se hace un esfuerzo decidido para retener solamente los pensamientos puros, atraerá la mente como un imán, limpiará los pensamientos y los capacitará para que se purifiquen de todo pecado secreto. "Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo" (2 Cor. 10: 5).

La primera obra que tienen que hacer los presuntos reformadores consiste en purificar la imaginación. Si la mente se desvía en una dirección equivocada, debe ser obligada a volver y espaciarse sólo en temas puros y elevados. Cuando se vean tentados a ceder ante una imaginación corrompida, deberían huir hacia el trono de la gracia y orar pidiendo fortaleza del Cielo. Con la fuerza de Dios se puede disciplinar la mente para que se concentre en las cosas puras y celestiales.­
 Ms 93, sin fecha. EGW 2MCP MHP 

martes, 8 de mayo de 2018

XII. LA TRANSFORMACIÓN DEL TEMPERAMENTO: 62. LA COMUNICACIÓN DE LAS PALABRAS.



                 Abarcante influencia de las palabras.- 
La voz y la lengua son dones de Dios, y si se las usa correctamente son un poder para Dios. Las palabras significan muchísimo. Pueden expresar amor, consagración, alabanza, melodía para Dios, u odio y venganza. Las palabras revelan los sentimientos del corazón; pueden ser un sabor de vida para vida o de muerte para muerte. La lengua es un mundo de bendición o un mundo de iniquidad.­ 3CBA 1177 (1896). 

 ¿Granizo desolador o semillas de amor? 
Puede verse que algunos vienen de su diaria comunión con Dios revestidos con la mansedumbre de Cristo. Sus palabras no son como granizo desolador que aplasta todo a su paso; de sus labios emana dulzura. En forma completamente inconsciente, esparcen semillas de amor y bondad a lo largo de toda su senda, porque tienen a Cristo en el corazón. Su influencia se siente más de lo que se ve.­ 3CBA 1177 (1887). 


 Palabras que alegran. 
Los gemidos que causa el pesar del mundo se oyen en todo nuestro derredor. El pecado nos apremia con su sombra, y nuestra mente debe estar lista para 595 toda buena palabra y obra. Sabemos que poseemos la presencia de Jesús. La dulce influencia del Espíritu Santo está enseñando y guiando nuestros pensamientos para inducirnos a hablar palabras que alegren la senda de otros.­ 2JT 402, 403 (1900). 

 Palabras alegres.
Si miramos el lado luminoso de las cosas, encontraremos lo suficiente como para sentirnos alegres y felices. Si ofrecemos sonrisas, las recibiremos de vuelta; si pronunciamos palabras agradables y alegres, nos serán dichas otra vez.­ ST, 12 de febrero de 1885. 

 Palabras Cristocéntricas. 
Las palabras de los hombres expresan sus propios pensamientos humanos, pero las de Cristo son espíritu y son vida.­ 5T 433 (1885). 

Los ángeles están atentos para oír qué clase de informes das al mundo acerca de tu Señor. Conversa de Aquel que vive para interceder por ti ante el Padre. Esté la alabanza de Dios en tus labios y tu corazón cuando estreches la mano de un amigo. Esto atraerá sus pensamientos a Jesús.­ CC 120, 121 (1892). 

 Cristo se refirió directamente al punto. 
En la enseñanza de Cristo no existe razonamiento largo, rebuscado y complicado. Él va directamente al grano. En su ministerio leía todo corazón como un libro abierto, y del caudal inextinguible de su tesoro sacaba cosas nuevas y viejas, para ilustrar y reforzar sus enseñanzas. Tocaba el corazón y despertaba las simpatías.­ Ev 129 (1891).

 Fáciles de comprender. 
La manera como Cristo enseñaba era bella y atrayente, y se caracterizaba siempre por la sencillez. El revelaba los misterios del reino de los cielos por el empleo de figuras y símbolos con los cuales sus oyentes estaban familiarizados; y el común del pueblo lo oía gustosamente, porque podía comprender sus palabras. No usaba palabras altisonantes, para cuya comprensión habría sido 596 necesario consultar un diccionario.­ CM 227,228 (ed. PP); 183 (ed. ACES) (1913). 

