jueves, 23 de febrero de 2012

VIII PRINCIPIOS GUIADORES EN LA EDUCACIÓN 37. “Principios De Estudio Y Aprendizaje”


La mente y los afectos deben ser educados.
Dios ha dado la razón, las facultades de la mente; pero si se las deja sin educar ni adiestrar, dejan al hombre en la condición que se revela en los salvajes paganos. La mente y los afectos requieren maestros para su educación y dirección. Se necesita enseñar línea sobre línea, y precepto sobre precepto, para guiar y adiestrar al agente moral humano para que trabaje en cooperación con Dios. Dios obra en el agente humano mediante la luz de su verdad. La mente iluminada por la verdad, distingue la verdad del error. -Carta 135, 1898.

Dios aprueba el más elevado cultivo de la mente.
La mente humana es capaz del cultivo más elevado. Una vida dedicada a Dios no debiera ser una vida de ignorancia. Muchos hablan en contra de la educación porque Jesús escogió pescadores sin educación para predicar su Evangelio. Aseguran que mostró una preferencia por los que no tenían educación. Muchos hombres educados y honorables creyeron en sus enseñanzas. Si éstos hubieran obedecido sin temor a las convicciones de sus conciencias, hubieran seguido a  Cristo. Sus capacidades hubieran sido aceptadas y empleadas en el servicio de Cristo si se las hubieran ofrecido. Pero no tuvieron el poder moral de confesar a Cristo, de arriesgar su reputación al relacionarse con el humilde Galileo, frente a los ceñudos sacerdotes y celosos gobernantes...

Jesús no despreció la educación. El cultivo más elevado de la mente, si es santificado por medio el amor y del temor de Dios, recibe su total aprobación. Los humildes hombres escogidos por Cristo estuvieron tres años con El, sujetos a la influencia refinadora de la Majestad de los cielos. Cristo fue el mayor educador que este mundo alguna vez conoció. Dios aceptará a los jóvenes con sus talentos y la riqueza de sus afectos si ellos se consagran a Él. Pueden alcanzar la cima más elevada de la grandeza intelectual; y si están equilibrados por los principios religiosos, pueden llevar adelante la obra que Cristo vino del cielo para realizar, y al hacerlo, llegar a ser colaboradores con el Maestro. -RH, 21 de junio de 1877; FE 47, 48.

No satisfechos con trabajo de calidad inferior.
El verdadero maestro no se satisface con un trabajo de calidad inferior. No se conforma con dirigir a sus alumnos hacia un ideal más bajo que el más elevado que les sea posible alcanzar. No puede contentarse con transmitirles únicamente conocimientos técnicos, con hacer de ellos meramente contadores expertos, artesanos hábiles o comerciantes de éxito. Su ambición es inculcarles principios de verdad, obediencia, honor, integridad y pureza, principios que los conviertan en una fuerza positiva para la estabilidad y elevación de la sociedad. Desea, sobre todo, que aprendan la gran lección de la vida, la del servicio abnegado. Ed 29, 30 (1903).

Se debe elevar la mente.
Se me ha instruido que debemos elevar la mente de nuestros estudiantes más arriba de lo que ahora muchos piensan que es posible. El corazón y la mente han de ser adiestrados para conservar su pureza por la  recepción diaria de provisiones de la fuente de la verdad eterna. La Mente y la Mano divinas han conservado a través de los siglos el registro de la creación en toda su pureza. Sólo la Palabra de Dios nos da un informe auténtico de la creación de nuestro mundo. Esta Palabra ha de ser el estudio principal en nuestras escuelas. Aquí podemos conversar con los patriarcas y los profetas; aquí podemos aprender cuánto le costó nuestra redención al que era igual al Padre desde el principio, y quien sacrificó su vida para que ante El un pueblo pudiera estar redimido de entre las cosas comunes y terrenales, y ser renovado a la imagen de Dios.-Carta 64, 1909.

La verdadera educación combina lo intelectual con lo moral.
El Señor ha estado esperando por mucho tiempo que nuestros maestros caminaran en la luz que les envió, Hay necesidad de humillar el yo para que Cristo pueda restaurar la imagen moral de Dios en el hombre. El carácter de la educación que se ofrece debe ser grandemente cambiada antes de que pueda dar el molde correcto a nuestras instituciones. Sólo cuando las facultades intelectuales y morales se combinan para el logro de la educación se alcanza la norma de la Palabra de Dios.-RH, 3 de sept. de 1908; FE 527.

La verdadera piedad eleva y refina.
Nuestro pueblo en todas partes permite que sus mentes se eleven muy poco y tengan una visión muy estrecha. Permiten que los planes de las agencias humanas los guíen y que un espíritu mundano los moldee, en vez de que lo hagan los planes de Cristo y el Espíritu de Cristo. Se me ha instruido que diga a nuestro pueblo: Miren por sobre lo terrenal a lo celestial. Los números no son evidencias de éxito; si lo fueran, Satanás podría pretenderlo. Es el grado de poder moral que permea nuestras instituciones, nuestras escuelas y nuestras iglesias. Representar a Cristo por medio de virtudes como las de El debiera ser el gozo de todos, desde el mayor hasta el menor. Aprendan todos nuestros maestros que la verdadera  piedad y el amor manifestados en obediencia a Dios elevará y refinará. -Carta 316, 1908.

Es necesaria la entereza.
La entereza es necesaria para obtener éxito en la edificación del carácter. Debe haber un ferviente deseo de llevar a cabo los planes del Maestro constructor. Las maderas que se utilicen deben ser sólidas; no puede hacerse un trabajo descuidado e indigno de confianza, porque arruinaría la edificación. En esta obra debe ponerse al trabajo todo el ser. Exige fortaleza y energía; ninguna reserva debe malgastarse en asuntos sin importancia. Debe ponerse al trabajo la decidida fuerza humana, en colaboración con el Obrero divino. Debe realizarse un esfuerzo ferviente y perseverante por romper con las costumbres y las máximas y asociaciones de este mundo. El pensamiento profundo, el propósito ferviente, y la firme integridad son esenciales. No debe haber ociosidad. La vida es un depósito sagrado, y cada momento debiera ser aprovechado sabiamente. -YI, 19 de feb. de 1903; NEV 86.

Asuntos triviales debilitan la mente.
El estudiante que, en lugar de los amplios principios de la Palabra de Dios, acepte las ideas comunes y permita que su tiempo y atención sean absorbidos por asuntos triviales y vulgares, descubrirá que su mente se empequeñecerá y debilitará; perderá la capacidad de crecer. La mente debe ser adiestrada para comprender las importantes verdades que conciernen a la vida eterna.-Carta 64, 1909.

No descuidar los asuntos temporales.
La vida es demasiado solemne para que sea absorbida en asuntos temporales o terrenos, en un tráfago de cuidados y ansiedades por las cosas que no son sino un átomo en comparación con las de interés eterno. Sin embargo, Dios nos ha llamado a servirle en los asuntos temporales de la vida. La diligencia en esta obra es una parte de la verdadera religión tanto como lo es la devoción. La Biblia no sanciona la ociosidad. Esta es la mayor maldición que aflige a nuestro mundo. Cada hombre y mujer verdaderamente convertido será un obrero diligente. -PVGM 278 (ed PP); 241 (ed ACES) (1900).

La calidad de los hombres llamados a enseñar.*
La causa de Dios necesita maestros que tengan altas cualidades morales, y a los cuales se pueda confiar la educación de otros: hombres de fe sana, que tengan tacto y paciencia; que anden con Dios, y se abstengan de la misma apariencia del mal; que estén tan íntimamente relacionados con Dios que puedan ser conductos de luz -en fin, caballeros cristianos. Las buenas impresiones que harán los tales no se borrarán nunca; y la educación así impartida perdurará durante toda la eternidad. Lo que se descuide en este proceso de educación permanecerá probablemente sin hacerse. ¿Quién quiere emprender esta obra?

Cuánto quisiéramos que hubiese jóvenes fuertes, arraigados y afirmados en la fe, que tuviesen tal comunión viva con Dios que pudieran, si así se lo aconsejasen nuestros hermanos dirigentes, entrar en los colegios superiores de nuestro país, donde tendrían un campo más amplio de estudio y observación. El trato con diferentes clases de mentes, el familiarizarse con los trabajos y los métodos populares de educación, y un conocimiento de la teología como se enseña en las principales instituciones del saber, serían de gran valor para tales obreros, y los prepararían para trabajar en favor de las clases educadas y para hacer frente a los errores que prevalecen en nuestros tiempos. Tal era el método seguido por los antiguos valdenses; y, si fuesen fieles a Dios, nuestros jóvenes, como los suyos, podrían hacer una buena obra, aun mientras adquirieran su educación, sembrando la semilla de la verdad en otras mentes. -2lT 228, 229 (1885).