 Empleaba un lenguaje sencillo.
 La argumentación es buena en su lugar, pero se puede lograr mucho más por medio de sencillas explicaciones de la Palabra de Dios. Cristo ilustraba sus lecciones tan claramente que los más ignorantes podían comprenderlas fácilmente. Jesús no empleaba palabras largas y difíciles en sus discursos; usaba un lenguaje sencillo, adaptado a las mentes de la gente común. En el tema que explicaba no iba más lejos que hasta donde podían seguirlo.­ OE 178, 179 (1915). 


 Temas serios en contra de la insensatez sentimental. 
¿Hay algo más digno de embargar la mente
 que el plan de la redención? 
Este es un tema inagotable. El amor de Jesús, la salvación ofrecida por este amor infinito al hombre caído, la santidad del corazón, la verdad preciosa y salvadora para estos postreros días, la gracia de Cristo: éstos son temas que pueden animar el alma, y hacer sentir a los puros de corazón aquel gozo que los discípulos sintieron cuando Jesús vino y anduvo con ellos mientras viajaban a Emaús. 
El que ha concentrado sus afectos en Cristo apreciará esta clase de asociación santificada, y recibirá fuerza divina por un trato tal; pero el que no tiene aprecio por esta clase de conversación prefiere hablar de insensateces sentimentales, se ha alejado de Dios, y va muriendo para las aspiraciones altas y nobles. Los tales interpretan lo sensual y terrenal como si fuese celestial.­ 2JT 242 (1889). 

 En procura de simpatía humana. 
Cuando la conversación es de carácter frívolo y es una desasosegada búsqueda de simpatía y aprecio humano, brota de un sentimentalismo amoroso enfermizo, y ni los jóvenes ni los hombres de canas están seguros. Cuando la verdad de Dios sea un principio permanente en el corazón, se asemejará a una fuente viva. Pueden hacerse tentativas para reprimirla, pero 597 brotará en otro lugar. Si está en el corazón no puede ser reprimida. Cuando la verdad está en el corazón es un manantial de vida. Refresca a los cansados, y refrena los pensamientos y las palabras viles.­ 2JT 242 (1889). 

 Nunca pronuncies una palabra de duda. 
Todos tenemos pruebas, aflicciones duras que sobrellevar y tentaciones fuertes que resistir. Pero no las cuentes a los mortales, antes lleva todo a Dios en oración. Tengamos por regla no proferir nunca palabras de duda o desaliento. Si hablas palabras de santo gozo y de esperanza, podrás hacer mucho más para alumbrar el camino de otros y fortalecer sus esfuerzos.­ CC 121 (1892).

 Nuestras palabras ejercen influencia sobre nosotros. 
Las palabras son más que un indicio del carácter; tienen poder para influir sobre el carácter. Los hombres sufren la influencia de sus propias palabras. Con frecuencia, bajo un impulso momentáneo, provocado por Satanás, expresan celos o malas sospechas, dicen algo que no creen en realidad; pero la expresión reacciona sobre los pensamientos. Son engañados por sus palabras, y llegan a creer como verdad lo que dijeron por instigación de Satanás. Habiendo expresado una vez una opinión o decisión, son con frecuencia, demasiado orgullosos para retractarse, y tratan de demostrar que tienen razón, hasta que llegan a creer que realmente la tienen. Es peligroso pronunciar una palabra de duda, y poner en tela de juicio y criticar la verdad divina. La costumbre de hacer críticas descuidadas e irreverentes influye sobre el carácter y fomenta irreverencia e incredulidad. Más de un hombre que seguía esta costumbre ha proseguido, inconsciente del peligro, hasta que estuvo dispuesto a criticar y rechazar la obra del Espíritu Santo.­ DTG 290 (1898). 


 Los reproches reaccionan
 sobre nosotros mismos. 
Las palabras de reproche influyen sobre nuestras propias almas. 598 El adiestramiento de la lengua debería comenzar con nosotros personalmente. No hablemos mal de nadie.­ Ms 102, 1904.