Los hábitos correctos dejan impresiones en el carácter.
La formación de hábitos correctos ha de dejar su impresión en la mente y el carácter de los niños para que puedan ejercitarse en el buen camino. Significa mucho conducir a esos niños bajo la influencia directa del Espíritu de Dios, adiestrarlos y disciplinarios en la amonestación del Señor. La formación de hábitos correctos, la manifestación de un espíritu correcto, requerirá esfuerzos fervientes en el nombre y el poder de Jesús. El instructor debe perseverar, y dar línea sobre línea, precepto sobre precepto, un poquito aquí y un poco allá, con toda paciencia y longanimidad, simpatía y amor, uniendo a esos niños con su corazón por el amor de Cristo revelado en sí mismo. -FE 268 (1893).

Los caracteres no se forman en un mismo molde.
Los maestros han de considerar que no están tratando con ángeles, sino con seres humanos con pasiones semejantes a las de ellos mismos. Los caracteres no se forman en un mismo molde. Los niños reciben como herencia todos los aspectos del carácter. De este modo en sus rasgos de carácter se revelan los defectos y las virtudes. Cada instructor debe tomar esto en consideración. Las deformidades heredadas y cultivadas del carácter humano, así como también su belleza de carácter, tendrán que ser afrontadas, y el instructor necesitará cultivar mucha gracia para saber cómo tratar con los que yerran para su bien presente y eterno. Si se abrigan el impulso, la impaciencia, el orgullo, el egoísmo y la estima propia, harán mucho mal que puede arrojar el alma al campo de batalla de Satanás sin la sabiduría para conducir su nave, pero además estará en peligro de ser arrojado al antojo de las tentaciones de Satanás hasta que naufrague. Cada maestro tiene sus propios rasgos de carácter peculiares que vigilar, no sea que Satanás lo use como su agente para destruir almas, mediante sus propios rasgos de carácter no consagrados. -FE 277, 278 (1893).

Debe ser como Cristo al tratar con las mentes.
Debe ejercitarse diariamente una agencia operativa, una fe que obra por amor y purifica el alma del educador. ¿Ha puesto usted como su más elevada autoridad la voluntad revelada de Dios? Si Cristo, la esperanza de gloria, ha sido formado en el interior, entonces la verdad de Dios actuará de tal manera sobre su temperamento natural que su agencia transformadora se revelará en un carácter cambiado, y usted no cambiará la verdad de Dios en mentira ante sus alumnos por su influencia que opera mediante la revelación de un corazón no santificado y genio fuerte; ni revelará, por medio de la presentación de un temperamento egoísta, impaciente y no semejante al de Cristo al tratar con la mente humana, que la gracia de Cristo no es suficiente para usted en todo tiempo y lugar. De este modo mostrará que la autoridad de Dios sobre usted no es meramente nominal sino real verdadera. Debe haber una separación de todo lo que es objetable y no semejante a Cristo, por difícil que sea para el verdadero creyente. -FE 263, 264 (1893).

La censura continua confunde al niño.
El cielo ve en el niño al hombre o a la mujer no desarrollado, con capacidades y facultades que, si son guiadas correctamente y desarrolladas con sabiduría celestial, llegarán a ser agentes humanos mediante los cuales las influencias divinas pueden cooperar para ser colaboradores con Dios. Las palabras ásperas y la censura continua confunden al niño pero nunca lo reforman. Contenga ese regaño; mantenga su propio espíritu bajo la disciplina de Jesucristo; entonces aprenderá a tener compasión y simpatía con los que han sido puestos bajo su influencia. No exhiba impaciencia o aspereza, porque si estos niños no necesitaran educación, no necesitarían las ventajas de la escuela. Han de ser conducidos por la escalera del progreso con paciencia, bondad y amor, subiendo escalón tras escalón en la obtención del conocimiento. -FE 263 (1893).

Cuidado al suspender a los alumnos.
Sean cuidadosos con  lo que hacen al suspender a los alumnos. Este es un asunto solemne. Debería ser una falta muy grave la que requiera esta disciplina. Además, deberían considerarse con cuidado todas las circunstancias relacionadas con el caso. Los estudiantes enviados desde sus casas a corta o larga distancia, miles y miles de kilómetros, están lejos y privados de las ventajas del hogar, y si se los expulsa se les impide aprovechar los privilegios de la escuela. Alguien que tuvo confianza y esperanza en ellos tuvo que afrontar todos sus gastos, considerando que su dinero no sería invertido en vano. El estudiante entra o cae en tentación y ha de ser disciplinado por su mal. El siente agudamente que se ha manchado su registro, y que chasquea a los que confiaron en que él desarrollaría el carácter bajo la influencia de su educación en la vida escolar, lo cual compensaría todo lo que se había invertido en él.

Pero se lo suspende por su necia actuación. ¿Qué hará? El valor está en su nivel más bajo, no abriga ni valor ni hombría. Es un gasto y se ha perdido tiempo precioso. ¿Quién será tierno y bondadoso y sentirá la carga de estas almas? No es extraño que Satanás se aproveche de estas circunstancias. Se los arroja al campo de batalla de Satanás y se ponen en ejercicio los peores sentimientos del corazón humano, los que se fortalecen y confirman. -Carta 50, 1893.

Evite crear sentimientos de injusticia.
Cuando usted lucha contra los elementos manifestados por los que no tienen la religión bíblica sino sólo la profesan, no olvide que usted es un cristiano. Usted disminuye grandemente su influencia y arruina su propia experiencia cristiana cuando pierde su dominio propio y les da la menor ocasión de pensar que los ha tratado mal. No deje esta impresión en sus mentes si puede evitarlo. En este tiempo de prueba estamos formando nuestros caracteres para la futura vida inmortal; pero eso no es todo, porque en ese mismo proceso de edificar el carácter necesitamos ser extremadamente cuidadosos  de cómo edificamos, pues otros edificarán siguiendo el modelo que les damos. -MM 209 (1892).

La mente necesita alimento puro.
La mente, a semejanza del cuerpo, necesita de alimento puro a fin de disfrutar de salud y fortaleza. Dad a vuestros hijos algo para pensar que esté fuera de ellos y por encima de ellos. La mente que vive en una atmósfera pura y santa no negará a ser trivial, frívola, vana y egoísta. Vivimos en un tiempo cuando todo lo que es falso y superficial se exalta por encima de lo real, lo natural y lo duradero. La mente debe estar exenta de todo lo que la lleve en una dirección equivocada. No debiera ser sobrecargada con relatos baladíes que no añaden fortaleza a las facultades mentales. Los pensamientos serán del mismo carácter del alimento que se proporciona a la mente.- CN 174,175 (1890).

Libros de incrédulos.*
El estudio de libros escritos por incrédulos hace mucho daño. Así se siembra cizaña en las mentes y los corazones de los alumnos. Sin embargo, este es el alimento que a menudo se da al cerebro, mientras muchos tienen poco conocimiento de los tomas que se relacionan con los intereses eternos, los cuales debieran comprender. El talento del tiempo es precioso. Cada día se nos da como un legado, y Dios nos pedirá cuenta de él. Ha de ser usado para la gloria de Dios, y si queremos prolongar nuestras vidas, si queremos ganar la vida que se mide con la vida de Dios, debemos dar alimento puro a la mente. No debería perderse el tiempo que podría haberse usado en buena manera.- Ms 15, 1898.

Los estudiantes aprenden a obedecer a Dios.
Veo que debe  trabajarse en favor de un gran concepto en nuestras escuelas, que debe lograrse bajo la conducción divina. Pero la gran lección que deben aprender los estudiantes es buscar con todo su corazón, con toda su mente y con todas sus fuerzas el conocer a Dios y el obedecerle sin reservas. La ciencia de la salvación del alma humana es la primera lección de la vida. Ningún estudio literario o educación de los libros ha de ser supremo. Pero conocer a Dios y a Jesucristo, a quien El ha enviado, es vida eterna.

Lleven los alumnos el amor y el temor de Dios consigo a su vida escolar. Esta es la sabiduría más preciosa que la que pueden expresar las palabras. Conectados con Dios, podrá decirse de ellos lo que se dijo de Daniel, que Dios le dio sabiduría y conocimiento en todos los misterios. Aprender es bueno. La sabiduría de Salomón es deseable; pero la sabiduría de alguien que es mayor que Salomón es mucho más deseable y esencial. Por medio del aprendizaje en nuestras escuelas no podemos alcanzar a Cristo, pero gracias a El podemos alcanzar el extremo superior de la escalera de la ciencia; porque la palabra de la inspiración dice:"Vosotros estáis completos en él" (Colosenses 2: 10). Nuestra primera preocupación es ver y reconocer a Dios, y entonces él dirigirá nuestro sendero.- Carta 120, 1896.