 Pronunciemos palabras de valor y esperanza.
 Hay más de un alma valiente, acosada en extremo por la tentación, casi a punto de desmayar en el conflicto que sostiene consigo misma y con las potencias del mal. No la desalientes en su dura lucha. Alégrala con palabras de valor, ricas en esperanza, que la impulsen por su camino. De este modo la luz de Cristo resplandecerá de ti. "Ninguno de nosotros vive para sí" (Rom. 14: 7). Por tu influencia inconsciente pueden los demás ser alentados y fortalecidos, o desanimados y apartados de Cristo y de la verdad.­ CC 121 (1892).

 Pequeños actos de cortesía y palabras afectuosas Son las pequeñas atenciones, los numerosos incidentes cotidianos y las sencillas cortesías, las que constituyen la suma de la felicidad en la vida; y el descuido manifestado al no pronunciar palabras bondadosas, afectuosas y alentadoras ni poner en práctica las pequeñas cortesías, es lo que contribuye a formar la suma de la miseria de la vida. Se encontrará al fin que el haberse negado a sí mismo para bien y felicidad de los que nos rodean, constituye una gran parte de lo que se registra en el cielo acerca de la vida. Se descubrirá también el hecho de que preocuparse de sí mismo, sin tener en cuenta el bien o la felicidad de los demás, no deja de ser notado por nuestro Padre celestial.­ 1JT 206 (1868).

 Evitemos el sarcasmo, la indiferencia y la burla.
Debemos manifestar preciosos tesoros de amor, no sólo para los favoritos, sino para cada alma que tiene la mano y el corazón en el ministerio; porque todos los que hacen esta obra son del Señor. El obra por medio de ellos. Aprenden lecciones de amor de la vida de Jesús. Tengan cuidado los hombres acerca de cómo hablan a sus semejantes. No debe haber ni egotismo, ni señorío 599 sobre la heredad del Señor. El sarcasmo amargo no debería surgir en ninguna mente ni en ningún corazón. Ni siquiera el matiz de la burla debería manifestarse en la voz. Pronuncien una palabra egoísta, asuman una actitud indiferente, manifiesten sospecha, prejuicio y rivalidad, y de esa manera podemos hacer una obra perjudicial para un alma.­ Carta 50, 1897.

 La búsqueda de faltas y la reprensión fomentan el engaño (consejo a un hombre censurador). 
Hermano mío, sus palabras de intolerancia hieren a sus hijos. A medida que crezcan, se intensificará en ellos la tendencia a criticar. El hábito de censurar está corrompiendo su propia vida y se extiende a su esposa y a sus hijos. Estos no son estimulados a darle su confianza ni a reconocer sus propios defectos, porque saben que a continuación Ud. expresará severas reprensiones. Con frecuencia sus palabras son como un granizo asolador que quebranta las tiernas plantas. Es imposible evaluar el daño así causado. Sus hijos practican el engaño para evitar las palabras duras que Ud. pronuncia. Procuran eludir la verdad para escapar a la censura y al castigo. Una orden fría y dura no los beneficiará.­ HAd 399 (1896).

 Eliminemos toda palabra descuidada. 
Recuerden que por sus palabras serán justificados o condenados. La lengua necesita freno. Las palabras que pronuncian son semillas que producirán fruto para bien o para mal. Ahora es el momento cuando deben sembrar. El buen hombre, del buen tesoro de su corazón saca buenas cosas. ¿Por qué? Porque Cristo es una presencia permanente en el alma. La verdad santificadora es un depósito de sabiduría para todos los que la practican. Como una fuente de vida, surge para vida eterna. Aquel en cuyo corazón no mora Cristo, se entregará a una conversación barata, a exageraciones que harán daño. La lengua que dice cosas perversas y comunes, con expresiones vulgares, necesita que se le aplique una brasa del altar.­ Ms 17, 1895. 600

 La murmuración impide el crecimiento. 
Hay hombres que poseen excelentes facultades pero que se han detenido y no progresan. No avanzan hacia la victoria. Y la habilidad que Dios les ha concedido carece de valor para su causa porque no la usan. Encontramos muchos murmuradores entre estos hombres. Se quejan porque, según dicen, no se los aprecia. Pero ellos mismos no se aprecian lo suficiente como para cooperar con el mayor Maestro que el mundo haya conocido.­ RH, 10 de marzo de 1903. 