(Mente, Carácter y Personalidad 1 de E.G. de White)

VIII PRINCIPIOS GUIADORES EN LA EDUCACIÓN 36. “Principios De Motivación”


El éxito requiere una meta.
El éxito en cualquier actividad requiere una meta definida. El que desea lograr verdadero éxito en la vida debe mantener constantemente en vista esa meta digna de su esfuerzo. -Ed 262 (1903).
Apuntar tan alto como sea posible.
El lugar definido señalado para nosotros en la vida lo determinan nuestras aptitudes. No todos alcanzan el mismo desarrollo, ni hacen con igual eficiencia el mismo trabajo. Dios no espera que el hisopo adquiera las proporciones del cedro, ni que el olivo alcance la altura de la majestuosa palmera. Pero todos deberíamos aspirar a la altura a que la unión del poder humano con el divino nos permita alcanzar. -Ed 267 (1903).

Los estudiantes han de tener una meta real.
Enseñe a los estudiantes a usar para los propósitos más elevados y santos los talentos que Dios les ha dado, para que puedan realizar el mayor bien posible en este mundo. Los estudiantes necesitan aprender lo que significa tener una meta real en la vida, y a obtener una comprensión exaltada de lo que significa la verdadera educación. -SpT Serie B, No. 11, pág. 16, 14 de nov. de 1905.

Cristo estimula a tener blancos elevados.
Quisiera estimular nuestros más elevados blancos, asegurar nuestro más selecto tesoro. -PVGM 308 (ed PP); 264 (ed ACES) (1900).

Dejar de alcanzar el potencial de uno.
Muchos no llegan a ser lo que debieran porque no emplean el poder que hay en ellos. No echan mano, como deberían hacerlo, de la fuerza divina. Muchos se desvían de la actividad en la cual alcanzarían verdadero éxito. En procura de más honores, o de una tarea más agradable, intentan algo para lo cual no están preparados. Más de un hombre cuyos talentos se adaptan a una vocación determinada, desea ser profesional; y el que hubiera tenido éxito como agricultor, artesano o enfermero, ocupa inadecuadamente el puesto de pastor, abogado o médico. Hay otros que debieran haber ocupado un puesto de responsabilidad, pero por falta de energía, aplicación o perseverancia, se contentan con un puesto más fácil. -Ed 267 (1903).

Grandes posibilidades en la vida.
Y en cuanto a las posibilidades de la vida, ¿quién es capaz de decidir cuál es grande y cuál pequeña? ¡Cuántos obreros que ocupan lugares humildes en la vida, al crear factores de bendición para el mundo, han logrado resultados que los reyes envidiarían! -Ed 266 (1903).

"Algo mejor" -la ley de la verdadera vida-.
"Algo, mejor", es el santo y seña de la educación, la ley de toda vida verdadera. Al pedirnos Cristo que abandonemos alguna cosa, nos ofrece en su lugar otra mejor. A menudo los jóvenes albergan propósitos y anhelan ocupaciones y placeres que no parecen malos, pero que distan mucho de ser buenos. Desvían la vida de su más noble propósito. Las medidas arbitrarias o la acusación directa pueden no servir para inducir a esos jóvenes a renunciar a lo que desean. Diríjaseles a algo mejor que la ostentación, la  ambición o la complacencia. Póngaselos en contacto con una belleza más verdadera, con principios más elevados y con vidas más nobles. Permítaseles ver a Aquel que es "del todo amable".

Una vez que la mirada se fija en él, la vida halla su centro. El entusiasmo, la devoción generosa, el ardor apasionado de la juventud hallan en esto su verdadero objeto. El deber llega a ser un deleite y el sacrificio un placer. Honrar a Cristo, asemejarse a él, es la ambición superior de la vida, y su mayor gozo. -Ed 296, 297 (1903).

Desarrollar las motivaciones más elevadas para progresar.
Los que se están, preparando para ser médicos y enfermeros deberían recibir una instrucción diaria que desarrollará las motivaciones más elevadas para el progreso. Deberían asistir a nuestros colegios y escuelas de preparación; y los maestros de estas instituciones de enseñanza deberían percibir su responsabilidad de trabajar y orar con los estudiantes. En estas escuelas, los estudiantes deberían aprender a ser verdaderos misioneros médicos, firmemente unidos al ministerio evangélico. -SpT Serie B, No. 11, pág. 12, 14 de nov. de 1905.

La falta de metas del hombre insensato.
Los ideales de este hombre no eran más elevados que los de las bestias que perecen. Vivía como si no hubiese Dios, ni cielo, ni vida futura; como si todo lo que poseía fuese suyo propio, y no debiese nada a Dios ni al hombre. El salmista describió a este hombre rico cuando declaró: "Dijo el necio en su corazón: No hay Dios". -PVGM 202 (ed PP); 176 (ed ACES) (1900).

Una vida sin metas es una muerte viviente.
Una vida sin metas es una muerte viviente. La mente debería espaciarse en temas relacionados con nuestros intereses eternos. Esto favorecerá la salud del cuerpo y de la mente.
-RH, 29 -de julio de 1884; CH 51., 

Los hongos se arraigan en la falta de metas.
Una de las principales causas de la ineficacia mental y la debilidad moral es la falta de concentración para lograr fines importantes. Nos enorgullecemos de la vasta difusión de las publicaciones, pero esa gran cantidad de libros -aun de los que en sí mismos no son perjudiciales- puede ser definidamente dañina...

Gran parte de los periódicos y libros que, como las ranas de Egipto, se esparcen por la tierra, no son solamente vulgares, inútiles y debilitantes, sino que corrompen y destruyen el alma.

La mente y el corazón indolentes, que no tienen propósito definido, son fácil presa del maligno. El hongo se arraiga en organismos enfermos, sin vida. Satanás instala su taller en la mente ociosa. Diríjase la mente a ideales elevados y santos, dése a la vida un propósito noble, absorbente, y el enemigo hallará poco terreno para afirmarse. -Ed 189, 190 (1903).

La falta de metas predispone a la intemperancia.
A fin de llegar a la raíz de la intemperancia, debemos ir más allá del uso del alcohol o el tabaco. La ociosidad, la falta de ideales, las malas compañías, pueden ser las causas que predisponen a la intemperancia.  -Ed 202, 203 (1903).

Pocos males deben ser más temidos.
Pocos males deben ser más temidos que la indolencia y la falta de propósito. Sin embargo, la tendencia de la mayor parte de los deportes atléticos es causa de preocupación para los que se interesan en el bienestar de la juventud. . . Estimulan el amor al placer y a la excitación, fomentan la antipatía hacia el trabajo útil, y desarrollan una disposición a evitar las responsabilidades y deberes prácticos. Tienden a destruir el gusto por las realidades serias de la vida y sus apacibles satisfacciones. Así se abre la puerta a la disipación y a la ilegalidad, con sus terribles resultados.- Ed 210, 211 (1903).

Ninguno ha de vivir sin metas.
Todos deben ministrar. El [el que ministra] debe usar cada facultad física, moral y mental por medio de la santificación del Espíritu para que pueda colaborar con Dios. Todos están moralmente obligados a dedicarse activamente y sin reservas al servicio de Dios. Deben cooperar con Jesucristo en la gran obra de ayudar a otros. Cristo murió por cada ser humano. Ha rescatado a cada uno dando su vida en la cruz. Hizo esto para que el hombre no viviera una vida egoísta y sin objeto, sino para que pudiera vivir para Jesucristo quien murió por su salvación. No todos están llamados a entrar en el ministerio, y sin embargo deben ministrar a otros. Es un insulto para el Espíritu Santo de Dios el que alguien prefiera una vida de complacencia propia. -Carta 10, 1897; 4CBA 1181.