 No pronuncie palabras de crítica, tajantes o severas (consejo a un ministro y autor). 
El Señor nos ayudará a cada uno de nosotros en lo que más necesitemos en la magna obra de dominar y vencer el yo. Que esté la ley de la clemencia en vuestra lengua y el óleo de gracia en vuestro corazón; esto producirá maravillosos resultados: seréis tiernos, simpáticos, corteses. Necesitáis todas estas gracias. Se ha de recibir e introducir el Espíritu Santo en vuestro carácter; entonces será como fuego santo que exhalará incienso que ascenderá a Dios, no de labios que condenen, sino como un restaurador de las almas humanas. Vuestro semblante expresará la imagen de lo divino. No debieran pronunciarse palabras mordaces, críticas, bruscas ni severas. Este es fuego vulgar, y debe quedar fuera de todos nuestros concilios y de las relaciones con nuestros hermanos. Dios requiere que toda alma que está a su servicio encienda su incensario con los carbones del fuego sagrado. Hay que refrenar las palabras vulgares, severas y ásperas que emanan tan fácilmente de vuestros labios, y el Espíritu de Dios hablará mediante el ser humano. La contemplación del carácter de Cristo os transformará a su semejanza. Sólo la gracia de Cristo puede cambiar vuestro corazón, y entonces reflejaréis la imagen del Señor Jesús. Dios os insta a que seáis como él: puros, santos e inmaculados. Hemos de llevar la imagen divina.­ 3CBA 1182 (1899). 601

 Palabras que destruyen la vida.
Tendrá que pasar por duras pruebas. Ponga su confianza en el Señor Jesucristo. Recuerde que por su vehemencia Ud. se daña a Ud. mismo. Si en toda circunstancia Ud. se sienta en lugares celestiales con Cristo, sus palabras no estarán cargadas con balas que hieren los corazones y que pueden destruir la vida.­ Carta 169, 1902.

 Si nos referimos a las dudas, éstas aumentarán. 
No debemos hablar de nuestras dudas ni de nuestras pruebas, por que aumentan de tamaño cada vez que nos referimos a ellas. Cuando hablamos de ellas, Satanás gana la victoria; pero si decimos: "Le encargaré al Señor la guarda de mi alma porque es el testigo fiel", entonces daremos testimonio de que nos hemos entregado sin ninguna reserva a Jesucristo, de que Dios nos da luz y de que nos regocijamos en él. Hemos decidido colocarnos bajo los brillantes rayos del Sol de Justicia, y entonces seremos luces en el mundo. "A quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso" (1 Ped. 1: 8).­ Ms 17, 1894.

 Cuando hablamos de la fe, ésta aumenta. 
Mientras más hablen acerca de la fe, más fe tendrán. Mientras más se refieran al desánimo, hablando a los demás de sus pruebas, y espaciándose en ellas, para conseguir la simpatía que anhelan, más desánimo y pruebas tendrán. ¿Para qué lamentarnos de lo que no podemos evitar? Dios nos está invitando a cerrar las ventanas del alma a las cosas de la tierra, a fin de abrirlas hacia el cielo, para que el Señor pueda inundar nuestros corazones con la gloria que resplandece a través de los portales celestes.­ Ms 102, 1901. 

 A veces las reprensiones son necesarias. 
Aunque nuestras palabras siempre deben ser amables y tiernas, nunca deberíamos decir nada que convenciera al malhechor de que Dios no pone objeciones a su camino. Esta clase de simpatía 602 es terrenal y engañosa. No se da licencia para indebidas manifestaciones de afecto, para una simpatía sentimental. Los que obran mal necesitan consejo y reprensión, y a veces tienen que ser duramente amonestados.­ Ms 17, 1899. 

 Lo que revelan las palabras. 
Ud. nunca podrá ser demasiado cuidadoso con lo que dice, porque las palabras que pronuncia ponen de manifiesto qué poder está controlando su mente y su corazón. Si Cristo gobierna su corazón, sus palabras manifestarán la pureza, la belleza y la fragancia de un carácter modelado y conformado según su voluntad. Pero desde que cayó, Satanás ha sido acusador de los hermanos, y Ud. debe ponerse en guardia, no sea que manifieste ese mismo espíritu.­ Carta 69, 1896. 

 La repetición es necesaria. 
No penséis, cuando hayáis tratado un tema una vez, que vuestros oyentes retendrán en la mente todo lo que presentasteis. Existe el peligro de pasar demasiado rápidamente de un punto a otro. Dense lecciones cortas, en lenguaje claro y sencillo, y repítanse a menudo. Los sermones cortos serán recordados mucho mejor que los largos. Nuestros oradores deben recordar que los temas que presentan pueden ser nuevos para algunos de sus oyentes; por lo tanto, conviene repasar a menudo los principales puntos.­ OE 177 (1915). 


 Los modales nerviosos y apresurados 
impiden la comunicación. 
Los ministros y maestros deben dedicar atención especial al cultivo de la voz. Deben aprender a hablar, no de una manera nerviosa y apresurada, sino con enunciación lenta, distinta y clara, y conservando la música de la voz. La voz del Salvador era como música a los oídos de aquellos que habían estado acostumbrados a la prédica monótona y sin vida de los escribas y fariseos. Él hablaba lenta e impresionantemente, recalcando las palabras a las cuales deseaba que sus oyentes prestasen atención especial. 603 Ancianos y jóvenes, ignorantes y sabios, todos podían comprender el pleno significado de sus palabras. Esto habría sido imposible si él hubiese hablado en forma apresurada, acumulando frase sobre frase sin pausa alguna. La gente lo escuchaba con mucha atención, y se dijo de él que hablaba no como los escribas y fariseos, sino que su palabra era como de quien tiene autoridad.­ CM 227 (ed. PP); 183 (ed. ACES) (1913). 

 Claridad de expresión y énfasis apropiados. 
Por oración ferviente y esfuerzo diligente, debemos alcanzar idoneidad para hablar. Esta idoneidad incluye el pronunciar cada sílaba claramente, poniendo la fuerza y el énfasis donde pertenecen. Hablad lentamente. Muchos hablan velozmente, apresurándose de una palabra a otra, con tal rapidez que se pierde el efecto de lo que se dice. Poned el espíritu y la vida de Cristo en lo que decís.
 CM 241 (ed. PP); 194 (ed. ACES) (1913). 

 Modulemos las palabras 
y digamos cada sentencia a su tiempo. 
En los días de mi juventud acostumbraba hablar en tono demasiado alto. El Señor me mostró que yo no podía realizar una impresión debida sobre la gente elevando la voz a un tono antinatural. Luego me fue presentado Cristo y su manera de hablar; y en su voz había una dulce melodía. Su voz, expresada con lentitud y calma, llegaba a sus oyentes, y sus palabras penetraban en sus corazones, y ellos eran capaces de aprehender lo que él había dicho antes que pronunciara la frase siguiente. Al parecer algunos piensan que deben correr todo el tiempo, porque si no lo hacen perderán la inspiración y la gente también perderá la inspiración. Si eso es inspiración, que la pierdan, y cuanto antes mejor.­ Ev 486 (1890). 

 La facultad del habla debe estar
 bajo el dominio de la razón. 
Vuestra influencia debe ser abarcante y vuestras facultades de comunicación deben estar bajo el control de la 604 razón. Cuando forzáis los órganos del habla se pierden las modulaciones de la voz. Hay que vencer decididamente la tendencia a hablar con rapidez. Dios requiere de los seres humanos todo el servicio que éstos puedan dar. Todos los talentos confiados a los hombres deben ser fomentados, apreciados y utilizados como dones preciosos del cielo. los obreros que trabajan en el campo de la siega son instrumentos destinados por Dios, canales mediante los cuales él puede comunicar luz del cielo. El uso descuidado y negligente de cualquiera de las facultades dadas por Dios disminuye su eficacia de modo que en una emergencia, cuando podría hacerse el mayor bien, están tan débiles, enfermas y estropeadas que consiguen realizar muy poco.­ Ev 484, 485 (1897). 