Deben cultivarse los motivos correctos.
Los verdaderos motivos del servicio han de ser mantenidos ante ancianos y jóvenes. Se debe enseñar a los estudiantes de tal manera que se desarrollen como hombres y mujeres útiles. Se ha de emplear todo medio que los eleve y ennoblezca. Se les ha de enseñar a usar de la mejor manera posible sus facultades. Los poderes físicos y mentales deben ser ejercitados por igual. Se deben cultivar hábitos de orden y disciplina. Ha de mantenerse ante los estudiantes el poder que ejerce una vida pura y fiel. Esto les ayudará en la preparación para el servicio útil. Diariamente crecerán más puros y fuertes, mejor preparados mediante la gracia de Dios y el estudio de su Palabra para realizar esfuerzos agresivos contra el mal. -RH, 22 de agosto de 1912; FE 543.
Los actos revelan las motivaciones.
Los actos revelan los principios y las motivaciones. Muchos que pretenden ser plantas en la viña del Señor llevan frutos que muestran que son sólo espinos y zarzas. Una iglesia entera puede aprobar la conducta equivocada de algunos de sus miembros, pero esa sanción no demuestra que el error sea correcto.  No se pueden transformar en uvas los frutos de las zarzas. -5T 103 (1882).

Se juzgarán los motivos, no las apariencias.
Es un deber importante para todos familiarizarse con el tenor de su conducta diaria y con los motivos que impulsan sus actos. Necesitan conocer los motivos específicos que impulsan los actos específicos. Cada hecho de su vida es juzgado, no por su apariencia externa, sino por los motivos que dictan ese acto. -3T 507 (1875).

Los seguidores de Cristo encuentran nuevas motivaciones.
Ninguna ciencia equivale a la que desarrolla el carácter de Dios en la vida del estudiante. Los que llegan a ser discípulos de Cristo encuentran que se les proporcionan nuevos motivos de acción y que adquieren nuevos pensamientos, de los que deben resultar nuevas acciones. Pero los tales pueden progresar únicamente por medio de conflictos; porque hay un enemigo que contiende si contra ellos, presentándoles tentaciones que hacen el alma dude y peque. Hay tendencias al mal, hereditarias y cultivadas, que deben ser vencidas. El apetito y la pasión han de ser puestos bajo el dominio del Espíritu Santo. No tiene término la lucha de este lado de la eternidad. Pero, aunque hay que sostener batallas constantes, también hay preciosas victorias que ganar; y el triunfo sobre el yo y el pecado es de más valor de lo que la mente puede estimar. -CM 21 (ed PP); 20 (ed ACES) (1913).

Dos poderes motivadores contrarios.
La Biblia es su propio intérprete. Debe compararse texto con texto. El estudiante debería aprender a considerar la Biblia como un todo y a ver la relación que existe entre sus partes. Debería adquirir el conocimiento de su gran tema central, del propósito original de Dios hacia el mundo, del comienzo de la gran controversia y de la obra de la redención. Debería comprender la naturaleza de los dos principios que luchan por la 355 supremacía, y aprender a rastrear su obra a través de las crónicas de la historia y la profecía, hasta la gran culminación. Debería verificar cómo interviene este conflicto en todos los aspectos de la vida humana; cómo en su mismo caso cada acto de su vida revela uno u otro de esos dos motivos antagónicos; y cómo, consciente o inconscientemente, ahora mismo está decidiendo en qué lado de la contienda se va a encontrar. -Ed 190 (1903).

Todo acto tiene un carácter doble.
Todo curso de acción tiene un doble carácter e importancia. Es virtuoso o malo, correcto o erróneo, de acuerdo con el motivo que lo impela. La frecuente repetición de un hábito erróneo deja una impresión permanente en la mente del que lo ejecuta y también en la mente de los que están relacionados con él en alguna manera, ya sea espiritual o temporal. Los padres o maestros que no prestan atención a las pequeñas acciones que no son correctas, establecen esos hábitos en los jóvenes. -RH, 17 de mayo de 1898; CN 186, 187.
Los actos derivan su valor de los motivos.
Cada acto deriva su valor del motivo que lo impulsa, y si los motivos no son elevados, puros y abnegados, la mente y el carácter nunca serán bien equilibrados. . .-YI, 7 de abril de 1898; HHD 173.

Los motivos dan carácter a las acciones.
Es el motivo lo que da carácter a nuestros actos, marcándolos con ignominia o con alto valor moral. No son las cosas grandes que todo ojo ve y que toda lengua alaba lo que Dios tiene por más precioso. Los pequeños deberes cumplidos alegremente, los pequeños donativos dados sin ostentación, y que a los ojos humanos pueden parecer sin valor, se destacan con frecuencia más altamente a su vista. Un corazón lleno de fe y de amor es más apreciable para Dios que el don más costoso. La pobre viuda dio lo que necesitaba para vivir al dar lo poco que dio. Se privó de alimento para entregar esas dos  blancas a la causa que amaba. Y lo hizo con fe, creyendo que su Padre celestial no pasaría por alto su gran necesidad. Fue este espíritu abnegado y esta fe infantil lo que mereció el elogio del Salvador. -DTG 567 (1898).