 La ciencia de la lectura 
es del más elevado valor. 
El arte de leer correctamente y con el énfasis debido es del más alto valor. No importa cuánto conocimiento se haya adquirido en otros ramos, si se ha descuidado el cultivo de la voz y de la forma de expresión para hablar y leer distintamente y en forma inteligible, todo ese conocimiento tendrá poquísima utilidad, porque sin el cultivo de la voz no es posible comunicar pronta y claramente lo que se ha aprendido.­ EGWEv 483 (1902). 

 Las cosas reales y las imaginarias.
En cierta ocasión, cuando Betterton, célebre actor, estaba cenando con el Dr. Sheldon, arzobispo de Canterbury, éste le dijo: "Le ruego, Sr. Betterton, que me diga por qué vosotros los actores dejáis a vuestros auditorios tan poderosamente impresionados hablándoles de cosas imaginarias". "Su señoría ­contestó el Sr. Betterton­, con el debido respeto a su gracia, permítame decirle que la razón es sencilla: reside en el poder del entusiasmo. Nosotros, en el escenario, hablamos de cosas imaginarias como si fuesen reales; y vosotros, en el púlpito, habláis de cosas reales como si fuesen imaginarias".­ CM 241, 242 (ed. PP); 194 (ed. ACES) (6 de julio de 1902). 605

 Vivamos y hablemos por encima del nivel de nuestro alrededor. 
Aunque haya iniquidad alrededor de nosotros, no debemos aproximarnos a ella. No hablen de la maldad y la iniquidad que existen en el mundo; en cambio, eleven la mente, y hablen de su Salvador. Cuando vean la iniquidad alrededor de ustedes, alégrense más aún de que él es su Salvador y nosotros sus hijos.­ Ms 7, 1888. 


Aprendamos la elocuencia del silencio. 
Cuando alguien cede y se enoja, está tan intoxicado como el que ha bebido una copa. Aprendamos la elocuencia del silencio y sepamos que Dios respeta lo que ha sido adquirido por la sangre de Cristo. Adiestrémonos a nosotros mismos; debemos aprender cada día. Debemos subir cada vez más alto y estar cada vez más cerca de Dios. Eliminemos los escombros del camino real. Abramos paso para que el Rey pueda caminar entre nosotros. Eliminemos de nuestros labios la comunicación contaminada (véase Col. 3: 8).
Ms 6, 1893. 

 Santa Restricción. 
Sin fe es imposible agradar a Dios. Podemos tener la salvación de Dios en nuestras familias, pero debemos creer para obtenerla, vivir por ella y ejercer de continuo fe y confianza permanente en Dios. Debemos subyugar el genio violento, y dominar nuestras palabras; así obtendremos grandes victorias. A menos que dominemos nuestras palabras y genio, somos esclavos de Satanás, y estamos sujetos a él como cautivos suyos. Cada palabra discordante, desagradable, impaciente o malhumorada, es una ofrenda presentada a su majestad satánica. Y es una ofrenda costosa, más costosa que cualquier sacrificio que podamos hacer para Dios; porque destruye la paz y la felicidad de familias enteras, destruye la salud, y puede hacernos perder finalmente una vida eterna de felicidad. La Palabra de Dios nos impone restricción para nuestro propio interés. Aumenta la felicidad de nuestras familias y de cuantos nos rodean. Refina nuestro gusto, santifica 606 nuestro criterio y nos reporta paz mental, y al fin, la vida eterna. Bajo esta restricción santa, creceremos en gracia y humildad, y nos resultará fácil hablar lo recto. El carácter natural, apasionado, será mantenido en sujeción. El Salvador, al morar en nosotros nos fortalecerá a cada hora. Los ángeles ministradores permanecerán en nuestras moradas, y con gozo llevarán al cielo las nuevas de nuestro progreso en la vida divina, y el ángel registrador tendrá para anotar un informe alegre y feliz.­ 1JT 109 (1882). EGW. 2MCP  MHP