Dios revela los motivos.
Dios guía a su pueblo hacia adelante, paso a paso. Lo pone en posiciones calculadas para manifestar los motivos del corazón. Algunos permanecen firmes en un punto, pero fallan en el punto siguiente. En cada paso dado hacia adelante el corazón es probado y vuelto a probar una vez más. Si la gente encuentra que su corazón se opone a la recta obra de Dios debiera convencerse de que tiene una obra que hacer para vencer, o bien serán rechazados finalmente por el Señor. -RH, 8 de abril de 1880; NEV 164.

Nuestros motivos secretos deciden el destino.
Nuestros actos, nuestras palabras, hasta nuestros más secretos motivos, todo tiene su peso en la decisión de nuestro destino para dicha o desdicha. Podremos olvidarlos, pero no por eso dejarán de testificar en nuestro favor o contra nosotros. -CS 540, 541 (1911).

Dios estima a los hombres por la pureza de sus motivos.
No estima Dios a los hombres por su fortuna, su educación o su posición social. Los aprecia por la pureza de sus móviles y la belleza de su carácter. Se fija en qué medida poseen el Espíritu Santo, y en el grado de semejanza de su vida con la divina. Ser grande en el reino de Dios es ser como un niño en humildad, en fe sencilla y en pureza de amor.-MC 379 (1905).

Dios juzga por los motivos.
Hay mucho en la conducta de un ministro que él puede mejorar. Muchos ven y sienten su necesidad, pero parecen ignorar la influencia que ejercen. Son conscientes de sus actos mientras los realizan, pero  los dejan escapar de su memoria, y por lo tanto no se reforman. Si los ministros repasaran cuidadosa y deliberadamente sus actos de cada día, con el objeto de familiarizarse con sus propios hábitos de vida, se conocerían mejor a sí mismos. Mediante un cuidadoso escrutinio de su vida diaria bajo todas las circunstancias, conocerían sus propios motivos, los principios que los impulsan. Este repaso diario de nuestros actos, para ver si la conciencia los aprueba o los condena, lo necesitan hacer todos los que deseen llegar a la perfección del carácter cristiano.

Se descubrirá que muchos actos que pasan como buenas obras, aun actos de benevolencia, cuando se los investiga con cuidado, son impulsados por motivos equivocados. Muchos reciben aplausos por virtudes que no poseen. El Investigador de los corazones inspecciona los motivos, y a menudo los hechos que son muy aplaudidos por los hombres son registrados por El como procedentes de motivos egoístas y baja hipocresía. Cada acto de nuestra vida, sea excelente y digno de alabanza o sea merecedor de censura, es juzgado por el Investigador de los corazones de acuerdo con los motivos que lo impulsaron. -2T 511, 512 (1870).

A veces es difícil discernir los motivos.
En medio de los cuidados de una vida activa a veces es difícil discernir nuestros propios motivos, pero se hace un progreso diario ya sea hacia el mal o hacia el bien. -5T 420 (1889).

La verdadera conversión cambia los motivos.
La verdadera conversión es un cambio decidido de sentimientos y motivos; es una separación de las conexiones mundanas, un alejamiento de su atmósfera espiritual, un retiro del poder que controla sus pensamientos, opiniones e influencias. -5T 82, 83 (1889).

Los grandes poderes motivadores.
Las grandes fuerzas motrices del alma son la fe, la esperanza y el amor; y a ellas  se dirige el estudio de la Biblia, hecho debidamente. La hermosura exterior de las Escrituras, la belleza de las imágenes y la expresión, no es sino el engarce, por así decirlo, de su verdadera joya: La belleza de la santidad. En la historia que ofrece de los hombres que anduvieron con Dios, podemos ver fulgores de su gloria. En el que es "del todo amable" contemplamos a Aquel de quien toda la belleza del cielo y de la tierra no es más que un pálido reflejo. "Y yo, si fuere levantado de la tierra -dijo-, a todos atraeré a mí mismo"(Juan 12: 32).-Ed 192 (1903).

(Mente, Carácter y Personalidad 1 de E.G. de White)